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Qué calor de locos, nena

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Fecha de Publicación
2017/06/20
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Agradecemos los aportes de Alexis Rebolledo en este post
Trump lo ha hecho de nuevo: este 1¬ļ de junio de 2017 ha anunciado que Estados Unidos abandona el Acuerdo de Par√≠s. Y con ello se lleva las esperanzas de que uno de los pa√≠ses que m√°s contamina el mundo con gases de efecto invernadero aporte en la desaceleraci√≥n del cambio clim√°tico.
El acuerdo, para que le quede claro a ciertos candidatos presidenciales, se gest√≥ el a√Īo 2015 y tiene como objetivo ¬ęreforzar la respuesta mundial a la amenaza del cambio clim√°tico, en el contexto del desarrollo sostenible y de los esfuerzos por erradicar la pobreza¬Ľ (1) para lo cual determina tres acciones concretas:
a) Mantener el aumento de la temperatura media mundial muy por debajo de 2 ¬įC con respecto a los niveles preindustriales, y proseguir los esfuerzos para limitar ese aumento de la temperatura a 1,5 ¬įC con respecto a los niveles preindustriales, reconociendo que ello reducir√≠a considerablemente los riesgos y los efectos del cambio clim√°tico.
b) Aumentar la capacidad de adaptación a los efectos adversos del cambio climático y promover la resiliencia al clima y un desarrollo con bajas emisiones de gases de efecto invernadero de un modo que no comprometa la producción de alimentos.
c) Elevar las corrientes financieras a un nivel compatible con una trayectoria que conduzca a un desarrollo resiliente al clima y con bajas emisiones de gases de efecto invernadero.
El presidente norteamericano ha sido un reconocido negacionista del cambio clim√°tico. Incluso ha afirmado que ser√≠a un invento de los chinos, que el Acuerdo de Par√≠s es un muy mal acuerdo (de seguro para sus negocios) o que ¬ęa m√≠ me eligi√≥ la gente de Pittsburg, no la de Par√≠s¬Ľ (aunque el mismo alcalde de Pittsburgh dijo que apoyaban el acuerdo de Par√≠s y que su ciudad vot√≥ con una abrumadora mayor√≠a por Hillary Clinton).
Pero d√©mosle por un segundo (s√≠, s√≥lo un segundo) el beneficio de la duda a Trump. ¬ŅEs cierto que en la Tierra se est√° produciendo un aumento global de las temperaturas? ¬ŅEs cierto que esto es producto de la actividad humana o se trata de un fen√≥meno natural? Y, sobre todo, ¬Ņes en verdad algo peligroso o podemos seguir quemando carb√≥n y petr√≥leo hasta que los agotemos, sin preocuparnos porque haga un poquit√≠n m√°s de calor en el mundo?

Vamos imitando a Venus

Empecemos con algo básico: seguramente usted ha visto alguna vez un invernadero. Una especie de casita hecha de vidrio o plástico transparente donde la gente cultiva tomates, espinacas o flores y plantas de climas más cálidos. Si usted ha entrado alguna vez a un invernadero, habrá notado que el ambiente en su interior es notablemente más cálido que en el exterior (y se mantiene así incluso durante la noche). Esto ocurre porque el vidrio o el plástico con el que se fabrica el invernadero es permeable a la radiación solar, pero no tanto a la radiación infrarroja, que es la que emite un cuerpo cuando se calienta. Entonces, el invernadero deja pasar la energía del sol, que calienta el suelo y los vegetales del invernadero. Al calentarse, el suelo emite radiación infrarroja. Pero esta, en lugar de disiparse en el entorno, se queda atrapada.
Ahora imagine algo parecido, pero a escala planetaria.
Hay gases, como el dióxido de carbono (CO2), el metano (CH4), el óxido de nitrógeno (N2O), el hidrógeno (H2) y hasta el vapor de agua (H2O) que producen los mismos efectos que un vidrio en un invernadero: dejan pasar la radiación solar pero bloquean la radiación infrarroja (2) (esta es la explicación sencilla: le recomendamos visitar este sitio web si quiere una descripción más completa del fenómeno).
El efecto invernadero no es algo necesariamente perjudicial para la vida en un planeta: al mantener el calor en la superficie, evita que este se disipe al espacio y se enfríe abruptamente durante la noche (como ocurre con la Luna, un cuerpo que prácticamente no tiene atmósfera). En algunos exoplanetas, el efecto invernadero les permitiría, hipotéticamente, mantenerse habitables (o sea, con temperaturas adecuadas para mantener agua líquida) incluso si orbitan lejos de su estrella, fuera de la zona habitable (3).
El problema ocurre, sin embargo, cuando los gases de efecto invernadero se hacen tan abundantes que la temperatura promedio del planeta aumenta. Algo as√≠ le pas√≥ a Venus en el pasado remoto, pero en mala: la cantidad de di√≥xido de carbono y otros gases de efecto invernadero en su atm√≥sfera es tal que la temperatura de su superficie supera f√°cilmente los 460 ¬ļC (suficiente calor para fundir el plomo). O sea, Venus es a√ļn m√°s caliente que Mercurio (que est√° mucho m√°s cerca del Sol).
Por supuesto, ni los vidrios ni los gases son perfectamente impermeables a la radiación infrarroja ni el invernadero o la Tierra están completamente sellados: siempre escapará un poco de radiación infrarroja fuera del invernadero... y de nuestro planeta. Es por eso que este se mantiene cálido y no se transforma en un infierno. Tampoco resulta posible (al menos en el mediano plazo) que la atmósfera de nuestra querida Tierra quede tan saturada de gases de efecto invernadero que se convierta en un nuevo Venus.
Pero no es necesario alcanzar las temperaturas de una fundición para provocar desastres a nivel global.
Desde hace a√Īos que la comunidad cient√≠fica ha estado estudiando los niveles de CO2 en nuestra atm√≥sfera. Analizando muestras geol√≥gicas y f√≥siles se ha podido determinar la concentraci√≥n de CO2 en la atm√≥sfera a lo largo la historia terrestre. Es as√≠ como se ha descubierto que, desde 100 mil a√Īos atr√°s hasta tiempos preindustriales, la concentraci√≥n de CO2 ha variado desde unas 180 ppm (¬ępartes por mill√≥n¬Ľ) a 280 ppm aproximadamente. En la actualidad, la medici√≥n promedio es de m√°s de 400 ppm. No lo decimos nosotros, lo dice la NASA (4); por lo tanto, ESAS√ć.
El implacable aumento del dióxido de carbono en la atmósfera. Créditos de la imagen: NASA Global Climate Change.
Como explicábamos previamente, el aumento de la concentración de CO2 aumenta el efecto invernadero en nuestro planeta, lo que conduce a un aumento de las temperaturas. Ahora, en un estudio publicado en la revista Nature (5), un equipo científico demostró por primera vez el vínculo entre el aumento de CO2 y el aumento del efecto invernadero en la superficie de la Tierra, no sólo en un laboratorio. Y directamente atribuyen sus hallazgos a las emisiones de combustibles fósiles.
Los cient√≠ficos observaron c√≥mo el di√≥xido de carbono perturba el equilibrio energ√©tico de la Tierra a trav√©s de una medida llamada ¬ęforzamiento radiativo¬Ľ. Observaron longitudes de onda de radiaci√≥n en Alaska y Oklahoma durante el per√≠odo de 11 a√Īos, de 2000 a 2010, y descubrieron que el CO2 es el culpable de un aumento en el forzamiento radiativo en ambas ubicaciones. Se yuxtaponen sus datos con un sistema que rastrea las fuentes de emisi√≥n de CO2, determinando as√≠ de que gran parte de ella fue causado por la quema de combustibles f√≥siles.

Un fen√≥meno ¬ęnatural¬Ľ

Algunas personas afirman que este aumento de las concentraciones de CO2 no deber√≠a preocuparnos, porque ser√≠a algo natural. Las concentraciones de CO2 en la Tierra han fluctuado durante toda su historia, as√≠ es que un peque√Īo aumento en la actualidad quiz√°s s√≥lo sea parte de este ciclo. Y si es natural, debe ser bueno. ¬ŅNo?
Lamentamos decirle que ni lo ¬ęnatural¬Ľ es necesariamente amigable¬†con la vida¬†(si no nos cree, trate de sobrevivir 5 segundos en Venus), ni el aumento de CO2 en la atm√≥sfera terrestre es producto de un ciclo terrestre normal.
Un an√°lisis de los datos de temperatura desde el a√Īo 1500 pr√°cticamente descarta la posibilidad de que el calentamiento global en la era industrial sea s√≥lo una fluctuaci√≥n natural del clima de la Tierra, de acuerdo a un estudio (6) de Shaun Lovejoy. El trabajo de Lovejoy (buen nombre para actor porno) representa un nuevo enfoque a la cuesti√≥n de si el calentamiento global en la era industrial ha sido causado en gran medida por la quema de combustibles f√≥siles. En lugar de utilizar modelos inform√°ticos complejos para estimar los efectos de las emisiones de gases de efecto invernadero, Lovejoy examin√≥ los datos hist√≥ricos para evaluar la hip√≥tesis que compite: que el calentamiento en el √ļltimo siglo se debe a las variaciones naturales a largo plazo de la temperatura y no a la acci√≥n humana.
¬ęEste estudio ser√° un duro golpe para los restantes negadores del cambio clim√°tico. Sus dos argumentos m√°s convincentes ‚ÄĒque el calentamiento es de origen natural y que los modelos inform√°ticos est√°n equivocados‚ÄĒ directa o indirectamente, entran en contradicci√≥n con este an√°lisis, o simplemente no se aplican a √©l¬Ľ (7), dijo el autor.
El estudio aplica la metodolog√≠a estad√≠stica para determinar la probabilidad de que el calentamiento global desde 1880 a la fecha se debe a la variabilidad natural. Su conclusi√≥n: la hip√≥tesis del calentamiento natural puede descartarse ¬ęcon un nivel de confianza del 99% y, lo m√°s probable, mayor que 99,9%¬Ľ (7).
El gr√°fico a) expresa la reconstrucci√≥n de la actividad volc√°nica durante el per√≠odo 500-2000 AC. Los otros tres son simulaciones con par√°metros estad√≠sticos id√©nticos. El hecho de que la reconstrucci√≥n sea casi indistinguible de los modelos apoya que la hip√≥tesis de que la actividad volc√°nica en el per√≠odo fue constante. En el gr√°fico b) se muestran las fluctuaciones de las reconstrucciones para distintos bloques de per√≠odos (en verde oscuro entre el 500 y 2000, y en verde con l√≠nea punteada entre 1880 y 2000), mientras las otras l√≠neas expresan los l√≠mites de las desviaciones en cada modelo. En el gr√°fico c) se muestran las fluctuaciones en reconstrucciones de radiaci√≥n proveniente de la actividad volc√°nica y solar (dos modelos solares). Se puede ver que las fluctuaciones solares industriales y preindustriales son casi las mismas, en contraste con la amplitud de las fluctuaciones volc√°nicas que han disminuido. Todo esto quiere decir que la actividad volc√°nica como la solar pueden ser consideradas estacionarias y no hay nada inusual en las estad√≠sticas de la √©poca que vivimos (6). ¬ŅEn simple? Ni la actividad volc√°nica ni la solar pueden explicar el inusual aumento de la temperatura ni de la concentraci√≥n de CO2 en la atm√≥sfera que hemos detectado en la actualidad.
Para evaluar la variabilidad natural, este estudio utiliza las ¬ęreconstrucciones multi-proxy de clima¬Ľ, desarrolladas por cient√≠ficos en los √ļltimos a√Īos para estimar las temperaturas hist√≥ricas, as√≠ como las t√©cnicas de an√°lisis de la fluctuaci√≥n de la geof√≠sica no lineales. Las reconstrucciones clim√°ticas tienen en cuenta una serie de indicadores que se encuentran en la naturaleza, como los anillos de los √°rboles, testigos de hielos y sedimentos de lagos. Las t√©cnicas de an√°lisis de fluctuaci√≥n permiten comprender las variaciones de temperatura con amplios rangos de escalas de tiempo.
Si bien este estudio no utiliza complejos modelamientos matem√°ticos para estimar la magnitud del futuro cambio clim√°tico, las conclusiones de Lovejoy se complementan perfectamente con las del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Clim√°tico (IPCC).
Su estudio predice que la duplicaci√≥n de los niveles de CO2 en la atm√≥sfera provocar√≠a un aumento de la temperatura global de entre 2,5 y 4,2 ¬ļC. De hecho, desde 1880 el aumento de la temperatura media del planeta ha sido enorme: alrededor de 0,9 ¬ļC. N√≥tese adem√°s que estas mediciones se toman a partir de una fecha posterior al fin de la llamada ¬ęPeque√Īa Edad de Hielo¬Ľ (que finaliz√≥ por la d√©cada de 1860).
Insistiremos en esto: el estudio de Lovejoy demuestra que las probabilidades de que estas fluctuaciones se deban a factores naturales son menos de uno en cien y, probablemente, son menos de una en mil.

Reacción en cadena

Uno de los problemas de andar metiendo mano en el clima es que los efectos que esto puede acarrear una serie de consecuencias muy difíciles de prever.
De hecho, un grupo cient√≠fico ha demostrado que el aumento global de las temperaturas puede incrementar indirectamente la cantidad de gas de efecto invernadero emitido por los oc√©anos (8). Lo que hicieron fue estudiar muestras de un n√ļcleo de sedimento de 26.000 a√Īos de edad tomadas desde el Golfo de California para averiguar c√≥mo el oc√©ano ha cambiado con el tiempo su emisi√≥n de CO2 atmosf√©rico. Hicieron seguimiento a la abundancia de silicio y hierro en los f√≥siles de organismos marinos diminutos, conocidos como plancton, en el n√ļcleo del sedimento. El plancton absorbe el CO2 de la atm√≥sfera en la superficie del oc√©ano y puede encerrar grandes cantidades de carbono.
La investigaci√≥n demostr√≥ que los per√≠odos en que el silicio era menos abundante en las aguas del oc√©ano se correspond√≠an con climas relativamente c√°lidos, con bajos niveles de hierro atmosf√©rico, y una reducci√≥n de la absorci√≥n de CO2 por el plancton de los oc√©anos. Ya se sospechaba que el hierro tiene un papel en la absorci√≥n del CO2 por parte del plancton; sin embargo, este √ļltimo estudio demostr√≥ que la falta de hierro en la superficie del oc√©ano puede limitar el efecto de otros elementos clave para ayudar a que el plancton absorba carbono.
Este efecto se magnifica en los mares del sur y ecuatorial del Pacífico y en las zonas costeras, que juegan un papel crucial para influir en los niveles de CO2 de la atmósfera global.
Salude a las diatomeas, un tipo de fitoplancton marino, vistas a través de un barrido de microscopio electrónico (8). Crédito de la imagen: Universidad de Edimburgo.
Los investigadores de la Universidad de Edimburgo dicen que sus hallazgos son los primeros en se√Īalar la compleja relaci√≥n entre el hierro y otros elementos marinos clave involucrados en la regulaci√≥n de CO2 atmosf√©rico por los oc√©anos (8). Sus hallazgos fueron verificados con un c√≥mputo global de todos los oc√©anos.
Las diatomeas son algas unicelulares, el tipo de fitoplancton m√°s com√ļn. Aqu√≠ hay otra imagen de estos simp√°ticos seres marinos vistos por el barrido de un microscopio electr√≥nico (8) y... Oiga, ¬Ņese no es el s√≠mbolo de material radiactivo? Cr√©dito de la imagen: Universidad de Edimburgo.
Laetitia Pichevin, quien dirigi√≥ el estudio, dijo que ¬ęse sabe que el hierro es un nutriente clave para el plancton¬Ľ, pero que les sorprendi√≥ ¬ępor las muchas maneras en que el hierro afecta el CO2 emitido por los oc√©anos. Si el calentamiento global hace que los niveles de hierro sean m√°s bajos en la superficie del mar, como ocurri√≥ en el pasado, esta es una mala noticia para el medio ambiente¬Ľ (9).

Qué significa un aumento de las temperaturas globales

El clima es un sistema complejo. El planeta que conocemos conjuga una cantidad de variables tal que resulta prácticamente imposible determinar cómo se afectan unas a otras: concentración de CO2 en la atmósfera, temperatura, corrientes marinas, cantidad de plancton y algas marinas, microorganismos patógenos, superficie cubierta por nieves y glaciares, salinidad del mar, cantidad y densidad de bosques, volumen de lagos y mares interiores, sólo por nombrar algunas.
Lo habitual es que escuchemos que un aumento de la temperatura global podr√≠a alterar la periodicidad y la intensidad de las lluvias y nieves o aumentar el nivel de los mares. Pero lo cierto es que estos efectos dependen de una gran cantidad de factores que interact√ļan en numerosos niveles. Adem√°s, resulta muy dif√≠cil calcular la cantidad de gases de efecto invernadero que se liberar√°n a la atm√≥sfera en las pr√≥ximas d√©cadas, especialmente cuando esto depende muchas veces de decisiones pol√≠ticas y econ√≥micas imposibles de prever (10).
M√°s a√ļn: hay investigadores preocupados porque no parece haber conciencia sobre lo cr√≠tico de la situaci√≥n (11). Cuando se habla de limitar el alza de la temperatura global a 2 ¬ļC (idealmente 1,5 ¬ļC) por sobre los niveles preindustriales, no parece algo tan terrible: 2 ¬ļC de diferencia son apenas perceptibles por una persona com√ļn. Lo que no tenemos en cuenta es que estamos hablando de la temperatura global promedio. La diferencia en determinadas regiones del planeta puede ser mucho mayor: de hecho, la meta de 2 ¬ļC significar√≠a un aumento de 5,5 ¬ļC en la regi√≥n √Ārtica (11).
Esta figura muestra el aumento de la temperatura global desde el a√Īo 1860 al 2010 (mostrando una correlaci√≥n directa entre emisiones de CO2 antropog√©nicas y aumento de la temperatura global) y proyecta los distintos escenarios posibles en base a las metas propuestas (11). La l√≠nea roja es el camino que seguiremos en caso de seguir quemando carb√≥n y petr√≥leo como si no hubiese un ma√Īana.
En un mundo 2 ¬ļC m√°s c√°lido, existe el doble de probabilidades de que haya un evento de temperaturas extremas con respecto a un mundo 1,5 ¬ļC m√°s c√°lido. Pero estos eventos de temperaturas extremas en un mundo 2 ¬ļC m√°s c√°lidos ser√≠an 5 veces m√°s frecuentes que hoy en d√≠a, y 27 veces m√°s frecuentes que en los tiempos preindustriales. Asimismo, los patrones de precipitaciones se vuelven mucho m√°s inciertos, y los eventos de precipitaci√≥n extrema aumentan en un 45% con respecto a tiempos preindustriales en un mundo 1,5 ¬ļC m√°s c√°lido (65% en un mundo 2 ¬ļC m√°s c√°lido). Es m√°s: estos cambios en los ciclos del agua ser√≠an experimentados aproximadamente por la mitad de la poblaci√≥n mundial (12).
Muchos de los efectos del calentamiento global ya son visibles, como lo ha documentado, por ejemplo, la National Geographic a través de una espectacular serie de imágenes interactivas.
Retroceso del glaciar Chacaltaya, en Bolivia, desde 1940 a 2007 (13).
El derretimiento de glaciares en la Cordillera de los Andes es un fenómeno muy estudiado y que genera gran preocupación: el 99% de todos los glaciares tropicales del mundo se encuentra en Sudamérica, y actualmente se encuentran en peligro de desaparecer (13). Por desgracia, esto no es un fenómeno aislado: se han reportado grandes retrocesos de glaciares no sólo en los Andes, sino también en Norteamérica, los Alpes y Asia Central (14).
Los glaciares parecen ser muy susceptibles a un alza de temperaturas. Y, como estos suelen ser el origen de muchos cursos fluviales que son usados como fuente de agua potable, la reducción de los glaciares produce escasez de agua para agricultura y consumo humano (13).
Peor aun: el derretimiento de los glaciares aumenta el peligro de inundaciones catastr√≥ficas y aluviones (13, 15). Al retroceder, los glaciares generan grandes lagunas en zonas de material f√°cilmente erosionable. En regiones s√≠smicas como los Andes o los Himalayas, existe una alta probabilidad de que se desprenda un gran trozo de glaciar o una parte de una ladera monta√Īosa, impactando la laguna y creando enormes olas (de hasta 50 metros de altura) que se propagar√≠an r√≠o abajo. El peor desastre documentado de este tipo se registr√≥ en 1941, en dos lagunas sobre la ciudad de Huaraz, en Per√ļ: la mitad de la ciudad fue devastada y fallecieron alrededor de 4 mil personas (13).
Otros ambientes muy fr√°giles son los lagos de altura (16), ubicados en las principales cordilleras. Estos lagos se han estudiado como ambientes ¬ęcentinelas¬Ľ del cambio clim√°tico (17). En Chile se ha reportado la disminuci√≥n del volumen del lago Chungar√° en un 7% en un per√≠odo de 13 a√Īos, situaci√≥n atribuible a cambios globales (18).
Pero lo cierto es que estos cambios no tienen efectos parejos en todo el mundo: lo m√°s probable es que aumente la disponibilidad de agua en las altas latitudes (as√≠ como en regiones afectadas por los monzones de Asia del Sur). Pero tambi√©n se reducir√° la disponibilidad de agua en regiones subtropicales, especialmente en la zona del Mediterr√°neo (12). Esto ocurrir√≠a en ambos escenarios proyectados: en un mundo 1,5 y 2 ¬ļC m√°s c√°lido.
Los ecosistemas marinos son particularmente sensibles a la acci√≥n antropog√©nica, tanto por el aumento de gases de efecto invernadero como por la desoxigenaci√≥n y la acidificaci√≥n de los oc√©anos. Se prev√© que en un mundo 2 ¬ļC m√°s c√°lido, pr√°cticamente la totalidad de los arrecifes de coral estar√°n en riesgo de una degradaci√≥n masiva de largo plazo. Un mundo 1,5 ¬ļC m√°s c√°lido es un poco m√°s benigno para los arrecifes de coral, aunque no deja de ser un escenario desastroso (12).
Los ecosistemas √°rticos tambi√©n estar√°n sometidos a una gran presi√≥n a medida que los hielos se vayan derritiendo. S√≥lo un escenario en el que el incremento de temperatura se mantenga muy por debajo de los 2 ¬ļC evitar√≠a el derretimiento casi total de los hielos √°rticos en el verano (12).
Muchos de los efectos m√°s desastrosos no ser√°n vividos por las actuales generaciones (como el temido escenario de aumento del nivel del mar en 30 cm a 1,2 m para el a√Īo 2100). Los peores efectos se ver√°n en los siglos (o incluso milenios venideros). Y las consecuencias de todo esto para la biodiversidad del planeta pueden ser desastrosas (12, 19 y 20).
¬ŅPuede estos cambios convertir en inhabitables ciertos sectores del planeta? Es probable, pero no podemos afirmarlo con certeza. Lo que resulta evidente es que, como siempre, ser√°n los pa√≠ses subdesarrollados y en v√≠as de desarrollo los que sufrir√°n en mayor medida las consecuencias del cambio clim√°tico, ya que dispondr√°n de menos recursos (tanto administrativos como financieros) para afrontar las crecientes cat√°strofes (20).

¬ŅY qu√© viene ahora?

Acuerdo de Par√≠s, emisiones de gases de efecto invernadero, eliminaci√≥n progresiva de combustibles f√≥siles, uso mayoritario de energ√≠as renovables no convencionales... Todo esto parecen grandes discusiones pol√≠ticas y econ√≥micas en las que las personas comunes ‚ÄĒesas cuya mayor decisi√≥n del d√≠a consiste en escoger entre un almuerzo hipocal√≥rico y un par de completos‚ÄĒ no tienen nada que decir.
¬ŅEs eso verdad?
Si bien lo que hacemos y decimos en el día a día no tiene ni una ínfima parte del impacto que tiene una sola palabra de Donald Trump, eso no significa que nuestro papel en esta historia sea irrelevante. De hecho, está lejos de serlo.
Tipos como Donald Trump jamás habrían llegado al poder si no hubiesen sido elegidos por personas parecidas a usted. Hay centrales termoeléctricas que podrían haber sido construidas sin la existencia de grupos ciudadanos que exigen otras formas de generar energía. Los negacionistas del cambio climático serían mucho menos influyentes si tuviésemos más cuidado con la información que difundimos a través de las redes sociales.
Informarse a trav√©s de fuentes confiables, mantener el escepticismo cuando nos hablan de grandes conspiraciones globales, chequear datos que nos parezcan sorprendentes con universidades o expertos en un tema debieran ser pr√°cticas comunes antes de emitir un juicio. Recordemos que existe un consenso de un 97% en la comunidad cient√≠fica de que el calentamiento global es producto de la actividad humana (21). Sobre todo, tengamos¬†claro por qui√©n votamos en las elecciones populares: ¬Ņresulta sensato elegir a pol√≠ticos que ni siquiera saben de qu√© se trata el Acuerdo de Par√≠s?
La buena noticia es que cada vez son m√°s las organizaciones civiles y estatales, e incluso las empresas, que buscan frenar el calentamiento global. El futuro nos pertenece a todos y todas, y especialmente a las futuras generaciones. No permitamos que sea manejado por personas que niegan los hechos y manipulan los datos.

Referencias

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United Nations Framework Convention on Climate Change. Acuerdo de París [Internet]. 2015. Disponible en: https://unfccc.int/files/essential_background/convention/application/pdf/spanish_paris_agreement.pdf
2.
Centro Internacional para la Investigaci√≥n del Fen√≥meno de El Ni√Īo. Efecto Invernadero [Internet]. Disponible en: http://www.ciifen.org/index.php?option=com_content&view=category&id=99&Itemid=132&lang=es
3.
Daniel Marín. Las otras tierras: los mundos desérticos y los planetas con atmósfera de hidrógeno [Internet]. Naukas. 2013. Disponible en: http://danielmarin.naukas.com/2013/05/12/las-otras-tierras-los-mundos-deserticos-y-los-planetas-con-atmosfera-de-hidrogeno/
4.
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Feldman DR, Collins WD, Gero PJ, Torn MS, Mlawer EJ, Shippert TR. Observational determination of surface radiative forcing by CO2 from 2000 to 2010. Nature. 25 de febrero de 2015;519(7543):339‚Äď43.
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Pichevin LE, Ganeshram RS, Geibert W, Thunell R, Hinton R. Silica burial enhanced by iron limitation in oceanic upwelling margins. Nature Geoscience. 8 de junio de 2014;7(7):541‚Äď6.
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