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El que viene una vez al mes II: la venganza de Andrés

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Fecha de Publicación
2019/03/13
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Imagen de portada: gentileza de @florenciatevy
Hace un par de semanas, en una galaxia no muy, muy lejana, hablamos sobre el ciclo menstrual y la menstruación (por si no ha leído ese post, le recomendamos que empiece por ahí y no al estilo machete). Repasamos la carga cultural que trae consigo, la inequidad social, económica y de género que se relaciona con la menstruación, y parte de la gran mitología que existe en torno al ciclo menstrual femenino.
Este post se viene tan denso como el flujo en los primeros días, así que ajuste su asiento, el brillo de su pantalla y disfrute de La venganza de Andrés. Imagen de Dave Morice.
Recapitulemos un poco sobre los aspectos netamente biológicos.
En el artículo anterior, indagamos sobre las cuatro fases del ciclo menstrual: menstruación, fase folicular, ovulación y fase lútea (sangrado, felicidad y reclutamiento del óvulo elegido, peak de felicidad para conducir a la fecundación y luego una mezcla hormonal extraña que nos hace sentir que se viene con cuática).
Lo que no contamos fue que no todos los ciclos tienen esta aura marcada de pseudofelicidad («¡Yupi! ¡No quedé embarazada!») y empoderamiento. Existen diversas formas en que las mujeres experimentan dolor durante la menstruación, motivo por el cual el estigma se ha ido acrecentando con los años.

Toc, toc. ¿Quién es? Dolor premenstrual, dismenorrea y endometriosis

Primero resolvamos una duda etimológica: ¿de dónde viene la palabra menstruación? Pues del latín menstruss, que tiene relación con la palabra mensis que significa (oh, sorpresa) mes, ciclo lunar, lunación (1). O sea, incluso el origen del concepto nos remite a la idea de que la regla, el período, la visita mensual (¡menstruación, caramba!) es algo cíclico, una constante en la experiencia femenina.
Cada mujer siente y vive de forma diferente este ciclo. Más aún: su percepción puede cambiar con los años o luego de tener hijos. Sin embargo, la invisibilización y el castigo social que pesa sobre la menstruación (y sobre la mayoría de las vivencias femeninas) limitan esta experiencia, impiden compartirla y, muchas veces, dificultan el pedir ayuda para sobrellevar sus síntomas más severos (sí, como esa migraña con aura que parece como si le estuviera palpitando el cráneo). Ya volveremos sobre estos síntomas en un momento.
La menstruación no solo marca el inicio y final del ciclo menstrual: también hay un efecto sistémico producido por las hormonas hipofisiarias. Este efecto sistémico varía notablemente de una mujer a otra en términos biológicos. Esta diferencia se nota en la cantidad de días que dura la menstruación, en la cantidad de flujo menstrual (¡Sí! La saaangreee mezclada con tejido del endometrio. ¿Se podrá hacer prietas con eso?), en la intensidad y tipos de dolor (de útero, de cabeza, de alma, para quienes tengan), en cómo perciben los hombres el olor del sudor (2) (¿Cómo? ¿En serio no lo sabía?) y también se nota en los efectos psicológicos. Esto último se produce como consecuencia de la respuesta a las variaciones hormonales, sí, pero muchas veces es también una respuesta al dolor (3, 4).
A veces dan ganas de sacarse el útero con cuchara: hasta eso sería menos doloroso. Créditos: Flickr de Alterna
El síndrome premenstrual, como lo explica la Clínica Mayo, tiene una gran variedad de síntomas y puede afectar al 75% de las mujeres. Como es premenstrual, se asocia con las caídas hormonales (que describimos en el post anterior) y suele presentarse días antes de que se produzca la menstruación. O sea, es como el trailer de una película gore.
Algunos de los síntomas más frecuentes son cambios súbitos de humor, falta de concentración, desinterés o imposibilidad de participar en eventos sociales (o asistir a los centros de estudio, o al trabajo), cambios en la líbido, aumento de la ansiedad, dolor de cabeza, aumento de peso transitorio por retención de líquidos, acné o fatiga. Los síntomas varían mucho de intensidad entre una mujer y otra.
«La vida es como una caja de bombones: nunca sab...», «Cállate y dame esa caja de bombones, Forrest» diría probablemente Jennie si alguna vez viéramos a las protagonistas de película en su ciclo menstrual... Algo que pareciera no existir en el cine. Imagen desde el Flickr de McBeth
Durante la menstruación también se puede padecer dolor de tipo cólico, un dolor llamado dismenorrea. Existen distintos tipos y categorías, pero el CIE-10 (el código internacional para clasificar enfermedades) las reconoce como menstruaciones dolorosas y contracciones uterinas durante la menstruación. Estos síntomas pueden durar algunos días e incluyen dolor pélvico o abdominal que puede irradiar a la zona lumbar y causar diarrea o vómitos. Puede además asociarse a menorragias, que corresponden a variaciones en la cantidad, tiempo o duración del sangrado.
Podrá usted imaginar lo complejo que se vuelve realizar nuestras tareas diarias con estas pequeñas molestias.
Pero esto no es todo, no, no, no.
En ocasiones, durante la menstruación, el endometrio migra (buscando visa para un sueño) y el flujo menstrual puede movilizarse por las trompas de falopio hacia zonas extrauterinas dentro de la cavidad abdominal (5). Usualmente, este flujo se reabsorbe, aunque en ocasiones se forman «parches de endometrio» en los intestinos, en el tejido cicatrizal de las cesáreas, en los ovarios, etc. Este fenómeno se conoce como flujo menstrual retrógrado (no solo a Mercurio le da la maña, dijo el Pedro Engels).
Esta situación es conocida como endometriosis y el CIE-10 la caracteriza con dolor pélvico crónico en más de la mitad de las mujeres afectadas. Cerca de dos tercios experimenta dolor pélvico solo durante la menstruación o sufre de dispareunia (dolor al tener actividad sexual). Además, la endometriosis se asocia con infertilidad en más de la mitad de los casos (6, 7). Esta enfermedad es de difícil diagnóstico, por lo que conocer números totales de afectadas se hace complejo debido a que se puede confundir con dismenorrea e incluso no ser observable a través de una ecografía o con una resonancia nuclear magnética.
Aun así, se estima que cerca de 176 millones de mujeres padecen endometriosis a nivel mundial. Para hacerlo un poco tangible: de cada 10 mujeres que usted conoce, probablemente una de ellas padece endometriosis (6, 7).
Por lo general, quienes sufren de endometriosis se enteran una vez que se quiere descartar como causa de infertilidad o luego de muchos estudios. El diagnóstico y el tratamiento se realizan en la misma cirugía: el tratamiento consiste en la ablación de los focos endometriósicos para disminuir el dolor y/o aumentar las probabilidades de fertilidad. Pero nada asegura que los focos no vuelvan a aparecer.
Algunos tratamientos alternativos pueden ser el uso de analgesia u hormonas (6, 7), incluyendo pastillas anticonceptivas, dispositivos liberadores de hormonas —implante o DIU— u hormonas inyectables/inhalables como la gonadotrofina coriónica humana (también conocida como la hormona del embarazo).

Anticonceptivos hormonales vs. menstruación: ready... FIGHT!

En el útero de las mujeres que utilizan un método de anticoncepción hormonal igual se forma endometrio. Por eso, durante el período de «descanso» se produce la menstruación.
Las hormonas que contienen las píldoras anticonceptivas, los implantes y los dispositivos intrauterinos se encargan de «engañar» al cuerpo, pues inhiben la ovulación suprimiendo la acción de las hormonas folículo estimulante y luteinizante, espesando el moco cervical y, aunque forman endometrio, este no es de la mejor calidad. O, como diríamos finamente, es atrófico (8).
Para más claridad, cuando se utiliza un método hormonal de manera continuada no se producen los peaks hormonales descritos anteriormente. Por ende, se mantiene una dosis estable de hormonas (progesterona y estrógeno en caso de anticonceptivos combinados o progestina sola sin su amigo estrógeno). Esto lleva a la reabsorción del tejido endometrial y, con ello, a la ausencia de menstruación.
Si el tejido endometrial se reabsorbe, no pasa nada malo. Contra las predicciones de los sabios (?) Paracelso e Hipócrates, las mujeres no se vuelven ni histéricas ni tóxicas por carecer de menstruación (9).
«Siempre hay envases vacíos» la muestra de un anticonceptivo combinado. Uno de los tantos métodos de supresión menstrual. Créditos: Surija, desde flickr
Peeeeero la supresión menstrual —o amenorrea inducida— tiene aspectos controvertidos. Vamos por partes.
Como decíamos al principio, estas vivencias exclusivamente femeninas tienen una gran carga social. La misma prensa ha perpetuado visiones dispares, dándole connotaciones negativas a la menstruación y a la menopausia (10). O sea, a las mujeres se las wev molesta porque tienen ciclo menstrual y porque no lo tienen. ¡Nada los deja conformes!
La menstruación es vista como una carga social tremenda y quienes hacen más comentarios negativos sobre ella son adolescentes hombres. En cambio, la menopausia es vista como algo negativo por la mayoría de las mujeres ya que se asocia con el fin de la fertilidad (10).
Hay, además, otro fenómeno social observado por la psicología: el de la sexualización de los cuerpos femeninos. ¿Recuerda la polémica que se dio hace algunos años porque Facebook e Instagram censuraban fotografías de mujeres amamantando o mostrando mastectomías? ¿Recuerda también esa rarísima obsesión de Instagram por los pezones y que, cuando creen que son de una mujer, los eliminan, pero si luego les dicen que son de un hombre los vuelven a subir? Pues bien, esto no es solo una rareza de estas empresas: es un asunto social.
De acuerdo con lo que ha estudiado la psicología, el cuerpo femenino es visto como un objeto sexual, un receptáculo del deseo masculino. Por ello, cualquier función biológica que no tenga que ver con el acto sexual —la menstruación, la lactancia, los vellos— tiende a ser ocultada, eliminada de la esfera social. Esconder estas funciones bajo la alfombra ayuda a mantener la idea de que la mujer es solo un objeto de deseo y no una persona con vivencias complejas (10, 11).
Tal como las píldoras anticonceptivas, los dispositivos intrauterinos liberadores de hormonas o los implantes subdérmicos también pueden provocar el efecto secundario de suprimir la menstruación. Sin embargo, la supresión menstrual puede o no ocurrir dependiendo de otros factores. Nunca es tan simple :’( Imagen de Sarahmirk
En 2003, la FDA aprobó uno de los primeros métodos hormonales continuos llamado Seasonal: consistía en 84 pastillas anticonceptivas combinadas con una semana de placebo. Con esto, se reducían las menstruaciones anuales a cuatro. Por eso seasonal: porque Andrés no llegaba una vez al mes, sino una vez en cada estación (12) (¿Entonces no debería dejar de llamarse Andrés? ¿No debería llamarse Simón o Encarnación?). Eso, claro, cuando había estaciones (¡maldito cambio climático!).
El Seasonal fue creado como una forma de apoyar a las mujeres que sufrían de dolor menstrual severo, endometriosis u otros efectos secundarios de la deprivación de estrógenos. En la actualidad, gracias a una actualización de la guía clínica de la Faculty of Sexual & Reproductive Healthcare (FSRH) y a un reportaje del The Guardian, nos enteramos de que el período de descanso era una estrategia de los coautores de la píldora para ganar aceptación y lograr un mayor apoyo de las altas esferas de la Iglesia Católica. El objetivo era afirmar que el método seguía siendo «natural» y así reducir las críticas y evitar que se prohibiera su uso. ¡Quién lo hubiera pensado!
Ahora sabemos que esta no era la única justificación: también había un problema con el control de las dosis de los anticonceptivos. En sus orígenes, las dosis eran demasiado altas y causaban náuseas matutinas, vómitos y dolor en las mamas... Algo como estar embarazada sin estarlo. Una oferta muy poco atractiva para cualquier mujer. Actualmente, las dosis están más controladas y estos efectos se han reducido drásticamente.
No obstante, aunque la anticoncepción actual tiene menos complejidades y efectos secundarios de los que tenía varias décadas atrás, la supresión menstrual es recomendada solamente para mujeres que sufren alteraciones menstruales severas (aun así, puede ocurrir que se produzca supresión menstrual como efecto secundario del método elegido). La Sociedad de Investigación del Ciclo Menstrual recomienda no promover su uso de manera masiva hasta que se obtengan mejores estudios sobre los efectos hormonales en la coagulación, la densidad ósea, el cáncer de mama y endometrio, junto con el impacto en el ciclo menstrual a largo plazo (11, 13). La idea que plantean es siempre decidir informadas.

¡Anticonceptivos pa’ las regalonas y los regalones!

Ya, todo eso se entiende. Pero entonces, ¿qué anticoncepción puede tomar usted? ¿En cuántas dosis? ¿Puede pedir que le receten un método que le corte la llave de paso a Andrés?
Todo depende. Cualquier método anticonceptivo, ya sea femenino o masculino (recuerde que el condón y la vasectomía son métodos anticonceptivos muy efectivos y la píldora masculina podría llegar a venderse en el mercado en los próximos años), debe considerar una consejería en anticoncepción con perspectiva de género. Lo mismo corre en caso que la mujer desee suprimir la menstruación. Esta consejería debe respetar la autonomía de la mujer en su vida sexual, pero también debe informar con evidencias sólidas sobre sus efectos, resolver dudas y evaluar los criterios de elegibilidad para el uso de anticonceptivos, considerando siempre su historia clínica y familiar (14).
Es decir, no es cosa de llegar y comprar el primer anticonceptivo que vea en la farmacia o que le haya recomendado una amiga: como dijimos al principio, todas las mujeres son distintas y reaccionan de forma distinta a los componentes activos de la amplia variedad de píldoras anticonceptivas.
Las recomendaciones para el uso de anticonceptivos emanan de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Este organismo recomienda poner a disposición la canasta más amplia posible de anticoncepción (14). Pero, como vimos en la primera parte de este post, hay barreras culturales, legales, sociales y hasta geográficas que restringen o dificultan el acceso a todas las opciones existentes (15). Muchas veces, enfrentar este problema no es un asunto sólo de recursos o leyes. Por ejemplo, el acceso a la anticoncepción en zonas rurales ha sido siempre difícil: para alcanzar a estos grupos humanos, se ha confiado en proveedores comunitarios de servicios sanitarios que administran anticonceptivos inyectables. Un país donde se hace esto es Guatemala.
También existen barreras legales e ideológicas. Para enfrentarlas, se trabaja con leyes, decretos, normativas y protocolos que establecen guías más o menos rígidas que puedan superar el rechazo cultural e ideológico a estos derechos. Por ejemplo, la última actualización de las «Normas nacionales sobre regulación de la fertilidad en Chile» son del año 2018 y se encuentran disponibles en la página web del Ministerio de Salud (16). Estas normas deben ser utilizadas por los y las profesionales de la salud que entregan métodos anticonceptivos: dichos profesionales tienen el deber de dar una orientación técnica y una consejería individual o de pareja pero para orientar y no cuestionar la decisión sobre el método (14,16).
En un mundo ideal, las consejerías deben estar libres de sesgos personales (“no es que Ud. es muy joven para esterilizarse, aunque tenga 3 hijos”, “mejor usar este método porque a mis pacientes les ha funcionado de lo mejor”) de laboratorios y marcas: lo que debe primar es la evidencia científica. Por ello, los y las profesionales de la salud deben estar en forma permanente actualizando sus conocimientos para así proveer la mejor orientación posible (14,16). La consejería no debe ser nunca un medio de coerción o crítica a la elección de un método anticonceptivo y es un deber explicar la canasta de métodos disponibles, respetando la decisión de la mujer, hombre o pareja que acude a la consejería (14).

Cinco mitos sobre la anticoncepción y el período menstrual (el cuarto te sorprenderá) #ClickBait

En Etilmercurio nos encanta recoger y destripar mitos (como los que multiplican los bots). Por ello, le traemos la sección favorita de la gente que gusta de pelear con trolls por redes sociales: cinco mitos sobre la anticoncepción y el período menstrual que han perseguido a las mujeres de Etilmercurio durante toda su vida.
Además, y completamente gratis, el paquete le incluye la gallarda opinión de los hombres que no menstrúan y que se dedican a opinar de estos temas en nuestra red social menos favorita: Twitter.
Acá una muestra de las preguntas más frecuentes sobre cómo puede producirse un embarazo. «¿Me puedo embarazar con la regla?» ocupa el segundo lugar y la respuesta la puede leer un poquito más abajo. Imagen: @unitaria_
Acá una muestra de las preguntas más frecuentes sobre cómo puede producirse un embarazo. «¿Me puedo embarazar con la regla?» ocupa el segundo lugar y la respuesta la puede leer un poquito más abajo. Imagen: @unitaria_
Comencemos por lo básico: no son las pastillas anticonceptivas las que engordan, puede ser que quien las use, engorde (#ElLenguajeCreaRealidad #CoachingOntológico #CofCof).
Para que sepa, la única diferencia entre las pastillas del consultorio y la que se compra en la farmacia es el tipo de progestina/progestágeno que se utiliza. Cuando se usan progestinas/progestágenos de generaciones más avanzadas, se pueden tratar algunos problemas propios del síndrome de ovario poliquístico, o los mismos quistes, el acné, el hirsutismo y la dismenorrea, pero hasta ahora no se han documentado grandes aumentos de peso por el uso de una marca de anticonceptivo en particular, y la ganancia de peso es relativa.
El único método que ha reportado una ganancia de peso superior al 10% basal anual y que ha llevado a las mujeres a cambiar/abandonar el método, es el implante subdérmico (17). Es importante recordar que el manejo del peso no depende exclusivamente del método anticonceptivo, sino y sobre todo, del estilo de vida de quien usa los métodos y de la promoción de ambientes no obesogénicos (¡A ustedes les hablamos! Sí, ustedes saben quiénes son).

«¡Argh! ¡Me duelen tanto los ovarios!»

Este es un gran «usted, no lo diga».
El dolor abdomino-pélvico de la menstruación es producto de las contracciones uterinas que privan a los tejidos de oxígeno por la compresión muscular, lo que libera compuestos químicos que generan dolor. Estas contracciones ayudan a que el endometrio se desprenda de la cavidad uterina. Por lo tanto, lo correcto es decir «¡Mamá! Me duele el útero!» o «¡Me arrancaría el útero con cuchara!». Porque sí, lo que les duele, queridas lectoras, es el útero.
En ocasiones, ocurren espasmos abdominales y/o vaginales. Pero en esos casos tampoco son los ovarios los que duelen, ya que estos no tienen sensibilidad. Lo que sí puede ocurrir es que haya quistes de gran tamaño capaces de producir irritación peritoneal y dolor.
«¿El peritoqué? ¿Moreno?»
No, no es el nombre de un glaciar de la Patagonia Argentina. El peritoneo cubre la cavidad abdominal y envuelve las vísceras para protegerlas y darles movilidad.

«No se puede tener sexo cuando se está con la regla»

En Etilmercurio creemos que la sexualidad debe ser experimentada de manera libre y siempre en un marco de respeto mutuo y del consenso (#NoEsNo). Si a usted o a su pareja (o parejas, no vamos a juzgar el poliamor) no les gusta tener sexo cuando usted o ella está menstruando, está bien. Pero sí debe saber que no hay ninguna razón biológica que impida tener actividad sexual mientras se está menstruando (así lo dicen los estudios 100tífikos). Lo más complejo de tener sexo en ese momento es, por supuesto, lo mucho que ensucia el flujo menstrual («de vez en mes con tu acuarela pintas jirones de ciruelas que van a dar hasta el colchón» como dice el provocador de terremotos).
Y ya que lo mencionamos... Ricardito, en serio, ¿qué demonios es eso de que «la cigüeña se suicida» con el flujo menstrual? ¿Cuántos años tenías cuando escribiste eso? Y, además, ¡¿cómo se te ocurre perpetuar esos clásicos estereotipos de que durante el período menstrual a las mujeres nadie las aguanta y hay receso sexual?!
Algunas mujeres dicen que el efecto del orgasmo les ayuda al manejo del dolor menstrual o que incluso se hace más agradable debido a que la vulva y la vagina se mantienen húmedas. A otras simplemente les puede parecer insalubre. Para gustos, colores.
Lo que es importante recordar es que el VIH y otras infecciones de transmisión sexual (ITS) se transmiten a través de fluidos corporales, como la sangre. Así que tener actividad sexual no protegida aumenta las posibilidades de contraer alguna de estas enfermedades, con o sin la menstruación. Así que, por eso, siempre, siempre condón.

«Si tengo sexo con la regla no me voy a embarazar 100% real no fake»

En la misma clase de biología en la que probablemente le trataron de explicar el ciclo menstrual y usted se entretenía tirando cascaritas de naranja de seguro les hablaron de los días fértiles e infértiles. Es muy probable que usted haya puesto atención porque, jaque mate, en este país (qué decimos, en casi todo el continente) no hay cultura del uso del condón así que, cualquier oportunidad para no usarlo, ¡hay que aprovecharla! Porque, obvio, lo único que importaba era no quedar embarazada.
En el primer post explicamos que los ciclos de las mujeres pueden variar. Eso significa que también puede haber variaciones en el marco de los días fértiles y la ovulación (18). Por ejemplo, en un ciclo de 23 días, el día de la ovulación puede estar entre los días 10 a 12. «Ah», pensará usted, «entonces, si tengo sexo sin protección en el momento final de la menstruación da lo mismo, todavía estoy en el día séptimo, así que cero posibilidades de embarazo...».
No, no, no. 100% no.
¿Sabía usted que los espermatozoides pueden sobrevivir en los repliegues internos del cuello uterino y, en condiciones óptimas de pH, pueden subsistir hasta por cinco días? Si alguno de esos espermatozoides Bruce Willis puede seguir agitando su larga cola hasta el momento de la ovulación, existe la posibilidad de embarazo. Pequeña, sí, pero existe (inserte sonido de explosión de cabeza) (19).
Wait WHAT! En efecto existe una probabilidad muy pequeña de embarazo, pero EXISTE. Así que no se confíe. Gif vía: GIPHY
Lo más importante es recordar que el ciclo menstrual puede ser afectado por diversos factores, muchos de los cuales usted no controla. Seremos bien majaderas con esto: ni siquiera en las mujeres que tienen ciclos muy regulares la cosa funciona como el maravilloso dibujo que les mostramos la semana pasada (18).
Tampoco podemos obviar que todos los métodos anticonceptivos tienen una tasa de falla. Muy baja, pero existe. Así que incluso utilizando anticonceptivos hormonales se puede producir la ovulación.
Antes de que se ponga a correr en círculos y se autoconvenza que la abstinencia es la única solución posible, piense en la doble protección. Y no, no nos referimos a doble condón (nunca doble condón, jamás: la fricción entre ellos puede desgastar el material y reducir su efectividad), sino al uso de condón y anticonceptivos hormonales. Con eso consigue un combo: previene el embarazo no deseado y el contagio de ITS. Y, además, demuestra que la prevención es una responsabilidad compartida.

«No te puedes bañar cuando andas con la regla. ¿Qué es eso de lavarse el pelo?»

Este mito se ha perpetuado por tanto tiempo, que ya ni siquiera recordamos su origen. Al parecer estaba la idea de que al bañarse con agua fría se coagula la sangre y eliminar coágulos sería malo para la salud de las mujeres, porque aumentaría el dolor, o cambiaría la duración del ciclo (hay más mitos y explicaciones en el siguiente link)...
En realidad, no hay ninguna evidencia científica que apunte a que bañarse durante la menstruación o lavarse el pelo pueda afectarle en lo más mínimo (excepto en la reducción de los olores corporales y la eliminación de mugre, claro está). Así que no tema meterse a la tina, a la piscina, al mar, lagos, ríos o a la pileta cuando Andrés esté de visita.

Bonus: «El tema para mí no es las toallas higiénicas el tema es la educación. La educación nos enseña a bañarnos todos los días. La educación nos enseña a usar condones. De qué sirven estos elementos si al momento de usarlos no se bañan. Sentido común por favor» (un hombre usuario de Twitter cuando se debatió la idea de entregar productos de higiene femenina a mujeres en situación de vulnerabilidad)

NO. Enfáticamente, NO. Como explicamos en el post anterior, existen barreras culturales y estructurales que reducen el acceso a productos de higiene femenina.
Es cierto que la gran mayoría aprendemos a bañarnos todos los días (aunque la efectividad del desodorante no dure todo el día), pero, ¿qué pasa si hay acceso reducido al agua potable? No todos los pueblos y ciudades tienen un flujo en apariencia ilimitado de agua, como nos tienen mal acostumbradas las grandes ciudades occidentales. ¿Y qué pasa si vivimos en situaciones de tal vulnerabilidad que, a pesar de que sepamos que debemos bañarnos, simplemente no podemos? - chequea tus privilegios, SIEMPRE -
Pero, incluso asumiendo que tenemos acceso a agua potable y que nos podemos bañar todos los días, nuestros equipos de inteligencia (?) todavía no logran descifrar qué tiene que ver esa extraña afirmación masculina con la decisión de entregar toallas higiénicas a mujeres en situación de vulnerabilidad.

Mucho más por saber, mucho más por aprender

La educación sexual en Chile y en gran parte de Latinoamérica se ha basado en la prevención del embarazo con el concepto de abstinencia sexual como bandera. De condones, ni hablar. Recordemos que el año 2001 tres canales de televisión abierta se negaron a emitir una campaña de Gobierno que «incitaba el uso del condón».
Sí, eso ocurrió en el siglo XXI.
Las barreras y tabúes que rodean la anticoncepción y la menstruación se traducen en que las campañas educativas y los programas de educación sexual no son comprensivos, no incluyen afectividad sexual, ni tienen enfoque con perspectivas de género. De ahí a entender el ciclo menstrual como algo más allá de algo biológico, nos falta mucho.
Y por si estas trabas fuesen pocas, la carga reproductiva se asocia casi exclusivamente con las mujeres. Este prejuicio sigue siendo reproducido por muchos y muchas profesionales del área de la salud (N. de la A.: a ustedes, les hablo colegas). Hoy en día, es relevante fomentar la corresponsabilidad en todas las dimensiones de la anticoncepción y la reproducción, así como también en el cuidado de los hijos e hijas.
En fin. Aún hay mucho que conversar, mucho que arreglar, mucho que aprender y mucho que hacer para igualar el acceso a productos de higiene femenina, para desmitificar la menstruación y para decidir sobre la anticoncepción. Para entender lo esencial y cotidiano del problema, recomendamos ver el documental Period: End of Sentence (disponible en su plataforma de streaming favorita) o leer el post del New York Times acerca del chhaupadi o exilio menstrual.
Porque recuerde: la menstruación no es un problema, no es una enfermedad ni algo negativo: es algo tan cotidiano como respirar, comer y pasar al baño. Es parte habitual en la vida de las mujeres y no debe ser invisibilizado, porque no es un asunto meramente biológico: sus efectos más extremos pueden afectar la vida diaria de las mujeres en formas que un hombre sin útero es incapaz de entender. Y, por ello, es también un tema de equidad de género.
Este post es parte de una trilogía, asegurate de leer la historia completa:

Referencias

1.
Etimología: menstruación (2018). Disponible aquí
2.
Hoffmann, Heather. "The aroma of arousal: Effects of menstrual cycle phase and women’s sexual arousal state on men’s responsiveness to women’s body odor." Biological psychology (2019). Disponible aquí
3.
Rose, R. M. "The psychological effects of androgens and estrogens--a review." (1972). Disponible aquí
4.
Motro, Daphna, Allison S. Gabriel, and Aleksander PJ Ellis. "Examining the effects of menstruation on women's helping behaviour in the workplace." Journal of Occupational and Organizational Psychology (2019). Disponible aquí
5.
Warren, Laura A et al. “Analysis of menstrual effluent: diagnostic potential for endometriosis” Molecular medicine (Cambridge, Mass.) vol. 24,1 1. 19 Mar. 2018. Disponible aquí
6.
Endometriosis (2011). Disponible aquí
7.
Endometriosis association (2018). Disponible aquí
8.
Martinez, F. "Mecanismo de acción de los anticonceptivos orales combinados de baja dosis." (2002). Disponible aquí
9.
Alarcón-Nivia, Miguel Ángel. "Algunas consideraciones antropológicas y religiosas alrededor de la menstruación." Revista Colombiana de Obstetricia y Ginecología 56.1 (2005): 35-45. Disponible aquí
10.
Johnston-Robledo, I., Barnack, J. & Wares, “Kiss Your Period Good-Bye”: Menstrual Suppression in the Popular Press. S. Sex Roles (2006) 54: 353. Disponible aquí
11.
The Society of Menstrual Cycle Research. Menstruation is not a disease (2007). Disponible aquí
12.
Seasonal Prospecto FDA. (2003). Disponible aquí
13.
Hillard, Paula Adams.“Menstrual suppression: current perspectives” International journal of women's health vol. 6 631-7.(2014). Disponible aquí
14.
Recomendaciones sobre prácticas seleccionadas para el uso de anticonceptivos, tercera edición. Organización Mundial de la Salud (2018). Disponible aquí
15.
Stanback, John, et al. “Menstruation Requirements: A Significant Barrier to Contraceptive Access in Developing Countries.” Studies in Family Planning, vol. 28, no. 3, 1997, pp. 245–250. JSTOR. Disponible aquí
16.
Normas Nacionales sobre Regulación de la Fertilidad. MInisterio de Salud, Chile. (2018). Disponible aquí
17.
Urbancsek, J. "An integrated analysis of nonmenstrual adverse events with Implanon." Contraception 58.6 (1998): 109S-115S. Disponible aquí
18.
Wilcox, Allen J., David Dunson, and Donna Day Baird. "The timing of the “fertile window” in the menstrual cycle: day specific estimates from a prospective study." Bmj 321.7271 (2000): 1259-1262. Disponible aquí
19.
S.S. Suarez, A. A. Pacey; Sperm transport in the female reproductive tract, Human Reproduction Update, Volume 12, Issue 1, 1 January 2006, Pages 23–37. Disponible aquí