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Humboldt superstar

Autor
Categoría
Biología
Fecha de Publicación
2017/02/15
Temas
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Florencio Ceballos para Etilmercurio
Yo hubiese querido que el art√≠culo se llamara ¬ęDiez cosas que no sab√≠as de Humboldt; la octava te sorprender√°¬Ľ, pero los editores de este medio son extremadamente cient√≠ficos (?) y no permiten tomarse ese tipo de licencias. En efecto, lo que m√°s sorprende acerca de Alexander von Humboldt (Berl√≠n, 1769 ‚Äď 1859) es lo poco que sabemos de √©l; o ,si se prefiere, lo mucho que hemos olvidado de un personaje clave en la configuraci√≥n del pensamiento cient√≠fico contempor√°neo. La reciente publicaci√≥n de La invenci√≥n de la naturaleza: El Nuevo Mundo de Alexander von Humboldt, de la historiadora brit√°nica Andrea Wulf, viene en parte a hacer justicia sobre este olvido. Y me ha dado una excusa para animarme a escribir sobre uno de mis h√©roes personales.

Rom√°ntico rockstar

Don Alejo ‚ÄĒas√≠ le decimos los amigos‚ÄĒ fue un rom√°ntico, pero uno de los de verdad, de los amigotes de Schieller y Goethe. Fue gracias al romanticismo alem√°n ‚ÄĒy por su intermedio gracias a Kant‚ÄĒ que Humboldt pudo construir una manera de mirar la naturaleza profundamente novedosa y radicalmente distinta a la de sus pares. Reconoc√≠a que para hacer de la naturaleza un objeto cient√≠fico era indispensable observarla, medirla y clasificarla, y se dedicaba con ah√≠nco a aquello. Pero tambi√©n, dir√≠a, hab√≠a que ¬ęsentirla y comprenderla desde la imaginaci√≥n¬Ľ, maravillarse por ella, comprometerse con ella. Al hacerlo, m√°s all√° de incorporar a sus libros pasajes descriptivos de gran belleza literaria (ten√≠a buena pluma Don Alejo), revolucion√≥ para siempre la manera en c√≥mo la ciencia se entendi√≥ a s√≠ misma y entendi√≥ la naturaleza como objeto de estudio.
De yapa, ofrecería a otro de mis héroes personales, Henry David Thoreau, el puente que necesitaba para ser a la vez un poeta y un naturalista de excepción.
Don Alejo fue un humanista, enemigo furioso de la esclavitud o, como la llamaba √©l, ¬ęel gran demonio¬Ľ. Se lo dijo en su cara a los gringos en la Casa Blanca y a los espa√Īoles en sus virreinatos. Se fascin√≥ por la cultura, la lengua y las creencias de los ind√≠genas americanos: pas√≥ meses descifrando el calendario azteca y reconstruy√≥ a partir de un loro parlanch√≠n la lengua de sus antiguos due√Īos, los maipures, desaparecidos en una guerra tribal. De vuelta a Europa promovi√≥ la idea del ind√≠gena y sus sociedades como nobles, complejas y sofisticadas, opuesta a la figura del salvaje en boga en la √©poca. Fue tambi√©n un partidario temprano y entusiasta de la independencia de Am√©rica Latina, amigo cercano e influencia importante en Sim√≥n Bol√≠var y fiel apa√Īador de los nacientes gobiernos. ¬ęEl real descubridor de Am√©rica fue Humboldt¬Ľ, dir√≠a Bol√≠var, ¬ępues su trabajo sirvi√≥ m√°s a nuestro pueblo que todo el realizado por los conquistadores¬Ľ.
Spheniscus humboldti, o Ping√ľino de Humboldt:¬†una de las tantas especies bautizadas en su nombre. De la poblaci√≥n mundial de esta especie, el 80% se encuentra en la III y IV regiones de Chile, en la Reserva Nacional Ping√ľino de Humboldt.
Don Alejo fue un rockstar, una figura mundialmente reconocida y venerada. Un diario franc√©s de la √©poca se refiri√≥ a √©l como ¬ęel hombre m√°s importante despu√©s de Napole√≥n¬Ľ, lo que en la primera mitad del siglo XIX era un piropo, sobre todo si ‚ÄĒcomo era el caso‚ÄĒ Napole√≥n no estaba en el club de¬†fans. Era capaz de hipnotizar a los salones de la √©poca con su erudici√≥n, saltando ininterrumpidamente de un tema a otro y hablando a la velocidad del rayo. Vivi√≥ de la herencia que le dej√≥ su padre, suficientemente cuantiosa para financiar su pasi√≥n: pagar por sus experimentos, viajes, equipamientos, publicaciones y para hacer mecenazgo entre j√≥venes cient√≠ficos promisorios. Algo as√≠ como su Conicyt personal. Por lo dem√°s, s√≥lo un rockstar tiene monta√Īas, parques, glaciares, corrientes marinas, minerales, ciudades, m√°s de 300 plantas y 100 animales nombrados en su honor. Ah, y el Mare Humboldtiamum en la Luna, una cosa poca. En 1869, las celebraciones de su centenario fueron apote√≥sicas, con multitudes en las calles de Par√≠s, Mosc√ļ, Buenos Aires, Melbourne y Ciudad de M√©xico. S√≥lo en el Central Park se reunieron 25 mil personas, 80 mil en Berl√≠n.
Don Alejo fue un enamorado: de los cerros, de los volcanes, de América, de las nuevas teorías de sus pares, del conocimiento libre (habría sido en nuestros días, estoy seguro, un fiero defensor de los open access journals), de los instrumentos de medición, de París (odiaba Berlín, donde le tocó vivir la mayor parte de su vida) y de sus enamorados (sin demasiada estridencia y con poca preocupación por el qué dirán, Don Alejo nunca entró realmente al clóset).

Observar, clasificar, medir y no morir en el intento

Alexander von Humboldt fue, ante todo, un hombre de ciencia. Esa era su religión.
El Sistema de Corriente de Humboldt (que √©l NO bautiz√≥, ojo) que ba√Īa las costas chilenas desde Chilo√© (42¬ļS) hacia el Norte. Un sistema tremendamente heterog√©neo, con un gradiente de temperatura asociado a la latitud, influencia de aguas ant√°rticas (lo que explica por qu√© es tan fr√≠a el agua, por qu√© viven ping√ľinos en ella, etc), influencias hidrol√≥gicas, focos tremendamente productivos... Un gran desaf√≠o para las especies que lo habitan.
Un elemento constitutivo de la ciencia moderna es la capacidad de observar, medir y clasificar cada vez con mayor precisi√≥n. Para hacerlo se necesitan muchas cabezas pensando durante a√Īos para construir teor√≠as, modelos e instrumentos h√≠per sofisticados capaces de producir la evidencia necesaria para hacer avanzar el conocimiento. De ese esfuerzo colectivo y de esa aventura intelectual nacen maravillas que, de cuando en cuando, nos vuelan la cabeza. En 1799, cuando Humboldt inici√≥ el legendario viaje que lo llevar√≠a durante cinco a√Īos de las profundidades Orinoco a las cumbres de los Andes, esto de observar, clasificar y ‚ÄĒsobre todo‚ÄĒ medir, no era cosa f√°cil. En realidad, era un cacho. Porque los instrumentos eran fr√°giles e imprecisos, los recursos limitad√≠simos, no hab√≠a una comunidad de pares a la mano a quien preguntar y los viajes eran una odisea. Pero adem√°s exist√≠a otro peque√Īo inconveniente: se pod√≠a morir en el intento.
Don Alejo no se fij√≥ en gastos y mand√≥ a traer los mejores instrumentos disponibles en ese momento en Europa: term√≥metros, bar√≥metros, telescopios, microscopios, br√ļjulas, sextantes, octantes, electromagnetos, alt√≠metros... 42 de ellos, para ser precisos.
Ahora bien, una cosa es tener los instrumentos y otra cosa es poder usarlos. Y, como buenos naturalistas, Humboldt y su socio de aventuras, el bot√°nico franc√©s Aim√© Bonpland (cuya historia da para otro libro), entend√≠an que para medir y recolectar espec√≠menes era necesario a veces arriesgar el pellejo. Con su caj√≥n de instrumentos a cuestas montar√≠an una canoa para pasar cuatro meses y medio remando 2.700 kil√≥metros por el Orinoco y sus afluentes (ayudados por 4 remeros ind√≠genas contratados: era antiesclavista, pero no iluso), evitando jaguares, cocodrilos y serpientes, deformados por las picaduras, atacados por fiebres s√ļbitas, salvando in extremis de las corrientes y r√°pidos. A veces deb√≠an esperar d√≠as para que se disipara la densa nube de mosquitos que imped√≠a ver el cielo y usar el sextante. Haciendo experimentos sobre galvanismo ‚ÄĒuna teor√≠a popular en aquellos a√Īos‚ÄĒ con la temible Gimnotos electricus del Orinoco (algo as√≠ como el Rolls Royce de las anguilas el√©ctricas) recibir√≠a una descarga que lo tendr√≠a varios d√≠as en la pitilla.
Fascinado por la geolog√≠a, durante su paso por Ecuador emprender√≠a una expedici√≥n que lo hizo subir 5.878 metros del volc√°n Chimborazo, rompiendo el r√©cord mundial de altura hasta la √©poca (le faltaron 300 metros para la cima). Y eso sin el equipamiento adecuado, con mala salud (siempre fue medio √Īecla), sin gu√≠as (lo abandonaron todos a medio camino), zapatos rajados y una mochila cargada de pesados instrumentos para llevar a cabo las mediciones de altura, temperatura y presi√≥n atmosf√©rica m√°s extremas conocidas hasta entonces.

Valió la pena

Aquí la infografía del Chimborazo que hizo Don Alejo. Esta y otras de sus bellas obras están disponibles en el sitio web de la Biblioteca Estatal de Berlín.
Nada lo detuvo, no se muri√≥ y los sacrificios no fueron en vano: a lo largo de su expedici√≥n logr√≥ identificar y corregir un sinn√ļmero de errores en los mapas existentes y probar la existencia y ubicaci√≥n exacta del Casiquiare, un canal natural que un√≠a las cuencas hidrogr√°ficas del Orinoco y el Amazonas. Los hidr√≥grafos de entonces lo consideraban una leyenda imposible: no exist√≠an registros en el mundo de un curso que uniera dos cuencas aut√≥nomas.
La expedición llevaría de vuelta a Europa 6 mil especies de plantas, de las cuales 2 mil eran desconocidas para los botánicos europeos. Eso representaba, para que se haga una idea, 1/3 de las especies conocidas a fines del siglo XVIII.
Sus registros en la cima del Chimborazo le permitir√≠an a√Īos despu√©s al qu√≠mico y f√≠sico Gay Lussac corroborar las propias conseguidas utilizando globos a gran altura, haciendo avanzar en forma importante las ciencias atmosf√©ricas. M√°s destacable aun para mi gusto, producir√≠a varias de las m√°s innovadoras, bellas y brillantes infograf√≠as cient√≠ficas de todos los tiempos. Su gaturgemalde (por supuesto que los alemanes tienen una palabra para decir a la vez ¬ęcaracterizaci√≥n de la naturaleza¬Ľ y ¬ęsentido de unidad¬Ľ) correlaciona vegetaci√≥n, zoolog√≠a, composici√≥n geol√≥gica, altitud, r√©gimen de lluvias y temperatura de una manera impensada hasta ese momento. Es un intento tit√°nico y pionero por explicar visualmente que, en la naturaleza, todo se mezcla con todo.

Una teoría de todo

Si sus aventuras de explorador fue lo que lo convirtió en una celebridad mundial, su capacidad intelectual incomparable lo hizo el punto de referencia para la incipiente comunidad científica de la época.
Las disciplinas cient√≠ficas todav√≠a estaban en pa√Īales en t√©rminos de diferenciaci√≥n, lejos de la hiperespecializaci√≥n necesaria para su desarrollo actual. En pr√°cticamente cada campo de la ciencia moderna, la primera mitad del siglo XIX estaba poblado de ¬ępadres fundadores¬Ľ. El propio Humboldt, de hecho, es considerado el ¬ępadre fundador¬Ľ de la geobot√°nica, es decir, el estudio de la relaci√≥n entre las plantas y la superficie terrestre. Pero m√°s all√° de su especialidad la correspondencia de Humboldt muestra c√≥mo se carteaba de t√ļ a t√ļ ‚ÄĒy pido perd√≥n por el name dropping, pero es inevitable en este caso‚ÄĒ con Alessandro Volta (inventor de la bater√≠a el√©ctrica), Antoine Lavoisier (padre de la qu√≠mica moderna), con el astr√≥nomo Laplace, el matem√°tico Babbage (padre del concepto de computador programable), con Von Liebeg (que descubri√≥ la importancia del nitr√≥geno como nutriente de las plantas), Lyell (uno de los padres de la geolog√≠a moderna), Lamark (quien acu√Ī√≥, cosa poca, el t√©rmino ¬ębiolog√≠a¬Ľ), Georges Cuvier (figura clave de la paleontolog√≠a) y Humphry Davi (padre de la electroqu√≠mica y el primero en aislar, entre otras cosas , el magnesio, el calcio, el sodio y el potasio). Por nombrar algunos.
Pero la gracia de Humboldt no es s√≥lo su capacidad de entender en detalle el trabajo de sus pares. Lo suyo era conectar esas disciplinas, de integrarlas m√°s all√° de lo que sus propios ¬ępadres fundadores¬Ľ pod√≠an ver y llevarlas de la mano a niveles explicativos m√°s avanzados. En la cabeza de Humboldt, entender la naturaleza no consist√≠a en subdividir, diferenciar y clasificar especies y fen√≥menos, sino en reunirlos y entenderlos como un solo cuerpo con su entorno para explicarla en su conjunto. A√Īos despu√©s, uno de sus m√°s entusiastas admiradores, el naturalista alem√°n Ernst Haeckel, le pondr√≠a a esa visi√≥n un nombre pegajoso: ecolog√≠a.
Aqu√≠ las ilustraciones y anotaciones que hizo Humboldt sobre las anguilas que le hicieron cari√Īo en el Orinoco. Tambi√©n las puede encontrar disponibles en la Biblioteca Estatal de Berl√≠n.
Nadie antes, y muy pocos despu√©s, han sido capaces de producir tanto a partir de un cuerpo de evidencias recolectadas apenas en cinco a√Īos en los inicios de una carrera de 60. La exploraci√≥n americana de Humboldt dar√≠a inicio a un sinf√≠n de publicaciones: libros de divulgaci√≥n, relatos de viajes, Atlas, ensayos cient√≠ficos para especialistas y su ambicioso Kosmos, un deliciosamente ilustrado tratado en cinco tomos con que Humboldt echa toda la carne a la parrilla. Esos libros hicieron so√Īar a generaciones completas, despertaron vocaciones, inspiraron ideas y agrandaron el mundo.
Uno de esos libros volver√≠a al nuevo continente en la cabina de un joven pasajero que, de tan mareado, no pod√≠a hacer otra cosa que leer en su camarote. Entre los pocos libros que hab√≠a solicitado especialmente al capit√°n llevar consigo estaba el voluminoso Narrativa personal de su viaje a Am√©rica, con el que Humboldt tanto lo hab√≠a inspirado y empujado a lo que estaba iniciando. El barco se llamaba Beagle, el capit√°n se llamaba Fitz Roy y el joven pasajero, que a√ļn no sab√≠a que cambiar√≠a para siempre la historia de la ciencia, era el mism√≠simo Charles Robert Darwin.

Anexo para √Īo√Īos:

Que otros científicos bauticen especies en tu nombre es habitualmente un honor (que no es el caso de esta polilla). Nuestro amigo Alejo cuenta con una amplia lista para sentirse honrado:
Tricholomopsis humboldtii. Incluso callampas tiene bautizadas en su honor.
Conepatus humboldtii - Zorrillo de Humboldt. Inia geoffrensis humboldtiana - Es una subespecie de delf√≠n del Amazonas o delf√≠n rosado. Histiotus humboldti ‚Äď Murci√©lago de orejas marrones grandes de Humboldt. Spheniscus humboldti - Ping√ľino de Humboldt. Catostomus occidentalis humboldtianus - Pez chupador. Broteas humboldti - Escorpi√≥n venezolano. Eigenmannia humboldtii - Pez el√©ctrico. Pichia humboldtii ‚Äď Levadura. Anthurium humboldtianum - Cala. Tricholomopsis humboldtii ‚Äď Hongo. Mammillaria humboldtii ‚Äď Cactus. Lilium humboldtii - Azucena de Humboldt. Phragmipedium humboldtii - Orqu√≠dea Humboldt. Quercus humboldtii - Roble suramericano. Annona humboldtii - Arbusto neotropical. Utricularia humboldtii - Planta utricularia carn√≠vora. Geranium humboldtii - Geranio. Salix humboldtiana - Sauce llor√≥n suramericano.

Referencias

Helferich, G. Humboldt's Cosmos: Alexander von Humboldt and the Latin American Journey That Changed the Way We See the World. New York: Gotham Books; 2004. 358 p.
Von Humboldt, A. Views of Nature. Chicago: University of Chicago Press; 2014. 344 p.
Wulf A. The invention of nature: Alexander von Humboldt’s new world. First American Edition. New York: Alfred A. Knopf; 2015. 473 p.