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La ciencia no es un camino: es el camino

Autor
Fecha de Publicación
2018/02/27
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Agradecemos la cortesía de El Definido, medio en el cual fue publicado originalmente el artículo que insertamos a continuación.
Créditos de la imagen de portada: The Kingsway School.

¬ęAfirmar que a la ciencia le queda mucho camino por recorrer o incluso que se encuentra en un estado embrionario no implica que sea defendible aferrarnos a creencias que carecen de evidencia de respaldo.¬†Nuestros sentidos son paup√©rrimas varas de medida para evaluar realidades objetivas.¬†La experiencia personal no es evidencia, es an√©cdota.¬Ľ

Viajando por la Ruta 5 a la altura de Los Manantiales, un amigo coment√≥ que ese era ¬ęun lugar lleno de energ√≠a¬Ľ. Le pregunt√© qu√© quer√≠a decir. Su respuesta indic√≥ m√°s una noci√≥n vaga que una afirmaci√≥n clara. He vivido numerosas experiencias similares a esta en mi vida.
Luego de una funci√≥n de Santiago a Mil, el elenco convers√≥ con el p√ļblico y una de sus miembros coment√≥ muy suelta de cuerpo acerca de los tipos de ¬ęvibraciones de las palabras¬Ľ, dando por sentada la veracidad de un fen√≥meno que yo nunca antes hab√≠a o√≠do. Los tarotistas salpican el paisaje del Paseo 21 de Mayo, el mercado ofrece m√©diums a un Whatsapp de distancia, ps√≠quicos van a la tele y diarios prestigiosos incluyen hor√≥scopos.
Al cuestionar la credibilidad de este tipo de pr√°cticas, las respuestas habituales son de dos tipos:
1.
¬ę¬ŅAcaso no te das cuenta de que a√ļn hay muchas √°reas desconocidas para la ciencia?¬Ľ
2.
¬ęYo lo viv√≠. No ten√≠a c√≥mo saber tal y tal acerca de‚Ķ Ocurri√≥ lo que predijo¬Ľ

Respecto a las √°reas desconocidas

El primer cuestionamiento encierra un error conceptual del tama√Īo de una catedral: que abundan √°reas desconocidas para la ciencia es de perogrullo. Cuando en astrof√≠sica se habla de ¬ęmateria oscura¬Ľ, por ejemplo, es solo una denominaci√≥n elegante de la ignorancia respecto a un mont√≥n de masa que los modelos no pueden explicar. Algo similar ocurre con la ¬ęenerg√≠a oscura¬Ľ, una etiqueta que denomina fen√≥menos que todav√≠a no entendemos.
As√≠ como el espectro electromagn√©tico a√Īadi√≥ toda una nueva capa de percepci√≥n al mundo a partir del siglo XIX (o sea, anteayer), de seguro hay otras capas esperando ser descubiertas. Quiz√°s muchas. De vernos encender la televisi√≥n con un control remoto, Newton nos habr√≠a cre√≠do hechiceros, en circunstancias de que hoy comprendemos el fen√≥meno f√≠sico al detalle. De la misma manera, casi nadie duda de que seguiremos revelando propiedades del universo que con ojos de hoy nos parecer√≠an m√°s propias de la esfera de la magia. En el siglo XXXV se sonrojar√°n tras conocer nuestra pat√©tica ignorancia.
Sin embargo, el afirmar que a la ciencia le queda mucho camino por recorrer o incluso que se encuentra en un estado embrionario no implica que sea defendible aferrarnos a creencias que carecen de evidencia de respaldo. Dicho de otra manera, reconocer que es mucho lo que no sabemos no nos permite creer sin saber.
Imagine al due√Īo de un pastor alem√°n que, irresponsablemente, se reh√ļsa a castrarlo y lo deja suelto por el barrio. El due√Īo puede afirmar ¬ęs√© que no s√© acerca de la descendencia de mi perro¬Ľ, pero eso no le da razones para especular que su pastor alem√°n es padre de un poodle cachorro que vive a cinco cuadras de distancia. De la misma manera, no podemos afirmar as√≠ como as√≠ que ¬ęel Valle del Elqui es un lugar lleno de energ√≠a¬Ľ. La existencia del poodle o los influjos del valle exigen que alguien deposite evidencia convincente sobre la mesa. Mientras ello no ocurra, no podemos extraer afirmaciones del sombrero. Es perfectamente posible que alg√ļn d√≠a se descubra que en Cochiguaz se irradia un fen√≥meno f√≠sico que hoy no somos capaces de detectar, pero mientras no haya alguna manera de respaldarlo debemos guardar silencio y atenernos a lo que sabemos. ¬ŅEs posible que la medicina oriental ofrezca soluciones eficaces? Por supuesto que s√≠, pero no podemos recomendarla mientras no se lleven a cabos test rigurosos para demostrarlo.

Respecto al ¬ęyo lo viv√≠¬Ľ

El segundo cuestionamiento es más difícil de rebatir porque suele originarse en experiencias personales que parecen indesmentibles para sus protagonistas. Pero debemos reconocer la asombrosa falibilidad de nuestras percepciones. Nuestros sentidos son paupérrimas varas de medida para evaluar realidades objetivas.
Por eso, y como se muestra en un estudio de Emmanuelle Barozet y Jaime Fierro, el a√Īo 2005 m√°s del 78% de la poblaci√≥n se percib√≠a como de clase media o media baja, cuando la cifra real de este sector es solo de un 43,4% (distorsi√≥n que, por cierto, se ha mantenido con los a√Īos); por eso tantos creen que antes llov√≠a mucho m√°s aunque no sea exactamente lo que¬†muestran los datos¬†y por eso tantos creen que Chile se ha vuelto m√°s peligroso en circunstancias de que las tasas de criminalidad se han desplomado a m√≠nimos nunca antes vistos.
En un famoso experimento, se pidió a voluntarios contar los pases de un equipo de básquetbol en un video. De improviso, aparece una persona en un traje de gorila. Se pasea por el centro de la actividad durante once segundos y hasta se golpea el pecho. Menos de la mitad de más de 100.000 personas advierte la presencia del gorila, incluso después de que se les preguntó si observaron algo inusual. Al mostrarles la secuencia de nuevo, muchos aseguraron que es imposible que no lo hayan visto, que el segundo era un video distinto.
O considere el caso de Carrie Poppy, una periodista que en las noches sent√≠a presi√≥n en el pecho y todo tipo de sonidos inexplicables en su casa. Google√≥ hasta dar con un grupo de ¬ęcazafantasmas esc√©pticos¬Ľ. Le preguntaron ¬ę¬ŅHas o√≠do de intoxicaci√≥n por mon√≥xido de carbono?¬Ľ. Dicho y hecho. Los s√≠ntomas son los mismos que la gente describe como ¬ęest√°n penando¬Ľ, con la diferencia de que es un peligro real y muchos mueren en consecuencia. Poppy se dedic√≥ al estudio de lo paranormal, muchas veces en forma clandestina, y tras m√°s de 70 casos declara: ¬ęMe encantar√≠a decirles que nueve de diez veces la ciencia gana y salva la situaci√≥n, todo se explica. Pero eso no es cierto. La verdad es que diez de cada diez veces la ciencia gana y salva la situaci√≥n¬Ľ.
Respecto a la falibilidad de nuestras percepciones, podr√≠amos citar ejemplos para llenar vol√ļmenes. Solo el art√≠culo de sesgos cognitivos en Wikipedia cita 185 tipolog√≠as. En t√©rminos de creencias no basadas en la evidencia, el lastre m√°s pesado es el llamado sesgo de confirmaci√≥n: recordamos l√ļcidamente los aciertos, pues queremos creer, pero olvidamos o menospreciamos los yerros. ¬ęEl tarotista dijo que me ascender√≠an en la pega y a la semana ocurri√≥¬Ľ. Parece indesmentible, pero al entregar decenas de vaticinios lo suficientemente gen√©ricos y de probabilidad significativa en uno que otro se acertar√°. Los ascensos laborales son asunto rutinario, lo mismo que encontrar un amor o reconciliarte con un ser querido. Es un disparo a la bandada. Si se administra con la vaguedad suficiente, no es improbable que alguno de ellos ocurra, un logro que se transformar√° en un fen√≥meno indeleble. Pero p√≠dele el RUT de ese futuro amor o la fecha del ascenso y el augur te mirar√° con cara de no estoy para tus jueguitos.
O pi√©nselo as√≠: si alguien de verdad poseyera la habilidad de leer el futuro mediante cartas o l√≠neas de las manos, ¬Ņmalgastar√≠a semejantes poderes bajo un toldo caluroso en plena v√≠a p√ļblica a cambio de unos pocos pesos?
Presumo que si usted ha vivido una de esas experiencias estoy todav√≠a lejos de convencerlo. Dir√° ¬ęa m√≠ de verdad me penaron, lo m√≠o no fue mon√≥xido de carbono¬Ľ. Deme otra oportunidad. En 1964, James Randi ofreci√≥ una peque√Īa fortuna a quien demostrara el dominio de una actividad paranormal. En 1996, la recompensa se increment√≥ a US$ 1 mill√≥n, un monto suficiente para asegurar el resto de la vida de una persona normal. M√°s de mil personas lo intentaron sin √©xito.
¬ŅTodav√≠a no, supongo?
Preste atenci√≥n. De las creencias de este tipo, quiz√°s la m√°s extendida es la del efecto de los signos zodiacales en la personalidad. ¬ęAh, ella es sagitario, no es raro que reaccione as√≠¬Ľ. Si usted cree en esto, respire hondo y tome un vaso de agua. ¬ŅOK? Aqu√≠ vamos: el calendario zodiacal se instaur√≥ hacia finales del siglo V A.C. en base a las posiciones de ciertas constelaciones en el firmamento. Transcurridos 25 siglos, ha operado el fen√≥meno de la precesi√≥n, un leve cambio de direcci√≥n del eje de rotaci√≥n de la Tierra. Dado que el calendario zodiacal nominal nunca ha sido actualizado, ¬°el 86% de las personas naci√≥ bajo una constelaci√≥n diferente a la que siempre han cre√≠do! Salvo el 14% de los casos, cada una de las reafirmaciones vertidas a lo largo de sus vidas (¬ęoh, ella es TAN escorpi√≥n¬Ľ) han sido OBJETIVAMENTE sesgo de confirmaci√≥n, pues al nacer ni siquiera actuaba el supuesto influjo astral que el papel les adscribe.

Tome la vía de la ciencia

Lo cierto es que el √ļnico camino posible para adquirir conocimiento nuevo acerca del funcionamiento del mundo es la ciencia. S√© que a muchos semejante afirmaci√≥n le parecer√° intolerante, prepotente, poco humilde, due√Īa de la verdad y todas las anteriores. Pero, ¬Ņsaben por qu√© no es as√≠?
Porque la ciencia no es una herramienta entre muchas: la ciencia es el nombre gen√©rico que como humanidad le hemos dado a todo el conjunto de herramientas que a lo largo de los siglos hemos dise√Īado para verificar hip√≥tesis. Es un concepto paraguas que describe todo el arsenal metodol√≥gico edificado para validar resultados, de manera que sean replicables por parte de terceros. Cuando se inventa un nuevo instrumento, no aparece una alternativa a la ciencia, se extiende su √°rea de acci√≥n. ¬ŅDice que el reiki funciona? Perfecto, dise√Īe un mecanismo que nos permita replicar los resultados. Puede ser un m√©todo nuevo, a su pinta, siempre y cuando su metodolog√≠a permita que otros sigan sus pasos y arriben a los mismos resultados.
Con esto no pretendo negar el rol irremplazable que expresiones humanas tales como la pasión, el sentimiento o la intuición ejercen en la vida. Son protagonistas de áreas constitutivas del ser, tales como el arte, el sexo, el humor o el baile desenfrenado. Pero no en la tarea específica de expansión de la frontera del conocimiento.
Tolerancia implica respeto y no coerci√≥n, pero no aceptaci√≥n acr√≠tica. El momento en que dice ¬ęusted piensa A, yo pienso B, y ambas posturas son igual de v√°lidas¬Ľ est√° capitulando su independencia intelectual en pos de evitar el disenso. Puede ser lo m√°s c√≥modo en el plano social, pero es inconsistente consigo mismo y abono para supercher√≠as, con frecuencia da√Īinas. Esto no significa que siempre haya que ir al choque: se puede guardar silencio. Al fin y al cabo, nadie quiere pasarse toda la vida discrepando. Pero plantear en voz alta que creencias sin fundamentos demostrados son igual de leg√≠timas que las resultantes de d√©cadas de esfuerzo sistem√°tico es una rendici√≥n contraproducente.
Si un ser querido enfrenta una enfermedad con homeopat√≠a, reiki, piedras magn√©ticas o reflexolog√≠a, preg√ļntele: ¬ę¬ŅCu√°l es la evidencia en la que basas tus convicciones?¬Ľ. Es posible que replique con frases del tipo ¬ęhay que ser abiertos de mente¬Ľ o que ¬ęla ciencia es solo un camino entre muchos, no te sientas due√Īo de la verdad¬Ľ. En tal caso, debe ser capaz de explicar qu√© otra v√≠a existe, distinta al conjunto completo de mecanismos humanos de verificaci√≥n y replicabilidad.
Por supuesto, si les ha resultado √ļtil, fant√°stico, que contin√ļe. Pero como sociedad debemos ser cuidadosos de no asignar causalidades equivocadas. Puede tratarse de efecto placebo, sesgo de confirmaci√≥n y/o ausencia de contrafactual (no sabemos qu√© habr√≠a ocurrido de no hacer nada porque no hay grupo de control). La experiencia personal no es evidencia, es an√©cdota.
La comida es un √°rea particularmente sensible, pues las v√≠as alternativas est√°n muy extendidas y ejercen influencias m√°s poderosas que la numerolog√≠a o el biomagnetismo. ¬ęLa dieta paleol√≠tica es ideal¬Ľ. Podr√≠a ser, no hay razones para descartarla de antemano, ¬Ņpero d√≥nde est√° la evidencia? ¬ŅVa a implementar un cambio mayor en su vida en base a una premisa no probada o el simple consejo de amigos? ¬ŅY m√°s encima en una √©poca de la historia en la que acceder a la evidencia demanda tan solo unos pocos clics? ¬ęHay que evitar la cocci√≥n, ¬°viva el crudiveganismo!¬Ľ. De nuevo, es plausible, pero afirmaciones extraordinarias demandan evidencia extraordinaria. ¬ęLos preservantes son da√Īinos independiente de la dosis¬Ľ. Lo que se vende en el supermercado es aprobado por la FDA, que cuenta con un ej√©rcito de profesionales dedicados a tiempo completo a escudri√Īar ese tipo de respuestas, premunidos de un presupuesto de cinco mil millones de d√≥lares anuales. ¬ŅNo es de una egolatr√≠a absurda suponer que nuestra intuici√≥n o sentido com√ļn es m√°s confiable que ese gigantesco equipo humano hiperespecializado que trabaja de sol a sol para arribar a una respuesta? Algunos dir√°n, ¬ęah, pero mira el aumento del c√°ncer¬Ľ. No. La incidencia del c√°ncer aumenta fundamentalmente porque hoy vivimos tanto ‚ÄĒla esperanza de vida se ha triplicado‚ÄĒ que le damos mucho tiempo para manifestarse. De algo tenemos que morir.
En lugar de perder tiempo y dinero buscando soluciones sin una br√ļjula clara, concentre sus balas en el enorme bot√≠n de tesoros probados que la ciencia nos ha regalado. Como dice Salom√≥n Sch√§chter, ya probamos vivir comiendo comida org√°nica, sin vacunas, con partos caseros. Se llamaba edad de piedra y la esperanza de vida era de 28 a√Īos.