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¡Llegó Andrés! El que viene una vez al mes (I)

Autor
Categoría
Biología
medicina
Salud Pública
Fecha de Publicación
2019/02/28
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Mujer, ¿cuántas veces le han preguntado si «anda con la regla»? Muy probablemente, nunca ha sido con fines estadísticos, sino como una forma de justificar el que usted se enojara porque se sintió ninguneada o pasada a llevar (con lo que se subentiende que reclamar o enojarse sería una reacción «no natural» por parte de una mujer). ¿Y cuántas veces le han reclamado porque en el basurero del baño se ven las toallas higiénicas o los tampones manchados con líquido menstrual? ¿Acaso esa misma gente imaginará que los papeles del baño están limpios?
Cerca de 300 millones de mujeres están menstruando en este mismo momento en diferentes lugares del mundo (1): o sea, no podría ser algo más común. Pese a ello, la menstruación sigue siendo un tema tabú, ignorado o de plano utilizado para la burla misógina. En Etilmercurio tenemos la certeza de que la menstruación es tan importante y cotidiana que debe ser un tema de salud pública, de higiene, de sustentabilidad y de equidad de género (2).
Así que ponga a la vista sus toallas higiénicas, su copita menstrual o sus tampones y vamos a la carga.

«¡Ay, qué asco!»

A lo largo de la historia y en las culturas más diversas, la menstruación ha sido vista de manera ominosa, impura o de frentón histérica (1, 2). El mismo Levítico lo dice: «El flujo en su cuerpo es sangre, ella permanecerá en su impureza menstrual por siete días; y cualquiera que la toque quedará inmundo hasta el atardecer» (3). La mal llamada «regla» (como si tuviera un periodo siempre «regular») también aparece en las interpretaciones del Corán: «Es haram [ilegal] que una mujer que está menstruando realice las oraciones» o que «circunvale alrededor de la Ka'aba [prisma rectangular​ que está dentro de la mezquita Masjid al-Haram en La Meca]» (3). O sea, además de andar hinchada, descompensada y adolorida, usted molesta a Dios y anda de las ilegales.
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Esto no pasa cuando las mujeres menstrúan, pero SESABE que se siente así. Fuente: GIPHY
El rechazo a la menstruación no se queda en los textos sagrados de las religiones. También los buenos de Hipócrates y Paracelso hablaban del «morbo sacro», del «fluido superfluo» y de la «toxina menstrual» (3) (parece que el patriarcado viene de mucho tiempo atrás, amigues). Y si esa connotada evidencia no le parece suficiente y necesita algo más glamoroso o más reciente, le contamos que RuPaul (conductor del programa de transformistas RuPaul´s Drag Race) prohibió a una participante usar un maravilloso vestido que simulaba una toalla higiénica, aduciendo a que era de mal gusto.
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No, RuPaul, ¡con la ruler no! Fuente: instagram.com/manilaluzon
En todo el mundo corren mitos sobre la menstruación: que si usted se baña, tendrá dolor de estómago y la sangre coagulará en su interior, que la mayonesa se corta cuando la prepara una mujer menstruando, que no se debe tener relaciones sexuales...
El estigma y el desconocimiento en torno a la menstruación ha empapado (no pun intended) la historia que construimos como humanidad, afectando enormemente a las mujeres, en especial a las que se encuentran en situaciones de vulnerabilidad social (6). Y da la casualidad (?) de que la historia y gran parte de los tratados que aborda la menstruación han sido escritos por hombres cisgénero quienes, por supuesto, no menstrúan (ahora, quién sabe si en el futuro...).
Quizás, querido lector o lectora, usted estará pensando «pero, ¿quién le hace caso a lo que dice la Biblia o el Corán o RuPaul? Du’h».
¿Sabía usted que en pleno siglo XXI hay lugares donde perdura la creencia de que las mujeres menstruando son símbolo de mala cueva suerte y que deben ser alejadas de su hogar, templo y familias por todo el periodo que dure el sangrado? Algunas, incluso, deben tomar caminos no habilitados para llegar a sus hogares, poniendo en riesgo sus vidas, mientras otras mueren asfixiadas, de hipotermia o mordidas por serpientes debido a las condiciones de las chozas donde son aisladas durante su periodo menstrual. ¿Y por qué las mujeres deberían dormir fuera de su hogar? Básicamente, por el mito del chhaupadi: se dice que la menstruación transmite maldiciones y mala suerte a los hogares (6, 7).
La práctica del aislamiento menstrual se ha considerado ilegal en India y Nepal, pero la tradición se ha mantenido zonas rurales, pese a los esfuerzos de distintas organizaciones para aumentar el conocimiento respecto a la menstruación en estas zonas (6).
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En Carrie, una madre fanática religiosa nunca le menciona a su hija que le iba a llegar la menstruación. ¿Qué pasa entonces? Arruina la graduación de su hija con «poderes» y desencadenando la furia adolescente #SpoilerAlert.

Impuesto al útero

Podríamos decir que esas son situaciones excepcionales, pero no se debe olvidar de que hay muchas mujeres en el mundo que tampoco tienen acceso a agua potable, a un WC (5) o a productos de higiene menstrual. Y aun cuando los tienen, muchas veces son víctimas del llamado «impuesto rosa»: el sobreprecio que se aplica a los productos de higiene femenina solo por el hecho de ser «personalizados» para mujeres. Por ejemplo, las máquinas de afeitar rosadas son más caras que las azules (8). Y no, no es porque sus hojas estén hechas de vibranium especialmente diseñado para la piel femenina.
Estos sobreprecios, discriminación y falta de acceso a servicios básicos se suman a las dificultades que tienen millones de mujeres para acceder a métodos anticonceptivos permanentes o de emergencia, ya sea por causas culturales, de disponibilidad o variedad de métodos, o por relaciones asimétricas que desfavorecen a las mujeres (6, 7).
Todas estas condiciones limitan el acceso de miles de mujeres a información sobre su menstruación, a los medios mínimos de higiene para el cuidado de su salud sexual y reproductiva, e incluso a la regulación o supresión de sus propias menstruaciones.
Porque sí, estimada lectora: se pueden tomar las píldoras anticonceptivas sin el mentado descanso —más información en la secuela de este post— o usar métodos de anticoncepción hormonales de larga duración que, como efecto secundario, pueden causar ausencia menstrual a.k.a amenorrea, si es que así lo quiere.
Como vemos, las complicaciones y discriminaciones que sufren las mujeres solo por menstruar no se limitan a zonas rurales o empobrecidas: se trata de un asunto transversal. Por ello, no parece descabellada la propuesta de un grupo de senadoras y senadores de entregar productos de higiene femenina en centros de atención a grupos vulnerables (establecimientos educacionales que reciban aportes del Estado, establecimientos públicos de salud, cárceles y albergues, y a mujeres en situación de calle). Con esta propuesta —que por ahora es solo una idea— se busca impulsar un cambio en la cultura de la menstruación, atacando directamente los prejuicios que la rodean, así como también al bolsillo: se puede gastar anualmente unos $50.000 o más en estos bienes de primera necesidad para la mayoría de las mujeres.
En algunos países, como es el caso de Colombia, estos productos se encuentran libres de impuestos. En otros, como Escocia, se reparten gratuitamente en escuelas y universidades.

El ciclo menstrual: de eso que apenas te hablaron en el colegio

Probablemente en alguna clase de biología olvidada en un rincón de su mente se nombró el ciclo menstrual. Si usted fue a un colegio mixto, seguro esta temática sacó ronchas entre los y las docentes de ciencias naturales (retumba la caída de carné) e hizo que todos sus compañeritos se pusieran rojos.
Ay, la preadolescencia.
Quizás tirarse cáscaras de naranja con el lápiz Bic era mucho más entretenido que tratar de aprender esa información, así que un no tan breve recordatorio nunca está demás.
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En 2 minutos, la revista Glamour explica cómo se siente el ciclo menstrual. Es importante recordar que todos los ciclos son diferentes y que muchas mujeres pueden no sentirse representadas por esta actriz. #fakeembebed #miramamásoyhacker
Para explicarlo, vamos a usar el clásico ejemplo (OJO lectores sub-20: esto es una pregunta de la PSU de Biología, así que ATENCIÓN) de un ciclo de 28 días y en mujeres que no se encuentran utilizando un método anticonceptivo hormonal. Hablamos de ejemplo clásico o lo que se ha entendido como «normal», pero el problema con este ejemplo es que el ciclo menstrual también puede variar durante el ciclo vital de la mujer y se estima que puede durar entre 23 y 35 días o moverse dentro de esos intervalos, lo que conocemos como períodos irregulares (9).
¿Cómo saber de cuántos días es su ciclo? Puede usar esta aplicación o su smartwatch favorito. Si no es de las tecnológicas y es más de las que compra el calendario de Felipito en la micro (nota de las autoras: #TeamHalconas #ÁngelParaUnFinal) también lo puede anotar ahí y llevarlo a su control anual de salud (su matron/a o ginecóloga/o lo agradecerá).
A lo que vinimos, entonces. Mirando desde la perspectiva uterina y ovárica, tenemos que el ciclo menstrual tiene cuatro fases:
1.Menstruación (días del primero al séptimo, aunque a veces puede llegar hasta el décimo inclusive): corresponde a la «descamación» del endometrio (10). El endometrio es una capa mucosa que cubre el interior de la cavidad uterina, algo así como un papel mural acogedor lleno de sangre y células, que es lo que los pro-vida los profesores de religión llamaban la «casita» para recibir al embrión. Muy hospitalario todo, ¿no? Esta caída del endometrio se corresponde además con los momentos más bajos de los estrógenos, progesterona, hormona luteinizante y hormona folículo estimulante que son las involucradas en todo este maravilloso (?) ciclo. Es esta baja de hormonas la que hace sentir a las mujeres más desanimadas y con ganas de quemarlo todo. El fin de la menstruación coincide además con el inicio de la fase folicular (9).
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Felipito intelectual les trae un datazo: cuando le pregunten sobre su fecha de última regla, esta corresponde al primer día de su última menstruación. por eso compre su calendario o regístrelo en su teléfono. Fuente: Felipe Araos.
2. Fase folicular (días 6 al 13): una vez terminada la fase de la menstruación, ocurre que el estrógeno, la hormona folículo estimulante y la hormona luteinizante están listas para volver al ataque y prepararse para un nuevo proceso de ovulación, elevándose lentamente. Pero es la hormona folículo estimulante la que se luce reclutando folículos y haciéndolas de sombrero seleccionador en los ovarios para decidir cuál será el elegido (9). Este reclutamiento también es señal para que comience nuevamente a reconstituirse des-pa-cito el tejido endometrial (etapa de proliferación).
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Este esquema incluye la temperatura basal pensando en los métodos anticonceptivos naturales. La elevación de temperatura se debe principalmente al incremento de la progesterona en el día de la ovulación. En Etilmercurio recomendamos que si usa método natural lo haga cuando busque un embarazo y no para prevenirlo. Demás está decir que los métodos naturales no previenen las ITS así que recuerde: ¡SIEMPRE CONDÓN!
3. Ovulación (día 14; recuerde que este es un modelo de 28 días, por lo que la ovulación puede modificarse en los ciclos irregulares entre los días 13 a 15): ya está todo listo y dispuesto en el folículo seleccionado que contiene el óvulo. Justo antes de la ovulación se produce el peak de estrógenos que aumenta la hormona luteinizante llevándola a su acme y provocando la ruptura del folículo -proteolisis- y liberando el óvulo (9).
4. Fase lútea (días 15 a 28): de los restos del folículo se forma el cuerpo lúteo y es acá donde la progesterona toma mayor protagonismo, ya que comienza a aumentar. Esta es la señal para empezar a redecorar la cavidad uterina, es decir, el endometrio comienza a crecer, preparándose ya sea para la fecundación o para volver al punto número uno: la menstruación (9).

¿Qué podemos hacer para disminuir el estigma y la inequidad menstrual?

Así como nos mostró el mini-documental Period: end of a sentence —ganador de un Oscar—, las diferencias culturales se pueden sobrellevar cuando se le entregan herramientas a mujeres para desarrollar sus propios negocios. En este caso, el negocio de las toallas higiénicas, ellas sobrevinieron las restricciones impuestas por sus maridos o padres. La venta del producto permitió a este grupo de mujeres en India llegar a sus pares e incluir a los hombres en la conversación de la menstruación, promoviendo su producto puerta a puerta —spoiler alert, creo—.
Podemos además apoyar iniciativas que busquen disminuir o prohibir el «impuesto rosa», además de entregar productos de higiene a la población vulnerable, como lo proponían los senadores chilenos. Fomentar la instalación de dispensadores con productos de higiene menstrual de manera gratuita en nuestros trabajos, en las escuelas y universidades o sumarnos a la elaboración de toallas higiénicas de género para ser entregadas en distintas zonas rurales, por ejemplo. Y también se puede apoyar a alguna ONG que trabaje con la equidad menstrual a lo largo del mundo.
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Así lo hacen en las universidades de Escocia: con esto impiden que las mujeres se ausenten por no tener la capacidad económica para comprar productos de higiene menstrual. Acá el uso es consciente: lo usa quien lo necesita. Foto: @criordor
Incluso la sola idea de incluir un emoji menstrual contribuye a llevar la conversación a lo cotidiano. También lo hace cambiar el gel con el que se hacen las pruebas en los spot de televisión por algo más real... Porque no, la sangre menstrual nunca ha sido azul y obvio que justo en «esos días» no todas estamos felices y casualmente usando pantalones blancos cuando nos llega la regla.
De hecho, si fuésemos malpensados, podríamos decir que la estrategia de marketing se basa en transmitir la idea de que la menstruación es sucia, pero sus productos de higiene son tan ultramegalimpios que usted hasta podría usar pantalones blancos durante el periodo.
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El emoji del período. ¿No es adorable? Fuente: Plan International UK
Parte esencial de desestigmatizar a la mujer menstrual es identificar y desmitificar creencias y tabúes que tenemos arraigados como sociedad. Por ello, le pedimos a las féminas de Etilmercurio que escogieran los mitos que más se les repetían durante la vida, además de buscar entre los comentarios de la red social más buena onda cuando se trata de defender cualquier idea feminista: Twitter.
Esperamos que nuestro top 5 coincida con los que usted conoce. Y si no, le invitamos a contarnos en los comentarios de este post otros mitos que haya escuchado (mil veces mejor que Yahoo Answers y Quora).

«La regla se corta con limón... si lo comes. Por favor, no se pongan limón en la vulva o la vagina».

Existe una asociación medio extraña acá. Al parecer, en alguna cultura se transmitió esta idea secreta entre las mujeres, pero la verdad es que no hay nada desde el aspecto científico que haya comprobado que esto suceda. Es más, si se produce anemia ferropénica, producto de meno-metrorragias, la recomendación es consumir el suplemento con productos que contengan vitamina C, como los cítricos, para ayudar a la absorción del hierro (16), pero de que pase algo con la menstruación, ni luces.

«Cuando preparas mayonesa casera —DANGER DANGER CUIDADO— estando con la regla, se corta».

No sabemos qué nos molesta más: que preparen mayo casera con huevos crudos no pasteurizados o que quieran culpar a la menstruación por no tener una procesadora de alimentos. Tampoco existe información científica al respecto y se considera un gran mito atado al machismo. El mito parece que existe solo para perpetuar la idea de que las mujeres menstruando son un mal augurio.
De paso, acabamos de descubrir qué nos molesta más que coma mayonesa casera. Así que, por favor, evite la infección estomacal causada por Salmonella spp.

«Se sabe que cuando las mujeres están juntas la regla se sincroniza porque estamos conectadas en un plano superior y empatizamos».

En el año 1971, la psicóloga Martha McClintock estudió a un grupo de estudiantes de pregrado que vivían juntas. La conclusión de su estudio fue que en los ocho ciclos menstruales estudiados el grupo acercó el inicio de sus ciclos menstruales en 5 días (17). Este resultado prendió con agua y durante mucho tiempo las mujeres creímos creyeron que esto era así. Las críticas sobre McClintock llovieron cuando no fue posible replicar los estudios y se cuestionó lo extraño de la metodología elegida. Todos los estudios que se condujeron posteriormente y con condiciones óptimas no han podido demostrar que existe la sincronía menstrual.

«Todas las mujeres deberían usar la copa menstrual por sustentabilidad» (dicho por un hombre en una red social cuando se propuso la entrega de productos de higiene menstrual en Chile)

En realidad, no es tan simple como parece. Como les explicamos, existen numerosos constructos culturales en torno a la menstruación. Imaginará usted lo complejo que es tratar de introducir la idea del uso de  la copa menstrual en mujeres que no han tenido actividad sexual, si ya lo hemos tenido difícil con los tampones. Aunque sea más sustentable (con una duración de hasta 10 años) y económicamente conveniente a largo plazo, si no es acompañada con un cambio de mentalidad es difícil que esta innovación tenga gran alcance.
Además, es importante mencionar que existen otros productos de higiene femenina sustentable como «flex», los calzones absorbentes (hay 7 modelos, no parecen pañales y no hay una única marca que los distribuye), o las toallas menstruales de género. El problema con estos es que si usted no tiene acceso a agua de manera constante, es difícil que pueda utilizarlos. Además, sus costos iniciales hacen que una tenga que chequear sus privilegios: van entre los 20 mil y 50 mil pesos ¡Lo que gastaría en un año, pagado de una!
Es importante que busquemos una solución al plástico que se genera cuando cerca 300 millones de mujeres están menstruando al mismo tiempo, pero debemos tener claro que no se puede obligar a nadie a usar cierto tipo de producto, así como tampoco lo podríamos hacer con los anticonceptivos.

«El problema de la higiene menstrual solo afecta a países tercermundistas» (dicho por un hombre, en una red social cuando se propuso la entrega de productos de higiene menstrual en Chile)

NO. Es importante reforzar esta idea: no son solo los países de bajos ingresos económicos —el término de tercer mundo ya no se usa, respect!— donde las mujeres deben lidiar con los costes de la equidad menstrual. Si fuese así, países de altos ingresos, como Escocia, en donde una encuesta reveló que cerca de un 22% de mujeres no cambia sus productos tan frecuentemente como desearía, o en Estados Unidos, no habría grupos apoyando la instalación de dispensadores gratuitos en las universidades. Parece que de nuevo hay que chequear los privilegios.

Bonus: «Si van a dar gratis productos de higiene femenina, entonces también queremos gratis las rasuradoras para hombres».

NO. Fin de la respuesta. Period.
No, en serio: las mujeres ya pagamos adicionalmente por las rasuradoras femeninas. Las toallas higiénicas significan un gasto anual adicional de 50 mil pesos por lo bajo, las farmacias se coluden coludieron para aumentar los precios de anticonceptivos que, por lo general, salen del bolsillo de la mujer, solo porque es la mujer quien debe cuidarse del embarazo (#AltoPatriarcado). Ya hablamos del impuesto rosa y como afecta los productos que están orientados a la mujer, que por ser de colores llamativos o con diseños y olores especiales es necesario pagar más. También debemos recordar que no tener acceso a productos de higiene menstrual impide que niñas asistan a la escuela, que algunas mujeres sean aisladas e incluso mueran solo por el hecho de tener la regla. Tratar de equiparar la afeitada con lo mencionado solo consigue seguir invisibilizando la pobreza menstrual.

Referencias

1.
George R. Celebrating Womanhood: How Better Menstrual Hygiene Management Is the Path to Better Health, Dignity and Business: Break the Silence! Geneva, Switzerland: WSSCC, 2013. Disponible aquí
2.
Hennegan, J., Shannon, A. K., Rubli, J., Schwab, Kellogg J.,Melendez-Torres, G.J., Women and Girls' Experiences of Menstruation in Low and Middle Income Countries: A Systematic Review and Qualitative Metasynthesis (August 16, 2018). Disponible aquí
3.
La Biblia. Disponible aquí
4.
El Sagrado Corán. Disponible aquí
5.
Alarcón-Nivia, Miguel Ángel. "Algunas consideraciones antropológicas y religiosas alrededor de la menstruación." Revista Colombiana de Obstetricia y Ginecología 56.1 (2005): 35-45. Disponible aquí
6.
Ranabhat, Chhabi, et al. “Chhaupadi Culture and Reproductive Health of Women in Nepal.” Asia Pacific Journal of Public Health, vol. 27, no. 7, Oct. 2015, pp. 785–795. Disponible aquí
7.
Stanback, John, et al. “Menstruation Requirements: A Significant Barrier to Contraceptive Access in Developing Countries.” Studies in Family Planning, vol. 28, no. 3, 1997, pp. 245–250. JSTOR. Disponible aquí
8.
Bessendorf, Anna. "From cradle to cane: The cost of being a female consumer." A Study of Gender Pricing in New York City. New York City Department of Consumer Affairs (2015). Disponible aquí
9.
Ciclo Menstrual - Clase del Postgrado de Reprodución Sexual, Rosario, Argentina (2004). Disponible aquí
10.
Warren, Laura A et al. “Analysis of menstrual effluent: diagnostic potential for endometriosis” Molecular medicine (Cambridge, Mass.) vol. 24,1 1. 19 Mar. 2018. Disponible aquí
11.
Recomendaciones sobre prácticas seleccionadas para el uso de anticonceptivos, tercera edición. Organización Mundial de la Salud (2018). Disponible aquí
12.
Normas Nacionales sobre Regulación de la Fertilidad. MInisterio de Salud, Chile. (2018). Disponible aquí
13.
Rose, R. M. "The psychological effects of androgens and estrogens--a review." (1972). Disponible aquí
14.
Hoffmann, Heather. "The aroma of arousal: Effects of menstrual cycle phase and women’s sexual arousal state on men’s responsiveness to women’s body odor." Biological psychology (2019). Disponible aquí
15.
Motro, Daphna, Allison S. Gabriel, and Aleksander PJ Ellis. "Examining the effects of menstruation on women's helping behaviour in the workplace." Journal of Occupational and Organizational Psychology (2019). Disponible aquí
16.
Cardero Reyes Yusimy, Sarmiento González Rodolfo, Selva Capdesuñer Ana. Importancia del consumo de hierro y vitamina C para la prevención de anemia ferropénica. MEDISAN  [Internet]. 2009. Disponible aquí
17.
McClintock, Martha K. "Menstrual synchrony and suppression." Nature (1971).
18.
Urbancsek, J. "An integrated analysis of nonmenstrual adverse events with Implanon®." Contraception 58.6 (1998): 109S-115S. Disponible aquí
19.
Johnston-Robledo, I., Barnack, J. & Wares, “Kiss Your Period Good-Bye”: Menstrual Suppression in the Popular Press. S. Sex Roles (2006) 54: 353. Disponible aquí
20.
Seasonal Prospecto FDA. (2003). Disponible aquí
21.
The Society of Menstrual Cycle Research. Menstruation is not a disease (2007). Disponible aquí
22.
Hillard, Paula Adams.“Menstrual suppression: current perspectives” International journal of women's health vol. 6 631-7.(2014). Disponible aquí