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Piticlines digitales del espacio exterior

Autor
Categoría
computación
Tecnología
Fecha de Publicación
2018/04/20
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Seguramente usted ha escuchado hablar de los bitcoins y otras criptomonedas que se han vuelto famosillas recientemente porque alcanzaron precios exacerbados (alrededor 20 mil dólares la unidad) antes de caer abruptamente. Y quizás se ha preguntado, como muchos, si estas cosas no serán como los «quesitos» de madame Gil o algún otro tipo de estafa piramidal.
Quizás en Etilmercurio no tengamos mucho interés por la ingeniería comercial, pero sí entendemos de computación. Por eso, hemos decidido contarle hoy en qué consisten estas criptomonedas y cómo funcionan. Sin embargo, eso no las libra de que sean usadas como un juego de especulación financiera, por lo que seremos claros desde el principio: en Etilmercurio no recomendamos que invierta sus ahorros en criptomonedas. No meta en criptomonedas dinero que no esté dispuesto a perder, como si fuera un juego en un casino. Lo que queremos es explicar el principio con el que funcionan para que usted no se quede en blanco cuando alguien le hable de blockchains, criptografía y hash.
No garantizamos que lo entenderá por completo (algunos de nosotros aún se dan de cabezazos con algunos párrafos de este artículo) y de hecho nos guardamos varios detalles técnicos (¡en serio!), pero haremos nuestro mejor esfuerzo.
Y sin más preámbulos... Vamos a hablar de la historia del dinero.

Del trueque a las monedas intangibles

Desde mucho antes que podamos tener registro, la humanidad se las ha arreglado para generar metáforas, transformando algo muy específico y complejo en una simplificación que nos facilita el lenguaje. Este tipo de «atajos» mentales también resultan útiles para cosas más prácticas, como en los trueques: si alguien tiene manzanas y otra persona tiene peras, podemos hacer un trueque relativamente sencillo a una tasa de cambio de 1 a 1 (asumiendo que la dificultad de mantención y la cosecha de manzanas y peras sea muy similar). Pero las cosas se vuelven más complejas cuando yo tengo manzanas y usted tiene ovejas. ¿Cuántas manzanas tengo que darle a cambio de una oveja?
Entonces estaremos tentados a definir una medida única que podamos aplicar para comparar el valor percibido de las cosas. Puede ser en manzanas, puede ser en ovejas, en sal, o en cerveza. El problema de cada uno de estos elementos es que para almacenarlos necesita espacio, transportarlos es difícil y encontrar a alguien que quiera exactamente lo que usted tiene para ofrecer también es complejo.
Ahí es donde entra el dinero: una representación (una metáfora) del valor de algo, que podemos usar como punto intermedio entre dos cosas totalmente distintas (cambio mis manzanas a dinero, y luego el dinero por ovejas), que podemos almacenar en casa (si tengo un colchón lo suficientemente grande) o pagarle a alguien para que me lo guarde (bancos, por ejemplo).
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Rico McPato sí que sabe de almacenar dinero. Suponemos que está más interesado por nadar en él que en invertirlo en ciencia o programas sociales (?). Fuente de la imagen: Sploid.Gizmodo
Pero para que esto tenga sentido, el dinero debe tener algunas reglas: no puede crearse de la nada (porque no tendría valor), tiene que ser verificable (para evitar su falsificación) y debe ser posible transferir la propiedad del dinero de una persona a otra (entre muchas otras reglas).
Hace algún tiempo, cada billete o moneda estaba vinculado a la existencia de algo real (usualmente oro o plata). En estados unidos el total de circulante era una representación de las riquezas almacenadas en la Reserva Federal. En algún momento de la historia, 30 de enero de 1934 para ser precisos, se decidió romper esa restricción. Es decir que los billetes y monedas desde ese momento empezaron a tener un valor principalmente dictado por las fuerzas de la oferta y demanda, modificadas por el valor percibido, y guiado por entidades reguladoras.
Así es el dinero como lo conocemos hoy: su valor se mantiene estable gracias al trabajo de las entidades emisoras y reguladoras. En Chile, el Banco Central, en conjunto con el Ministerio de Hacienda, hacen ejercicios de regulación de oferta y demanda del dinero circulante, evitando la devaluación de la moneda. A través de los bancos regulares (esos de filas eternas), distribuyen el dinero y orquestan las transacciones de circulante entre personas (sí, cobran por eso y a veces roban también).
Hasta aquí, todo normal. O, al menos, conocido.
En noviembre de 2008, un personaje con el seudónimo de Satoshi Nakamoto publicó un artículo en el que propone una moneda electrónica que no requiere de ninguna de las entidades anteriores (Banco Central, Hacienda, Bancos regulares o respaldo) para operar. Las ideas clave del artículo son 3:
1.
La moneda no es generada ni controlada por ninguna entidad central.
2.
Se transfiere de forma directa entre los involucrados en la transacción, sin la intervención de un tercero (es decir, no se necesitan bancos, ni redes como Visa o Mastercard).
3.
A pesar de que no hay entidades centrales que regulen o verifiquen las transacciones, es difícil cometer ciertos tipos de fraude (por ejemplo, que quien hace el pago se arrepiente una vez que que recibe aquello por lo que pagó).
¿Por qué? Política. Hay nerds muy ideologizados a los que les molesta tanto la regulación y los impuestos y creen tanto en el mercado, que usaron todo su nerd power para tratar de corregir el sistema. Por otro lado, cuando el flujo de dinero depende de terceros, se pueden censurar ciertas actividades: PayPal, Visa y Mastercard bloquearon las donaciones a WikiLeaks y la organización comenzó a recibirlas en bitcoins. Como nadie las controla, nadie pudo detenerlos. Así mismo recibe donaciones Sci-Hub, que es considerada ilegal en varios lugares del mundo.
¿Cómo funciona? Todo el sistema se basa en una disciplina llamada criptografía, que estudia y desarrolla técnicas para transmitir información de manera segura en canales inseguros (es como cuando usted cuenta un chiste interno que solo será entendido por un puñado de gente en el velorio).
Es gracias a la criptografía («kryptos» en griego significa «oculto» o «recubierto»; «grafein» significa «escribir») que podemos enviar mensajes sin miedo a que un tercero (que puede ser tanto el proveedor de internet como alguien que subrepticiamente se conecta a su wifi) lo lea o modifique. La misma tecnología se usa en las llamadas criptomonedas (y de ahí deriva su nombre) para resguardar que sean únicas (dos personas no pueden tener la misma «moneda» al mismo tiempo) y que no se pueda alterar la cantidad de monedas o el poseedor de las mismas.
La criptografia es tan importante en el mundillo de las criptomonedas, que el paper de Nakamoto fue anunciado a una lista de correos sobre criptografía, no en uno sobre economía o numismática.

Criptografía en 3 minutos

Hablar de criptografía daría para un artículo completo (algún día tal vez lo escribamos), pero vamos de lleno a las cosas que son relevantes para entender las criptomonedas.
Uno de los productos de la criptografía son unas funciones (programas) que generan una suerte de «firma» (unidireccional) a cualquier conjunto de datos que le pase. Dicho de otra forma, convierten un conjunto de datos en una única cadena de caracteres (o hash), cuya longitud es siempre la misma, independiente de la longitud de los datos de entrada. A estas funciones se les llama funciones hash criptográficas.
No. Aunque no lo crea, no estamos tratando de confundirle.
Por ejemplo, supongamos que tenemos un conjunto de datos muy importantes: «Etilmercurio» (sin comillas ni cursivas) y usamos una función hash criptográfica común, por ejemplo SHA512. El resultado de aplicar SHA512 sobre «Etilmercurio» genera este hash:
0e4929ccb3ef76ac7e881d2510aba97ff8b7350587b4cc3e8985732f65119892b6108353f513741187ff6c3a18e7343728dbeac2d5e84c2cbff8762d6659ca53
Si hacemos lo mismo con otro dato, por ejemplo, «Tres tristes tigres tragan trigo en un trigal», el hash generado por SHA512 es el siguiente:
096d9cd42b4d4ba7831602d3c7654624fd7a896df18e11e012cd268503d5cca99b6d7e996ac081dc3f1c76c5059ed84c8cf08b8260291087fd7f03c74ae36dda
Ambos resultados tienen el mismo número de caracteres, a pesar que los datos iniciales tienen distinto número de caracteres. Sin importar el tamaño de los datos que le entregue (es decir, la diferencia entre la extensión de «Etilmercurio» y de «Tres tristes tigres tragan trigo en un trigal»), la cantidad de caracteres de resultado siempre será la misma. En este sitio web pueden probar con los textos que se les ocurran y probar distintas funciones hash. Incluso pueden subir un archivo y verán que aunque pese varios megas, la longitud del hash es la misma.
Ahora, estas funciones tiene algunas características interesantes:
1.
Si tenemos un hash cualquiera, obtener los datos originales es imposible.
2.
Si cambiamos un solo carácter en los datos de entrada, el hash resultante es completamente diferente. Por ejemplo, el hash SHA512 de «etilmercurio» (nótese la «e» en minúscula) es 3f0ad77f7bd6bc90869c915a31d15d27218c4faee3611e51ef325f48ba0ec619572d395b0e5eefd78d843c55459d56d628cc6ae5b679de572658aebb3ae16a3f (totalmente distinto al primero que calculamos). Este comportamiento hace que también sea imposible deducir el hash resultante a partir de una modificación, por muy pequeña que esta sea, en los datos originales.

¡Basta, Etilmercurio! ¡Me duele la cabeza con tanto hash!

Hasta aquí todo parece ser un complot de los computines para crear su propio imperio computín hablando en computín. Mucho hash hash slash slash doble punto y sin hache te te pé. ¿Cómo llegamos a Bitcoin desde ahí?
Supongamos que María Eugenia se quiere subir a toda esta cosa de las criptomonedas, porque le contaron que podía recibir transferencias sin tener que hacer las colas gigantes en los bancos para cobrar cheques. Lo primero que debería hacer es instalar una aplicación cliente en su computador o su teléfono «inteligente», crear con ella una billetera electrónica y ponerle algunas bitcoins. La forma más fácil es comprarlas (pagando con la moneda de su país). De hecho, su primo Pepito le puede vender bitcoins a buen precio.
Para mandarle 5 bitcoins a su prima, Pepito envía (desde su aplicación cliente) un mensaje a la red de Bitcoin (que se compone de todas los computadores que tienen una aplicación cliente instalada) que dice: «disminuyan mi billetera bitcoin en 5 unidades y aumenten la de ella en 5». Este mensaje a la red incluye el identificador único de la billetera de María Eugenia y va firmado por la «llave privada» de la billetera de Pepito. De este modo, Pepito y solo Pepito puede transferir sus bitcoins, y esas bitcoins irán a parar exclusivamente a la billetera de su prima.
Este mensaje es procesado por uno o varios nodos especiales de la red, llamados mineros, que compiten por validar la petición (Pepito no puede transferir bitcoins que no tiene, por ejemplo), agruparla con otras peticiones recientes en un bloque (conjunto de mensajes) e insertar dicho bloque en él...

Blockchain!

La blockchain o «cadena de bloques» es un gran libro público de contabilidad donde se registran todas las transacciones hechas en la red de Bitcoin. Cada participante de la red tiene una copia de ese libro y cada bloque referencia el bloque anterior mediante su hash, de ahí que sea una cadena. Si cada participante de la red posee una copia ¿no es fácil modificarla a conveniencia?
Para poder insertar un nuevo bloque, los mineros compiten por encontrar una serie de caracteres arbitraria (que sí, ¡luce como un hash!) llamada nonce y que, al juntarla con los datos del bloque y pasarlos por la función hash, debe resultar en un hash que contiene una cantidad específica de ceros iniciales (el sistema aumenta la cantidad de ceros para hacer cada vez más difícil encontrar el nonce, y evitar que computadores más modernos tengan ventaja sobre los del año pasado).
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Así se ve el esquema de la cadena de bloques al microscopio. Cada bloque referencia al anterior mediante un hash de todos los datos que contiene.
Encontrar dicho nonce es un proceso computacionalmente costoso (el nombre técnico del proceso es proof-of-work, o demostración de trabajo) y se hace para evitar que un participante malicioso añada bloques ilegítimos a la blockchain. Es debido al costo computacional de estas demostraciones de trabajo que se calcula que Bitcoin requiere cantidades absurdas de energía.
¿Qué tan absurdas?
Bueno, algunas estimaciones dicen que la red de Bitcoin consume unos 32 TWh anuales. O sea, tanta energía como Dinamarca. Cada transacción de bitcoins consumiría 250 kWh, lo suficiente como para alimentar el consumo de una casa por 9 días. Pero, hey, ese es el costo por hacer hipersegura una transacción de criptomonedas. Si bien hay estimaciones para todos los gustos, lo cierto es que, en general, hay un consenso amplio en que el consumo es muy elevado. Como comparación, la red de Visa opera con cantidades mayores de dinero y consume mucho menos electricidad. En todo caso, solo a los mineros les sube la cuenta de la luz. Competir por minar bitcoins no es un requisito para tener una billetera ni para hacer transacciones.
Volvamos a lo nuestro. El primer nodo en encontrar el nonce inserta el nuevo bloque en la blockchain y, como recompensa, el usuario gana una cantidad dada de bitcoins. Así se incentiva a participar de la red y ese es el único modo en que las bitcoins son creadas (a esto se le llama «minar» bitcoins). La red fue diseñada para que existan un máximo de 21 millones de bitcoins. Es decir, son artificialmente un bien escaso, lo cual evita la inflación y ayuda a que su valor percibido sea mayor, como si fueran oro. Énfasis en como si fueran.
Gracias a su arquitectura, la blockchain puede evitar diversos fraudes. Si alguien le envía bitcoins y la transacción queda registrada en la blockchain, es dificilísimo (asumimos que imposible) recuperarlas a la mala (lo que se guarda en la blockchain no se borra). Si alguien quisiera modificar las transacciones a posteriori en un bloque dado (supongamos que tratamos de falsear una transferencia de mil bitcoins a nuestra billetera de Etilmercurio), tendría que encontrar el nonce que permita dar con un hash válido para los nuevos datos pero, como el hash del bloque cambia, hay que cambiar los hash de T O D O S los bloques siguientes.
Cualquier base de datos con una arquitectura similar es considerada una blockchain. Hay quienes consideran que, de un modo u otro, la blockchain es el futuro, incluso en áreas que nada tienen que ver con las criptomonedas y por eso hoy es fácil encontrarlas hasta en la sopa.
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Blockchains hasta en la sopa. Créditos de la imagen: Till Westermayer.
En lenguaje para diputados: la blockchain es una base de datos muy difícil de alterar.

Ya, mucho sadomasoquismo con esas cadenas y hashs. ¿Qué hay de hacerse rico?

Como veíamos al principio, antes de bombardearlos con hash, bits y bytes, contamos que una moneda tiene un valor que tiene más que ver con un acuerdo entre quienes la usan que con el valor de la moneda física. Eso también es válido para las criptomonedas: los usuarios le asignan un valor entre todos. Es decir, lo que define su valor depende de lo que la gente está dispuesta a pagar en cada momento por la moneda.
El problema es que la gente cambia de opinión bastante seguido.
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Este gráfico muestra cómo ha variado el valor de las bitcoins en los últimos años. Como puede verse, la moneda electrónica ha tenido variaciones importantes de precio en un tiempo relativamente corto. Coindesk tiene un gráfico interactivo.
Como la única regulación son las fluctuaciones de oferta y demanda, las criptomonedas varían radicalmente su valor en cortos periodos de tiempo. Lanzarse a comprar criptomonedas para invertir asume que el precio aumentará, pero eso puede ser momentáneo debido a la volatilidad de las monedas.
Esto lleva a que aparezca el especulador: esta persona espera generar ganancias comprando barato algún elemento y vendiéndolo caro en el corto plazo. En este caso, el elemento es una criptomoneda. El especulador compra durante las caídas de precio y vende al poco tiempo, y en entornos de precios altamente volátiles, es muy común encontrar especulación alrededor de las criptomonedas.

¿Y las otras criptomonedas?

Desde que Bitcoin demostró que hay personas dispuestas a utilizar una moneda sin controladores, han surgido más proyectos que tratan de mejorar uno u otro aspecto de la moneda. A la fecha, hay casi 2 mil criptomonedas: Litecoin, por ejemplo, busca ser más rápida que Bitcoin; Zcash intenta ofrecer mayor privacidad (dado que Bitcoin es pseudo-anónima); Ether es una criptomoneda implementada en una plataforma que permite crear blockchains para cualquier propósito... Todas tratan de darle algo único a sus usuarios y es así como siguen apareciendo.
Otras, en cambio, han surgido solo con un afán especulativo. Tanto es así que hay empresas (start-ups) que ofrecen ICO o Initial Coin Offering (oferta inicial de moneda), que es más o menos como «comprar en verde», es decir, antes de que la moneda tenga algún uso. Negocio redondo para los que las venden: reciben dinero real a cambio de la posibilidad de que, algún día, sus criptomonedas valgan algo.

¿Y en Chile?

Hay algunos grupos de criptoaventureros que tomaron la plataforma de monedas existentes y las modificaron para adaptarlas al medio local. Esto es raro, pues la idea detrás de las criptomonedas era precisamente que no tuvieran límites geográficos ni regulaciones. Aun así, recientemente pudimos ver el surgimiento de algunas monedas como Chaucha, Luka, y otras. Curiosamente, esas mismas criptomonedas se desplomaron cuando los bancos tradicionales (los que se supone serán superados por las criptomonedas) cerraron cuentas corrientes de las casas de cambio que las aceptaban.
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Pagamos por una ilustración con 400 Bitchekes (a fecha). Esto fue lo que recibimos. Créditos del mono feo: Kurt Zahn

El futuro

Finalmente, el objetivo de los creadores de las criptomonedas es que reemplacen (o al menos convivan como iguales) con las monedas «tradicionales». O sea, que usted pueda usar sus criptomonedas para comprar un helado, un libro o una casa. De hecho, hay varias organizaciones y empresas que aceptan bitcoins, entre ellas Microsoft, Reeds Jewelers y Shopyfy; al mismo tiempo, algunas se han retirado por la baja demanda, como Dell, Reddit y Steam.
¿Se cumplirá el sueño criptopunk de Nakamoto? ¿Desaparecerán Visa, Mastercard y los bancos tradicionales? ¿Se derrumbará el Banco Central y el Ministerio de Hacienda?
Quién sabe: el ejercicio de futurología es complicado. Puede que sea ese mismo tipo de organizaciones las que terminen adoptando y regulando algún sistema híbrido...
Lo que está claro es que mientras el valor de las criptomonedas provenga de la especulación y no de su uso en la adquisición de bienes y servicios, es poco probable que se coman los mercados. Y muy probable que haya gente que pierda sus ahorros por haber apostado al caballo equivocado.