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No hay preguntas tontas… Los Premios Ig Nobel y la celebración de la investigación «improbable»

Autor
Categoría
Etilmercurio
Ciencia
Fecha de Publicación
2016/09/19
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🐔
Ilustración: Kurt Zahn
Existe una relación muy estrecha entre el aburrimiento ocioso y la creatividad, en particular cuando ésta última sirve para escapar del primero. Lo sabemos bien: todos nos aburrimos cuando niños, lo que nos obligó a inventar mundos, héroes y villanos, historias y juegos con reglas complejas y propias que nos permitían dejar de lado los soporíferos momentos que pasamos encerrados en la casa cuando llovía o combatir la tediosa rutina de las salidas familiares (especialmente donde la tía Eli, que siempre te prohibía desordenar el maravilloso mundo de las herramientas de colección de tu abuelo). En esos momentos construidos espontáneamente la pasábamos bien, nos sorprendíamos y, lo mejor de todo, nos reíamos.
En el mundo de la ciencia, la creatividad juega un rol fundamental como generadora de ideas nuevas y profundas, que expanden nuestro conocimiento del mundo que nos rodea; lo que nos permite entenderlo, y hasta controlarlo. Esto se logra construyendo herramientas y técnicas basadas en estas ideas, lo que requiere una sistematización constante y compleja, y de mucha responsabilidad en su aplicación. Es quizá por esto que parte de  la caricatura del científico es la del tipo que se complica cuando explica por querer ser preciso y que es meticuloso en extremo, al punto de ser irritante. Es decir, es fome (¡si, lo dijimos! ¿y qué?).
Pero, a ver, ¿es tan así la cosa? ¿Son los científicos la fomedad con patas? Los que nos dedicamos a la ciencia sabemos que no es así. Sabemos que en el proceso creativo científico, lo absurdo y lo divertido aparecen naturalmente al responder cada pregunta científica. ¡Y a veces esas preguntas son de verdad divertidas!
¿A las vacas les gustará más estar de pie o acostadas (1)? ¿Si me tomo una pastilla de Viagra, se me podrá pasar más rápido el jetlag (2)? ¿Les dará dolor de cabeza a los pájaros carpinteros (3)? ¿Por qué siempre se da vuelta el café cuando camino (4)? ¿Son los perros sensibles a variaciones en el campo magnético de la tierra al momento de orinar? (5) «¡¿Estas son preguntas científicas?!», dirían muchos, científicos inclusive. Bueno, lo cierto es que sí lo son, porque son respondidas usando el método científico: esa maravilla metodológica que nos ha permitido poner satélites orbitando cometas a millones de kilómetros de distancia,  modificar la estructura de compuestos químicos a la escala molecular y entender cómo las especies animales evolucionan en nuestro planeta. «Ya, pero… suenan a chiste». Eso no significa que no sean buenas preguntas y que no valga la pena responderlas. ¡Y aún mejor, que te rías haciéndolo!
Esto es lo que celebran los Premios Ig Nobel: las investigaciones que hacen reír a la gente… y luego pensar. Esa es la premisa, y la logran todos los años. Este 2016 se realizará la entrega número 26 de la celebración organizada por la revista Annals of Improbable Research (si, así como suena) en el Sanders Theatre de la Universidad de Harvard donde diez categorías serán premiadas. En la ceremonia, aviones de papel lanzados desde el público asistente volarán sobre las cabezas de científicos que presentarán sus trabajos premiados por la risa que generan al leerlos. ¿Quién les entrega físicamente los premios a los científicos? Bueno, ganadores de Premios Nobel (sin Ig, como leyó bien). Ah, y el premio consiste en una «especie» de placa (con diferentes formas y colores), una hoja de papel firmado por varios Premios Nobel, y ¡10 trillones de dólares!… de Zimbabue. Bandas en vivo añadirán música a la diversión, el Museo del Mal Arte exhibirá parte de su colección, y una niña muy molesta hará que los discursos de los galardonados terminen a tiempo. En general, una celebración de lo absurdo y de lo divertido de investigar y hacerse preguntas.

Los Ig Nobel chilensis

Los premios Ig Nobel, como las investigaciones que premian, no entienden de barreras geográficas. ¡Es así como en Chile también tenemos laureados! Nuestro primer Ig Nobel fue en la disciplina de Economía en 1997. El galardonado fue Juan Pablo Dávila, de Codelco, por hacer perder al estado chileno 0,5% de su producto interno bruto diciendo que quería «vender» acciones de cobre cuando en realidad quería comprarlas. Con el tiempo se supo que la historia no fue tan chambonezca y todo era parte de una estafa al fisco (que fue llamada «Davilazo»), por lo cual Dávila pasó años en prisión.
Pero aparte de ese, tenemos ganadores del Ig Nobel laureados por verdaderas investigaciones. Enrique Cerda, físico y profesor de la Universidad de Santiago, fue premiado en Física el año 2007 por estudiar cómo se doblan las sábanas (la investigación de Enrique fue publicada en Nature (6), Physical Review Letters (7) y el Proceedings of the Natural Academy of Sciences (8), es decir, ¡En las revistas más importantes de Física y ciencia en general en el mundo!).
En uno de estos trabajos, el Prof. Cerda mostró que las pliegues en materiales elásticos delgados (como las sábanas en una cama o nuestra piel) se arrugan con una periodicidad λ que decrece con la dureza del sustrato K que las sostiene, de tal manera que λ es proporcional a K\-1/4. Esto significa que si la dureza de un sustrato donde sostengo una película elástica es diez mil veces más grande que la de otro, los pliegues en el primero estarán separados una distancia 10 veces más pequeña que en el segundo. Esto se puede aplicar tanto a las arrugas de las sábanas, como a los pliegues en nuestra piel o a la rugosidad de la cáscara de las frutas. Así, sabiendo como cambia la rugosidad de éstos pliegues, podríamos saber si una manzana está madura o no solo viendo su cáscara, o saber si una persona presenta problemas cutáneos mirando como se pliega su piel. Esto suena a ciencia ficción, pero no lo es: podríamos saber si tenemos cáncer a la piel (créalo o no) mirando nuestras arrugas.
Para la premiación de 2015; Bruno Grossi, Omar Larach, Mauricio Canals, Rodrigo A. Vásquez y José Iriarte-Díaz de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Chile fueron premiados  en la categoría de Biología por observar que cuando se le adosa un palo con peso conocido a la cola de un pollo, éste comienza a caminar parecido a la manera en que hubieran caminado los dinosaurios (9). Sí, como lo lee. Pero a pesar de eso, la lógica detrás es impecable. Pues, usted debe saber que las aves comparten aún muchas características de sus ancestros dinosaurios (si, las aves también son dinosaurios. Incluso tenían plumas, no le crea a Jurassic Park), por lo que tener literalmente a un grupo viviente de dinosaurios, nos permite viajar en el tiempo y reconstruir algunos aspectos de estos extintos animales. Una de estas características compartidas de las aves con algunos terópodos no aviares es la llamada «locomoción bipedal digitígrada en las extremidades posteriores», lo que en español significa que caminan con las dos patas de atrás apoyando sólo algunos dedos y no toda la planta (como cuando se usan tacos). Pero si usted ve caminar a un pollo, notará que estos tienen una postura un poco más «agachada» que lo usual, impulsando el movimiento a través de la flexión de rodillas. Sin embargo, y en contraste a sus primos vivientes, la condición que han inferido los investigadores para los dinosaurios terópodos es justamente una posición más erguida, y movimiento impulsado por la retracción del fémur. Por lo que haciendo un simple desplazamiento del centro de masa en los pollos, en teoría podrían reconstruir el caminar de sus ancestros extintos hace ~65 millones de años. ¿Lindo no?
Lo resultados que obtuvieron les permiten sugerir que efectivamente estas colas artificiales (a.k.a sopapo cular o usando un lenguaje técnico, este desplazamiento posterior del centro de masa), muestran pollos con una orientación más vertical hacia el fémur al estar de pie e incrementa el desplazamiento femoral, tal como sus ancestros, durante las caminatas. Ellos dicen: «Hemos mostrado que la adición de una cola artificial durante la ontogenia, puede producir cambios tanto en la postura como en la locomoción, consistentes con la postura y cinemática inferida para otros dinosaurios no aviares». #YeahScience
Pollo normal
Pollosaurio
Los pollosaurios cumplen a cabalidad con el objetivo de los Ig Nobels. Primero nos hacen reír, luego pensar. Sobre todo porque es una investigación que no necesitó de muchos de recursos para ser ejecutada: unos 12 pollos comprados en la feria (#TrueStory), unos palos con peso conocido, arcilla para modelar, un gallinero especialmente diseñado, masking tape, un par de cerebros y mucha imaginación.

Referencias:

1.- Bert J. Tolkamp, Marie J. Haskell, Fritha M. Langford, David J. Roberts, Colin A. Morgan, Applied Animal Behaviour Science, 124, pp. 1-10, (2010).
2.- Patricia V. Agostino, Santiago A. Plano and Diego A. Golombek, Proceedings of the National Academy of Sciences, 104, pp. 9834-9843 (2007).
3.- Philip R.A. May, JoaquinM. Fuster, Paul Newman and Ada Hirschman, Lancet, 307, pp. 454-459 (1976).
4.- Hans C. Mayer and Rouslan Krechetnikov, Physical Review E, 85, 046117 (2012).
5.- V. Hart, P. Nováková, E. Pascal, S Begal, V. Hanzal, et al. Frontiers in Zoology, DOI: 10.1186/1742-9994-10-80
6.- E. Cerda, K. Ravi-Chandar, L. Mahadevan, Nature, 419, pp.579-580 (2002).
7.- E. Cerda and L. Mahadevan, Physical Review Letters, 90, 074302 (2003)
8.-  E. Cerda, L. Mahadevan and J. Passini, Proceedings of the National Academy of Sciences, 101, pp. 1806-1810 (2004).
9.- Bruno Grossi, José Iriarte-Díaz, Omar Larach, Mauricio Canals, Rodrigo A. Vásquez, PLoS ONE, 9, e88458  (2014).