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Voces de Chernóbil: el horror de la ignorancia

Autor
Categoría
Arteimerosal
Fecha de Publicación
2016/10/17
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Hacia el mediod√≠a, la cosa est√° clara. Sobre todo Minsk se cierne una nube radiactiva. Establecimos que la actividad era y√≥dica. Es decir, la aver√≠a se hab√≠a producido en alg√ļn reactor.
La primera reacci√≥n fue llamar a mi mujer a casa y avisarle. Pero todos nuestros tel√©fonos del instituto est√°n pinchados. ¬°Oh, este eterno miedo! Un miedo que te han metido durante decenios. Aunque esta gente de all√≠ a√ļn no sabe nada. Mi hija se va a pasear con sus amigas por la ciudad despu√©s de sus clases en el conservatorio. Comen helados. [...]
‚ÄĒEsc√ļchame con atenci√≥n.
‚ÄĒ¬ŅDe qu√© me hablas? ‚ÄĒme pregunt√≥ en voz alta mi mujer.
‚ÄĒM√°s bajo. Cierra las ventanas; mete todos los alimentos en bolsas de pl√°stico. Ponte guantes de goma y p√°sale un trapo h√ļmedo a todo lo que puedas. El trapo tambi√©n lo metes en una bolsa y lo tiras cuanto m√°s lejos mejor. La ropa tendida, ponla de nuevo a lavar. No compres m√°s pan. Y nada de pastelillos en la calle.
‚ÄĒ¬ŅQu√© os ha pasado?
‚ÄĒM√°s bajo. Disuelve dos gotas de yodo en un vaso de agua. L√°vate la cabeza.
‚ÄĒ¬ŅQu√©?
Pero yo no la dejo acabar y cuelgo. Ya se hará cargo; también ella trabaja en nuestro instituto.
S. Alexiévich, Voces de Chernóbil, Santiago de Chile: Debate, pp. 304-305
Este es uno de los testimonios recabados por la Premio Nobel de Literatura Svetlana Alexiévich en Voces de Chernóbil: crónica del futuro. No es el más impactante, pero sí uno de los que da cuenta de otra dimensión del desastre de Chernóbil: el analfabetismo científico.
El analfabetismo científico no significa sólo una mala educación en ciencias. También significa, por ejemplo, que la ciencia y la comunidad científica estén sometidas a una autoridad jerárquica, como lo era el poder político de la Unión Soviética. Una jerarquía, además, altamente militarizada.
La comunidad científica, no obstante, no responde a las jerarquías. No hay dioses ni diosas en la ciencia: da igual que Newton desarrollara el cálculo diferencial y la ley de gravitación universal. Einstein lo consideraba un igual y, por lo tanto, pudo cuestionar sus conclusiones a la luz de la evidencia existente, para construir nuevos paradigmas que se ajustaran mejor a ésta.
Pero esta visi√≥n era incompatible con la estructura social y pol√≠tica de la Uni√≥n Sovi√©tica. Y es por ello que, tal como lo relata Alexi√©vich, la ciencia no encontraba apoyo en las c√ļpulas de poder para evacuar ciudades, repartir comida no contaminada y ense√Īar a la poblaci√≥n a protegerse de la radiactividad.
El miedo al caos era m√°s fuerte que el miedo a la muerte.

Un peligro invisible

Bielorrusia es probablemente la naci√≥n m√°s afectada por el accidente de Chern√≥bil, aunque nunca ha tenido una central nuclear en su territorio. Su poblaci√≥n es principalmente rural y, en los a√Īos 1990, un 20% de su gente a√ļn habitaba en √°reas contaminadas.
La radiaci√≥n es invisible, inodora, impalpable. Se acumula en el metal, en la ropa, en los alimentos, en la tierra, en los seres vivos. Destruye tejidos, provoca tumores y no, no da ning√ļn superpoder (buh). El accidente de Chern√≥bil ocurri√≥ durante una hermosa primavera en la Uni√≥n Sovi√©tica, cuando los bosques estaban m√°s verdes, las flores salpicaban de colores los prados y las cosechas eran generosas.
Todo eso ¬ęard√≠a¬Ľ de radiaci√≥n. Y la gente no era consciente de ello.
No era s√≥lo que los cient√≠ficos se sent√≠an vigilados por la polic√≠a secreta y las autoridades pol√≠ticas (que buscaba minimizar los hechos para ¬ęno causar p√°nico¬Ľ): incluso si les advert√≠an del peligro (¬ęno beban leche, no coman carne, no coman sus manzanas ni sus cereales...¬Ľ), los hombres y mujeres del campo no lo entend√≠an. ¬ŅC√≥mo pod√≠an ser venenosas esas papas espl√©ndidas que acababan de cosechar? ¬ŅY qu√© era esa ¬ęradiaci√≥n¬Ľ invisible que se supon√≠a te matar√≠a en cinco, diez o veinte a√Īos?
Alexiévich recoge una diversidad de relatos de personas que vivieron la catástrofe desde distintas perspectivas. Con ellos pinta el ocaso de la Unión Soviética: un Estado donde la fe en la ciencia es absoluta, pero casi no hay cultura científica. La gente asociaba el poder del átomo con las bombas nucleares o las ampolletas encendidas, no con la radiactividad.
Ni siquiera los pol√≠ticos eran conscientes de ese peligro: una de las voces que muestra la escritora es precisamente de un secretario del Comit√© Regional del Partido que trataba de traidores, cobardes y alarmistas a quienes llamaban a evacuar. Hasta les obligaba a dejar el carn√© del Partido sobre la mesa. √Čl mismo se qued√≥ en territorio contaminado y aliment√≥ a su familia con comida radiactiva para demostrar a la gente que no hab√≠a nada que temer:
Usted lo habr√° olvidado... pero entonces... las centrales nucleares eran el futuro. M√°s de una vez intervine. Hice propaganda. Hab√≠a estado en una central nuclear: un silencio solemne. Todo limpio. En un rinc√≥n, banderas rojas y banderines de ¬ęVencedor de la emulaci√≥n socialista¬Ľ. Era nuestro futuro.
Viv√≠amos en una sociedad feliz. Nos hab√≠an dicho que ¬ę√©ramos felices¬Ľ y √©ramos felices. Yo era un hombre libre y ni siquiera se me ocurr√≠a pensar que mi libertad no era tal. Ahora, en cambio, nos han borrado de la historia, como si no hubi√©ramos existido. Ahora estoy leyendo a Solzhenitsin... Creo que... [Calla.] Mi nieta tiene leucemia. He pagado por todo. Un precio muy alto.
Yo soy un hombre de mi tiempo. No soy un criminal.
Ibídem, p. 345
El libro de Alexi√©vich es una de esas obras completas que puede ser vista desde muchos puntos de vista. El hero√≠smo de quienes sacrificaron su vida por detener la fuga de radiaci√≥n; el autoritarismo de un r√©gimen que enviaba a las personas a llenarse de tumores protegidas por in√ļtiles trajes de goma; la inconsciencia de quienes se robaban todo (hasta las puertas de las casas) de las zonas contaminadas para revenderlo en otras partes de la Uni√≥n Sovi√©tica; el horror de los cientos de miles de ni√Īas y ni√Īos afectados por la radiaci√≥n...
Pero en esta rese√Īa, quiero destacar otro punto: la advertencia para nuestra sociedad. La ciencia nos abre infinitas posibilidades de desarrollo para la humanidad. Mejora nuestra calidad de vida, controla y erradica enfermedades, nos permite viajar al espacio... Pero los seres humanos seguimos siendo seres humanos: nuestras mezquindades, nuestros dogmas, nuestra ignorancia y las dificultades que tenemos para comprender los efectos de ¬ęcosas¬Ľ invisibles (como la radiaci√≥n o los microorganismos) pueden provocar desastres dif√≠ciles de prever.
Por ello, la cultura cient√≠fica es tan importante: no s√≥lo nos da las herramientas necesarias¬†para¬†entender mejor el mundo que nos rodea, sino que tambi√©n nos hace conscientes de nuestros propios sesgos de visi√≥n. La ciencia se sostiene en el escepticismo, en el cuestionamiento constante de lo que creemos saber, utilizando el m√©todo cient√≠fico para estos fines. En no dejarse enga√Īar por las apariencias y aceptar que, por orgullo, por tozudez, por creencias infundadas o por seguir ciegamente las jerarqu√≠as, incluso el m√°s sabio de los seres humanos puede abrir una caja de Pandora.

National Geographic: una visita a la zona de exclusión de Chernóbil.

Mas información en www.exploringthezone.com

Voces de Chernóbil: crónica del futuro
Editorial Debate
Santiago de Chile
406 p√°ginas