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El microbioma de l@s 155

Autor
Fecha de Publicación
2021/06/27
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Eje cerebro-microbioma-intestino, obra de Alexa Garín-Fernández @microbiale
Hace cuatro años, Federico, un niño de quinto básico de Antofagasta, me hizo una pregunta que me dejó pensando: «Si las bacterias son invisibles para los humanos, ¿somos invisibles para las bacterias?».
Esta pregunta se podría reinterpretar de distintas formas. Se puede pensar en la diversidad, en que lo normal es lo diferente y en que a muchas personas les hace falta mirar hacia afuera y mirarse hacia adentro.
La negación de la diversidad no tiene futuro. La pérdida de biodiversidad genera la pérdida de ecosistemas, de la vida misma. La microbiología se vuelve política, por ejemplo, cuando, para enfrentar una pandemia mortal, los gobiernos toman decisiones basadas solo en ideología y perspectivas económicas en lugar de basarse en el comportamiento de un virus y en cómo interactuamos los seres humanos.
¿Puede controlarse una pandemia desde la invisibilización del otro? Los efectos del virus no son invisibles para los humanos: vemos cómo este pequeño trozo de ARN (que podemos estudiar con microscopios electrónicos y biología molecular) causa decenas o cientos de muertes a diario y cómo modifica nuestra vida cotidiana de forma profunda, causando graves consecuencias sociales y económicas.
Desde la microbiología, conocemos la importancia de la diversidad invisible porque es la que logra unir y conectar los ecosistemas. Los seres humanos somos un ecosistema donde el 50% de nuestras células son humanas y el resto son microbianas: es gracias a nuestro microbioma, gracias a esta diversidad, que existimos. Los microorganismos son los procesadores de alimentos en el intestino, producen neurotransmisores, hacen alianza con el sistema inmune y desde que nacemos vamos enriqueciendo el camino humano y microbiano.
Podemos estar al lado de alguien que no conocemos, pero de todas formas estamos transmitiendo microorganismos. Es como un código QR en tres dimensiones que interactúa con otros, generando un gran holograma suprahumano. La pandemia de SARS-CoV-2 nos ha hecho muy conscientes de cómo intercambiamos virus y otros microorganismos, pero no debemos olvidar que este intercambio de microorganismos es también beneficioso: los microorganismos fortalecen nuestro sistema inmune, bloquean ataques de otros microorganismos patógenos, facilitan la metabolización de alimentos e incluso degradan toxinas. En otras palabras, nuestra diversidad microbiana es parte esencial de nuestra identidad, nos ayuda a sobrevivir y relacionarnos con el planeta.
La política microbiana también se podría expandir al momento constituyente. Hay principios clave que deben estar presentes en este proceso: por ejemplo, la participación ciudadana (accesible e inclusiva) y el reconocimiento de la diversidad humana (territorial, género, disidencias, personas con discapacidad).
Quienes integramos la Convención Constitucional, nosotros y nosotras, los de entonces, ya no «seremos» los mismos. Nuestro microbioma estará moviéndose en las salas del Palacio Pereira y en las localidades donde llegue la Convención. Vendrán aquellos que reconocen la lluvia como su símil, otros que necesitan la luz para producir más luz. Los del cerro, los del mar, los que sueñan, los que temen, los hijos de la tierra, las hijas del salar. 155 personas que traen consigo una nube microbiana que retrata sus experiencias y territorios como una marca invisible, única e irrepetible.
Que los ríos fluyan, que el proceso constituyente esté presente en cada rincón del país ya que tod@s somos constituyentes. Nunca más seremos invisibles, porque tendremos conciencia de que lo individual es tan solo una metáfora limitada y hasta peligrosa que nos desconecta, ya que la realidad es la construcción de colectivos, colaboraciones, simbiosis, redes, tal como lo hacen los microorganismos.
El microbioma de los 155 se multiplicará por miles, llevando la diversidad de los territorios a las páginas de la Nueva Constitución. Las redes de microorganismos y células humanas tejerán la voz no solo de un 20%, sino de todo un país. Y las bacterias y los humanos dejarán de ser invisibles los unos a los otros, cuando los invisibles finalmente alcen su voz.
Planeta microbiano, obra de Alexa Garín-Fernández @microbiale

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