Search

Hablemos sobre la pena de muerte

Autor
Categoría
√Čtica
Pol√≠ticas P√ļblicas
Fecha de Publicación
2018/05/07
Temas
6 more properties
A principios de 2018, los medios contaron el terrible caso de la peque√Īa Sophia, quien result√≥ muerta por la pareja de su madre. Y a fines de abril se revel√≥ la historia de √Āmbar, una beb√© de un a√Īo y siete meses que fue violada por la pareja de su cuidadora y falleci√≥ en el hospital.
A nadie ha dejado indiferente la crueldad de estos delitos, sobre todo porque las v√≠ctimas ten√≠an menos de dos a√Īos. Cada vez que ocurren hechos similares resucita una discusi√≥n que parec√≠a haberse zanjado en la d√©cada de 1990: la pertinencia de que exista la pena de muerte. En redes sociales, oficinas, transporte p√ļblico o incluso en nuestros hogares se ha instalado este tema, tanto as√≠ que en los cuarteles de Etilmercurio nos preguntamos cu√°l es la evidencia que la respalda.
¬ŅDa pena la pena de muerte? Para muchas personas parece que no, pues se han mostrado abiertamente a favor de restituirla en nuestro C√≥digo Penal. Eso nos lleva a pensar, ¬Ņqu√© es exactamente la pena de muerte? ¬ŅC√≥mo opera? Bueno, obvio que provocando la muerte, pero... ¬Ņadem√°s de eso? Y, m√°s importante a√ļn, ¬Ņes √ļtil en la prevenci√≥n del delito?
¬ęPena¬Ľ no significa ¬ętristeza¬Ľ en el lenguaje de esos extra√Īos seres conocidos como ¬ęabogados¬Ľ. La pena es la sanci√≥n que usa el Estado como reacci√≥n ante un delito. Es decir, la pena de muerte ser√≠a la sanci√≥n m√°s extrema por parte del Estado y, por ende, se deber√≠a aplicar ante cr√≠menes especialmente deplorables (como asesinato, violaci√≥n, cantar canciones de Arjona, etc.).
La idea que predomina tras la existencia ‚ÄĒy mantenci√≥n en muchos casos‚ÄĒ de esta pena es que una sanci√≥n particularmente severa servir√≠a como disuasivo para que las personas se la piensen dos veces antes de cometer cr√≠menes atroces (como servir guatitas con cochayuyo a la hora de almuerzo).
Sin embargo, en derecho tambi√©n se habla del ¬ęretribucionismo¬Ľ (1) como forma de justificar una pena. El retribucionismo es, en t√©rminos simples, hacer justicia retribuyendo el mal con un mal (el llamado ¬ęojo por ojo¬Ľ u ¬ęojo al cuadrado¬Ľ). ¬ę¬ŅRobaste? ¬°Z√°s! ¬°Dile chao a tu mano!¬Ľ. En el retribucionismo, la pena es una forma de ¬ęequilibrar¬Ľ el mal causado, es un fin en s√≠ misma.
Las discusiones morales y filosóficas sobre la retribución no son una materia que abordaremos aquí. Pero lo que sí queremos explorar es la idea de que la pena de muerte sirve para prevenir los crímenes más abominables.
¬ŅEs eso cierto? ¬ŅPodremos evitar asesinatos y violaciones de ni√Īos y ni√Īas a futuro si matamos a toda persona que cometa esos delitos? ¬ŅSer√≠a como una especie de Minority Report, pero r√ļstico?

Un poco de contexto sobre la pena de muerte

Con la Declaración Universal de los Derechos Humanos y la constitución de las Naciones Unidas, los países miembros de esta organización determinaron que la pena de muerte vulnera dos derechos fundamentales: el derecho a la vida y el derecho a no sufrir tortura. Sí, es cierto que una persona que asesina o tortura a otra también los vulnera, pero quien debe proteger los derechos humanos en todo momento son las instituciones. Es decir, el Estado no puede vulnerar un derecho humano solo porque una persona lo haya hecho.
Aunque estos argumentos no han convencido a todo el mundo, sí marcaron una tendencia a la abolición de la pena de muerte. Actualmente, más de 160 países miembros, con una gran diversidad de sistemas legales, tradiciones, religiones y culturas, han abolido la pena de muerte o no la practican (2).
Chile es uno de esos pa√≠ses: aunque t√©cnicamente la pena de muerte existi√≥ hasta el a√Īo 2002 en el C√≥digo Penal y en la Ley Org√°nica de la Polic√≠a de Investigaciones (3), la conmutaci√≥n a presidio perpetuo a trav√©s de indultos presidenciales era muy com√ļn. Uno de los √ļltimos de ellos fue a Cupertino Andaur, quien fue indultado por el expresidente Eduardo Frei en 1996. ¬ęSolo dios da la vida, solo dios puede quitarla¬Ľ, dijo el entonces presidente Frei luego de indultar a Andaur. Si bien no fue el argumento m√°s leguleyo o cient√≠fico, s√≠ abri√≥ la puerta para comenzar a discutir cu√°l deb√≠a ser la condena penal m√°xima.
Fue as√≠ como en mayo del a√Īo 2002 se public√≥ en el Diario Oficial de la Rep√ļblica la ley que deroga la pena de muerte y la reemplaza por la pena de presidio perpetuo calificado, lo que se traduce en 40 a√Īos en la c√°rcel sin derecho a beneficios penales ni indultos. Un a√Īo antes, Chile firm√≥ el Segundo Protocolo Facultativo del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Pol√≠ticos de las Naciones Unidas, destinado espec√≠ficamente a la abolici√≥n de la pena de muerte en el mundo y ratific√≥ su participaci√≥n el a√Īo 2008. A la fecha, el Protocolo cuenta con 85 participantes y 36 signatarios (2).
Seg√ļn los datos que maneja Amnist√≠a Internacional (4), son m√°s de 100 (s√≠, nos dimos cuenta de que hay una discordancia con la cifra que le dimos hace tres p√°rrafos pero... ¬Ņqui√©nes somos para ponernos a discutir con nuestras fuentes?) los pa√≠ses que han abolido la pena de muerte al a√Īo 2017 (consideremos que en 1977 solo 16 lo hab√≠an hecho). Se trata, por lo tanto, de una condena en retirada a nivel mundial: solo 4 pa√≠ses componen el 87% del total de las ejecuciones realizadas el 2016 (Ir√°n, Arabia Saud√≠, Irak y Pakist√°n) y se registraron ejecuciones en 23 pa√≠ses ese mismo a√Īo.
Tambi√©n debemos considerar que en la actualidad hay 58 pa√≠ses donde la pena de muerte es legal y se ha utilizado como condena en los √ļltimos 10 a√Īos. Esto significa que, para el 2016, menos de la mitad de los pa√≠ses donde existe esta condena en efecto la utilizaron.
Como nota al margen, le contamos que en China tambi√©n hay pena de muerte y se sospecha que, anualmente, la justicia china ejecuta a miles de personas. Sin embargo, ese pa√≠s se ha negado a hacer p√ļblicas sus cifras (4).
As√≠, aunque hay una baja tanto de los pa√≠ses que cuentan con esta condena como de las ejecuciones a nivel mundial, m√°s de 1.032 personas fueron ejecutadas el a√Īo 2016 y se registraron 3.117 condenas a muerte (4) (n√ļmeros que, como explicamos, no consideran la Rep√ļblica Popular China).

Ya, ¬Ņpero funciona o no funciona?

La discusi√≥n en torno a la pena de muerte siempre est√° permeado por conceptos morales, religiosos y val√≥ricos, pero tambi√©n sociol√≥gicos, pol√≠ticos y legislativos. Tratando de dejar los primeros argumentos al nivel de la √©tica y filosof√≠a personal, lo que en los cuarteles de Etilmercurio nos preguntamos es ¬Ņsirve la pena de muerte para reducir el n√ļmero de cr√≠menes violentos? ¬ŅCambiar√≠a en algo las cosas si se reestableciera, o ser√≠a solo una forma de revancha? ¬ŅPodemos reemplazarla por otro tipo de condenas?
Quiz√°s debamos empezar recordando que en Chile las c√°rceles no son hoteles cinco estrellas (5) y pasar un tiempo en ellas significa a veces una condena a muerte. Emblem√°ticos son el incendio de la c√°rcel de Iquique, en 2001 (donde fallecieron 26 j√≥venes de entre 18 y 27 a√Īos, primerizos, procesados sin condena y hasta inocentes) o el incendio de la c√°rcel de San Miguel, donde fallecieron 81 personas (uno de ellos era un joven de 22 a√Īos condenado por vender pel√≠culas pirata).
Pero volvamos a nuestro tema. En el marco del 13¬ļ Congreso sobre Justicia Penal y Prevenci√≥n del Delito del a√Īo 2015, Iv√°n Simonovic, subsecretario general de Naciones Unidas para los Derechos Humanos fue enf√°tico en decir que ¬ęno hay evidencia cient√≠fica de que la pena de muerte desaliente la comisi√≥n de cr√≠menes de manera m√°s efectiva que las condenas largas o perpetuas sin derecho a libertad condicional¬Ľ.
Guau. Un poquito extremo, ¬Ņno? Pero si yo tengo miedo de que me maten, ¬Ņno deber√≠a reducir eso mis ganas de matar y violar? (porque claro, todos nos conocemos perfectamente el C√≥digo Penal y sabemos qu√© condena corresponde a cada crimen).
Uno de los países donde se han hecho más estudios sobre la efectividad de la pena de muerte es Estados Unidos. Y, de hecho, Estados Unidos es un caso especial, porque al interior del mismo país hay Estados con o sin pena de muerte, o Estados con pena de muerte que no la aplican en la práctica.
Las estad√≠sticas de este pa√≠s muestran que, desde 1976, 1.468 personas han sido ejecutadas, con un peak en el a√Īo 1999 (98 ejecutados) (6) siendo Texas, Virginia, Oklahoma, Missouri y Florida los Estados m√°s activos en la otorgaci√≥n de esta pena (7). Sin embargo, las cifras muestran que la tasa de asesinatos en Estados sin pena de muerte es menor que en los Estados donde s√≠ existe este castigo.
¬°No tan r√°pido, cerebrito! ¬ŅEntonces las personas matan menos a otras personas cuando no hay pena de muerte?
Alguien podr√≠a decir ¬ęcorrelaci√≥n no implica causalidad¬Ľ y probablemente tendr√≠a raz√≥n. Un reporte realizado en 2012 por el National Research Council of the National Academies sobre m√°s de 30 a√Īos de estudios que afirman que la pena de muerte es un disuasivo para el homicidio, descubri√≥ que todos estos estudios tienen fallas fundamentales. Es decir, estos estudios concluyen que la pena de muerte reduce el crimen, pero utilizando metodolog√≠as incorrectas o modelos poco plausibles (8). Es m√°s: se ha descubierto que, usando los mismos datos de estos estudios, pero con la metodolog√≠a correcta, se puede llegar a la conclusi√≥n contraria: que la pena de muerte aumenta el n√ļmero de asesinatos (9). Esto nos demuestra lo complejo que resulta trabajar con datos estad√≠sticos y todo el cuidado que debe tener un equipo de investigaci√≥n antes de sacar conclusiones... Sobre todo si esas conclusiones concuerdan con sus prejuicios.
De vuelta a lo nuestro: si, en el mejor de los casos, la pena de muerte no afecta el √≠ndice de asesinatos, ¬Ņpara qu√© servir√≠a entonces? Dos autores (10) se dedicaron a realizar una extensa revisi√≥n sobre los estudios al respecto. Para la sorpresa de pocos, lo que descubrieron es que no hay pruebas de que la existencia de la pena de muerte tenga alg√ļn efecto en el aumento o la disminuci√≥n de las tasas de homicidio. Es decir, tener o no tener esa condena es cero aporte para reducir los asesinatos.
Esto puede deberse a varios factores, pero uno de ellos puede ser las caracter√≠sticas psicol√≥gicas de las personas condenadas a muerte. Muchas de ellas son asesinos seriales, violadores seriales y torturadores. Los estudios sobre este tipo de personas demuestran que suelen actuar impulsados por trastornos psicol√≥gicos (11) (pensemos, por ejemplo, en Charles Manson). En estos casos, ser√≠a dif√≠cil que la pena de muerte (o cualquier otra) tenga un car√°cter disuasivo en ellos. Por lo tanto, aqu√≠ la condena buscar√≠a evitar que la persona siga provocando da√Īos, adem√°s de darle una oportunidad al Estado para implementar un programa de reinserci√≥n social.
Por otra parte, muchos estudios han demostrado que existe una tendencia a reproducir prejuicios racistas en las condenas a muerte. En Estados Unidos, eso implica que las personas de piel negra son juzgadas con mayor severidad y suelen recibir en mayor medida las condenas a muerte (12).
Finalmente, y no menos importante, siempre existe el riesgo de condenar a muerte a una persona inocente. El problema es que conocer la cifra de inocentes condenados a muerte es algo muy dif√≠cil (porque si se demostrara su inocencia, no habr√≠an sido condenados). Sin embargo, hay estudios que proyectan los casos de personas condenadas a muerte que, mientras esperan la ejecuci√≥n, son reprocesadas y se determina su inocencia. Seg√ļn estas estimaciones, si todas las personas condenadas a muerte estuvieran durante un tiempo indeterminado esperando su ejecuci√≥n, al menos un 4,1% ser√≠an exoneradas (y esto ser√≠a una cifra conservadora) (13).
De hecho, el peligro de condenar a inocentes ha impulsado a organizaciones como la estadounidense Innocence Project. Usando tests de ADN, Innocence Project ha conseguido exonerar a centenares de personas inocentes (algunas de ellas condenadas a muerte) y muchas veces encontrar al verdadero culpable.
En resumen, y sin importar lo que digan ciertos columnistas, no hay pruebas del llamado ¬ęefecto disuasivo¬Ľ de la condena a muerte. Y, peor a√ļn, siempre existe el riesgo de aplicarla a la persona equivocada, por lo que se estar√≠a cometiendo un doble da√Īo: el culpable seguir√≠a libre y habr√≠amos matado a un inocente.
Entonces, ¬Ņpor qu√© querr√≠amos traerla de vuelta a nuestra legislaci√≥n? ¬ŅSimplemente por un af√°n de venganza?
Por supuesto, no nos toca a nosotros tomar esa decisión. Lo que sí deseamos es que cualquier discusión en torno a la pena de muerte considere la evidencia que existe. Y que, si queremos reponerla, no lo hagamos creyendo que reducirá las violaciones y asesinatos, sino simplemente porque queremos mostrarnos rudos y severos con la delincuencia.
El peligro est√° en que, una vez repuesta, nos quedemos bien tranquilos, satisfechos por haber cumplido con nuestro af√°n de ¬ęmatar al villano¬Ľ y nos olvidemos de implementar estrategias que de verdad puedan reducir los cr√≠menes violentos.
Ese sería el verdadero crimen.

Referencias

1.
Dur√°n Migliardi M. (2011). ¬ęTeor√≠as absolutas de la pena: origen y fundamentos¬Ľ. Revista de Filosof√≠a Volumen 67, (2011) 123 - 144. Disponible¬†Ac√°
2.
Office of the High Commissioner, United Nations Human Rights (consultado el 07/02/2018). ‚ÄúDeath Penalty‚ÄĚ. Disponible¬†Aqu√≠
3.
Biblioteca del Congreso Nacional (2002). Historia de la Ley N¬ļ 19.804: Deroga pena de muerte en los textos legales que indica. Disponible Ac√°
4.
Informe Global de Amnistía Internacional. Condenas a muerte y ejecuciones 2016. Disponible en https://www.amnesty.org/es/what-we-do/death-penalty/
5.
Instituto Nacional de Derechos Humanos (2013). Estudio de las condiciones carcelarias en Chile. Disponible aquí.
6.
Death Penalty Information Center (consultado 12/02/2018). Disponible en: https://deathpenaltyinfo.org/documents/FactSheet.pdf
7.
Phillips, Scott (2008) ¬ęRacial Disparities in the Capital of Capital Punishment¬Ľ. Disponible Ac√°
8.
Death Penalty Information Center. Discussion of Recent Deterrence Studies. Disponible Ac√°
9.
Donohue, J. J. and Wolfers, J. (2006). The Death Penalty: No Evidence for Deterrence. En The Economists' Voice, abril 2006. Disponible en https://deathpenaltyinfo.org/files/pdf/DonohueDeter.pdf
10.
Nagin, Daniel y Pepper, John ed. ¬ęDeterrence and the Death Penalty¬Ľ. Disponible en Ac√°
11.
Cuquerella Fuentes, A. (2004). Asesinos en serie. Clasificaci√≥n y aspectos m√©dico-forenses. √ĀC Fuentes - Estudios jur√≠dicos, 2004. Disponible aqu√≠.
12.
Schweizer, J. (2013). Racial disparity in capital punishment and its impact on family members of capital defendants. J Evid Based Soc Work. 2013;10(2):91-9. doi: 10.1080/15433714.2011.581549.
13.
Gross, S. R., O’Brien, B., Hu, C. y Kennedy, E. H. (2014). Rate of false conviction of criminal defendants who are sentenced to death. PNAS May 20, 2014. 111 (20) 7230-7235. Disponible en http://www.pnas.org/content/111/20/7230.short

Otros artículos relacionados