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¿Hay evidencias de que la lesbomaternidad o la homoparentalidad sean nocivas para la infancia? (spoiler: NO)

Autor
Categoría
Biología
Políticas Públicas
Fecha de Publicación
2017/08/30
Temas
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Agradecemos los valiosos aportes de Rodrigo Rojas Andrade a este artículo.
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Imagen de portada: «Parents», de Caitlin Childs.
Antes de entrar en materia, queremos contarle que no es la primera vez que en Etilmercurio abordamos la diversidad sexual. Puede revisar otros artículos al respecto acá y acá. Creemos que, desde las herramientas que nos provee la ciencia, podemos aportar a la erradicación de prejuicios contra la diversidad sexual humana (y en otros animales).

Por el amor, brindo por la familia

El lunes 28 de agosto, la presidenta Michelle Bachelet firmó el proyecto de ley sobre matrimonio igualitario, que será enviado al Congreso para su tramitación. El proyecto contempla la adopción y la filiación lesbomaternal y homoparental e incluye la eliminación de la «conducta homosexual» como parte de las razones a argüir para un divorcio culposo; también se elimina el requisito de la diferencia de sexo para validar matrimonios celebrados en el extranjero.
La familia lesbomaternal y homoparental desafía la construcción heteronormativa y el concepto de familia nuclear (padre, madre, hijos e hijas), que se ha erigido en una especie de estándar que, se supone, ha existido desde siempre. Sin embargo, las familias distintas a las heterosexuales biparentales existen desde la época premoderna y se han perpetuado hasta nuestros días.
Se podría decir que la homoparentalidad y la lesbomaternidad son tópicos recientes en la discusión pública, pero la conformación de hogares siempre se ha presentado de maneras diversas y van más allá de la presencia exclusiva y excluyente de un padre y una madre. Pensemos en cuántas personas en Chile y Latinoamérica han sido criadas solo por una madre, solo por el padre, por la madre y algún abuelo o abuela, por una tía o tío, por nombrar algunos ejemplos. Sin ir más lejos, los datos de la encuesta Casen 2011 indican que el 27,4% de los hogares son monoparentales mientras que los hogares biparentales disminuyeron 10 puntos porcentuales en comparación con la encuesta Casen del año 2000 (1).
Los tipos de familia han sido objeto de múltiples debates en las sociedades postindustriales, puesto que siguen siendo consideradas el núcleo principal de la sociedad. Es más: en la Constitución Política de la República de Chile está explícitamente definida de esta manera (Cap. I, Artículo 1º: pueden agradecerle a ya-saben-quién). Con leyes de matrimonio igualitario promulgadas en diversas partes del mundo y con el consecuente debate sobre la adopción (no sobre la zoofilia, señor), surge la duda de un eventual impacto negativo que tendría sobre las niñas y niños el crecer en una familia donde no existan roles de crianza hegemónicamente asociados al género de los padres.
Las opiniones que los sectores más conservadores (esos donde la probabilidad de que tu mamá sea también tu tía no es baja) intentan perpetuar es que, en un entorno distinto al de la familia nuclear, las niñas y niños podrían sufrir problemas emocionales, tener dificultades para desarrollar su identidad de género, tener confusión sobre su orientación sexual, entre otras situaciones. A esto se suma la idea de que la sociedad no respondería bien a este tipo de familia, discriminando y dañando aún más a su descendencia. En suma, la postura de la opinión pública puede estarse abriendo a la existencia del matrimonio entre personas del mismo sexo, pero es más reacia a la idea de la adopción dentro de estas uniones.
Las ciencias biológicas y sociales han establecido que existe una amplia gama de factores que confieren riesgo para el desarrollo físico, psicológico y social saludable de la infancia, y que tienen consecuencias en la adultez. Entre estos factores se encuentra la pobreza, una alimentación deficitaria, el abuso de sustancias por parte de los padres o madres, la violencia doméstica, etcétera. ¿Tiene sentido pensar en que la orientación sexual de los padres o madres puede tener un efecto negativo en la crianza y futura adultez de una persona?

Nicolás está bien con sus dos papás

Partamos diciendo que todas las personas se forman en relación a su realidad biológica y contextual. Nadie sería el mismo de haber nacido en otro contexto familiar, social o económico, así como tampoco seríamos iguales si nuestro padre o madre biológico hubiese sido otra persona.
Dicho esto, el problema que se instala en la opinión pública sobre la lesbomaternidad y la homoparentalidad no apunta a estos factores y consecuencias, sino que potencia la idea de que tener dos papás o dos mamás, en vez de un papá y una mamá, traería problemas para el desarrollo psicológico y sexual en la infancia. Pues bien: los estudios que se han realizado sobre el tema apuntan a que ESO NO OCURRE. Quizás sería conveniente que los candidatos presidenciales o sus asesores revisaran este tipo de evidencia antes de dar declaraciones poco afortunadas (cc @SebastianPiñera @mjossa... Ah, no, ese ya no corre).
Una revisión de 23 estudios realizados entre el año 1978 al año 2000 (2) sobre niños criados por madres lesbianas (20 parejas) y padres homosexuales (3 parejas) determinó que no existe evidencia empírica que muestre diferencias significativas entre los hijos de madres lesbianas con los hijos de parejas de padres heterosexuales en ninguno de los siguientes ítems: ajuste emocional, preferencias sexuales, estigmatización, conducta de género, ajuste conductual, identidad de género o funcionamiento cognitivo. Lea de nuevo la oración anterior con calma y detención.
Luego de intensas discusiones, llegamos a la conclusión de que esta es la única forma de ver la adopción homoparental como algo negativo.
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Los estudios revisados arrojaron resultados sorpresivamente similares a pesar de las diferencias conceptuales y metodológicas. Vale aclarar que existían menos investigaciones sobre parentalidad en parejas conformadas por hombres, por lo que la interpretación de sus conclusiones fueron más cuidadosos.
Resultados similares arrojó el meta análisis realizado por Crowl y otros autores (3) sobre las posibles diferencias en el desarrollo de hijas e hijos de padres del mismo sexo, versus aquellos de parejas de padres heterosexuales. Su conclusión: la lesbomaternidad y la homoparentalidad no afecta significativamente el desarrollo cognitivo, comportamiento de género, identidad de género, ajuste psicológico o preferencias sexuales, en comparación con la heteroparentalidad.
Respecto a las habilidades parentales, la investigación realizada por Bos y otros autores (4), que compara 100 parejas de lesbianas con 100 parejas heterosexuales, determinó que estas últimas no son más competentes que las primeras y que ambas poseen como uno de sus intereses principales el desarrollo de la independencia en sus hijos. Sin embargo, las madres lesbianas sí reportaron mayor presión para demostrar sus competencias parentales, lo que podría atribuirse a factores de discriminación social y no a la configuración familiar en sí misma.
Si continuamos revisando las investigaciones relacionadas con el desarrollo integral de los hijos de familias lesbomaternales, encontramos un artículo publicado en la revista especializada Pediatrics en el año 2010, con datos de un estudio longitudinal nacional de familias lesbianas que comenzó en 1986 (5) y que examina a 154 madres lesbianas que quedaron embarazadas por inseminación artificial. El resultado del seguimiento a los 78 hijos adolescentes, a los 17 años (39 niñas y 39 niños), comparándolos con muestras nacionales de normalización, indicaron que estos tenían altos niveles de desempeño social, escolar-académico y menos comportamiento agresivo en comparación con sus homólogos de la misma edad de familias heterosexuales. No se encontraron diferencias entre los hijos que fueron concebidos por donantes conocidos o anónimos o entre hijos cuyos padres siguen juntos y aquellos cuyas madres se habían separado. El estudio concluye que los adolescentes criados en familias con madres lesbianas desde su nacimiento mostraron un ajuste psicológico saludable.
En el caso de las familias formadas por parejas homosexuales, la situación no es diferente. Por ejemplo, un estudio publicado en Applied Developmental Science (6) evaluó el desarrollo y crianza de niños en familias lesbianas, homosexuales y parejas heterosexuales que habían adoptado un niño o niña. Los resultados en las familias lesbianas y padres gays fueron similares en una variedad de características de crianza a sus contrapartes heterosexuales. Los niños de todos los tipos de familia se desarrollaban de manera similar y sin problemas particulares de conducta.
Durante la última década, más de una veintena de países ha reconocido el matrimonio igualitario y, por tanto, permiten que se casen dos personas del mismo sexo: Argentina, Bélgica, Canadá, Dinamarca, Islandia, Países Bajos, Noruega, Portugal, España, Sudáfrica, Suecia y Estados Unidos son algunos de ellos. No ha habido evidencia de que las niñas y niños de estos países hayan tenido dificultades como resultado de estos cambios sociales.
Sobre la base de una revisión exhaustiva de la literatura en relación al desarrollo y la adaptación de los niños cuyos padres son del mismo sexo, la Academia Americana de Pediatría (7) llega a la conclusión de que la seguridad de la crianza y el cuidado permanente de las niñas y niños no tiene relación con el género o la orientación sexual de sus familias. Adicionalmente señalan que el matrimonio igualitario puede ayudar a reducir el estigma social que enfrentan los padres gays o madres lesbianas y su descendencia, mejorando así la estabilidad social, aceptación y apoyo. Además, quienes son criados por madres o padres casados se benefician de la situación social y legal que el matrimonio civil les otorga a sus familias.
Consideremos además que existen también otras opciones para que las parejas de personas del mismo sexo se conviertan en padres y madres sin necesariamente pasar por el proceso de adopción y en consecuencia por el matrimonio, y que existen hoy en día en el país, sin que sean institucionalmente reguladas. Tal es el caso de las personas que tienen hijos biológicos dentro o fuera de un matrimonio (personas que tienen sexo con hombres y con mujeres, o personas que asumieron su orientación sexual en la adultez), así como también vientres de alquiler, inseminación artificial, o la adopción de sólo uno de los padres/madres. De hecho, en la legislación chilena solo los hombres pueden hacer valer los derechos de filiación sobre las niñas y niños a través de la figura legal del «reconocimiento». Esto deja en estado de indefensión legal a muchas niñas y niños (que, por ejemplo, no pueden ser reconocidos como herederos, ser carga en planes de salud...), y por ello el Senado se ha abierto a discutir el derecho de filiación en parejas del mismo sexo.
Las niñas y niños no deben ser privados de la oportunidad de cuidado de la crianza temporal o adopción por parte de estas parejas, con independencia de su orientación sexual. La política pública y apoyo de la comunidad son vitales para el éxito en el desarrollo de la infancia en estas circunstancias.

¡¿Alguien quiere pensar en los niños?!

La discusión legislativa que se viene por el proyecto de ley de matrimonio igualitario y adopción lesbomaternal y homoparental seguramente estará llena de prejuicios, de #sesabe, y argumentos valórico-religiosos. Sin embargo, y más allá de los conflictos basados en las creencias personales, debemos reconocer que las leyes que restringen a las familias diversas terminan afectando y desprotegiendo a los niños y niñas pertenecientes a aquellos grupos familiares. Emblemático resulta a estas alturas el caso de la jueza Karen Atala (que terminó con una condena contra Chile por parte de la Corte Interamericana de Derechos Humanos). ¿Podemos como sociedad jugar con la estabilidad y el desarrollo de la infancia sólo porque elegimos desestimar la evidencia o porque no nos gusta el tipo de familia en la que se crían?
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Aquí una asesora legislativa muy preocupada de exigir su derecho a negar los derechos de las familias distintas a la suya.
Las evidencias científicas vigentes y actuales no observan deterioro ni menoscabo alguno para los niños y niñas que crecen con padres del mismo sexo. Por el contrario, los problemas derivan de estigmatizaciones ajenas a la constitución de estas familias (la falta de un marco legal colabora con la estigmatización y la desprotección). Esto significa que la orientación sexual no puede ser un argumento jurídico para quitar la tuición o para negar una solicitud de adopción: esto ya está siendo reconocido por la institucionalidad chilena, adelantándose a una ley que permita la adopción lesbomaternal y homoparental, sin modificar la ley de adopciones.
Como hemos visto en este artículo, no hay evidencia de que la lesbomaternidad y homoparentalidad afecte negativamente al desarrollo infantil (y algunos estudios hasta reconocen ventajas para el desarrollo infantil en este tipo de familias). Entonces, ¿qué nos queda como argumento para oponernos? ¿Solo nuestras creencias y nuestro prejuicios? ¿Es el hecho de que a ciertas personas no les gusta ver parejas del mismo sexo? Si este es el caso, antes que condenar a ciertas familias o imponer nuestra visión de mundo, recomendaríamos revisar críticamente las propias creencias.
Es probable que nos sorprendamos.
Basado en artículo «La evidencia de la igualdad» publicado en la Revista Qué Pasa el 23 de octubre de 2013.
Agradecemos los valiosos aportes de Rodrigo Rojas Andrade a este artículo.

Referencias

1.
Ministerio de Desarrollo Social (2011). “Mujer y familia. Casen 2011”. Disponible aquí.
2.
Anderssen, N., Amlie, C., & Ytterøy, E. A. (2002). Outcomes for children with lesbian or gay parents. A review of studies from 1978 to 2000. Scandinavian journal of psychology, 43(4), 335-351.
3.
Crowl, A., Ahn, S., & Baker, J. (2008). A meta-analysis of developmental outcomes for children of same-sex and heterosexual parents. Journal of GLBT Family Studies, 4(3), 385-407.
4.
Bos, H. M., Van Balen, F., & Van den Boom, D. C. (2004). Experience of parenthood, couple relationship, social support, and child‐rearing goals in planned lesbian mother families. Journal of Child Psychology and Psychiatry, 45(4), 755-764.
5.
Bos, H., Gartrell, N. (2010). US National Longitudinal Lesbian Family Study: Psychological Adjustment of 17-Year-Old Adolescents. Pediatrics, 126 (1). Disponible aquí.
6.
Farr, R. H., Forssell, S. L., Patterson, C. J. (2010). Parenting and Child Development in Adoptive Families: Does Parental Sexual Orientation Matter? Applied Developmental Science, 14 (3). Disponible aquí.
7.
Perrin, E. C., Siegel, B. S. (2013). Promoting the Well-Being of Children Whose Parents Are Gay or Lesbian. Pediatrics, 131 (4). Disponible aquí.