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El país que estalla cada 40 años

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Fecha de Publicación
2019/10/29
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Agradecimientos a Mariel Ardilla por este post, y a sus gatos que le dieron inspiración y le soplaron algo de bibliografía.
La esperanza de vida de una persona nacida en Chile hoy es de 79,5 años. Eso quiere decir que a esta persona probablemente le toque vivir al menos 5 terremotos y 2 crisis políticas de gran nivel.
Porque, aunque no seamos griegos —quienes creían que la historia es cíclica—, lo cierto es que nuestro país, en términos sociales, es una olla a presión que estalla aproximadamente cada 40 a 45 años.
¿Desde cuándo ocurren estos estallidos? Mucha gente nos recuerda que han pasado 46 años desde 1973 y que las décadas de 1920 y 1930 también fueron una época de gran inestabilidad política coronadas por una terrible crisis económica. Pero el asunto empezó mucho antes. Viajemos a mediados del siglo XIX.

Bajo la bota de Santiago

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1810 a 1860
Si miramos nuestra historia republicana, luego de las guerras de independencia, las primeras crisis sociales y políticas importantes fueron las de 1851 y 1859. Los dos quinquenios de Manuel Montt estuvieron cargados de protesta social por parte de los liberales, los artesanos y las provincias.
Para 1851, los grandes protagonistas fueron Francisco Bilbao, Santiago Arcos y La Sociedad de la Igualdad, una asociación fundada el 14 de abril de 1850 por Bilbao y Arcos que agrupaba a parte de la elite liberal de mediados del siglo XIX y a artesanos. La Sociedad de la Igualdad fue uno de los primeros espacios de convergencia entre ambos grupos (1, 2, 3).
Las primeras asociaciones de artesanos levantaron la voz principalmente por tres motivos: no poder votar, la existencia de las Guardias Cívicas y la falta de resguardo hacia las viudas de los artesanos o de aquellos que sufrieran discapacidad.
Detengámonos un momento en el punto de las Guardias Cívicas, ya que merece un par de líneas. Estas guardias, de origen colonial, estaban constituidas por civiles obligados a cumplir funciones de patrullaje y a servir como una suerte de primer batallón en caso de conflictos internos. Fue durante el decenio de José Joaquín Prieto (1831-1841) —con Diego Portales como principal figura política— que las Guardias Cívicas se regularon y regularizaron sus funciones.
La Constitución de 1833 estableció la obligatoriedad de servir en las Guardias Cívicas y se les asignó un presupuesto permanente. Los milicianos, de entre 14 y 50 años, recibían instrucción militar una vez a la semana y debían costearse su propio uniforme. Sirvieron como brazo de defensa del gobierno de turno, incluso en levantamientos de aquellas asociaciones donde también eran miembros, como la misma Sociedad de la Igualdad. Las Guardias Cívicas estuvieron en servicio activo prácticamente hasta que se instauró el Servicio Militar obligatorio en 1900 (4, 5).
1851 tuvo 2 conflictos importantes: la represión a la Sociedad de la Igualdad en abril y el levantamiento de La Serena y Concepción en septiembre. Ambos conatos los ganó el gobierno centralista. En 1859, a fines del segundo gobierno de Manuel Montt, hubo un nuevo levantamiento —recordemos que entre 1831 y 1871 no hay 4 gobiernos de 10 años (los famosos decenios), sino que hay 4 presidentes con 2 gobiernos cada uno pues estaba permitida la reelección—.
Las provincias fueron esta vez las responsables del levantamiento de 1859. En particular, Copiapó: «Los rebeldes copiapinos, liderados por el joven magnate minero Pedro León Gallo, crearon un ejército y una moneda propia y declararon “roto el pacto social” que los unía con Chile hasta que se realizara una Asamblea Constituyente» (6). Pero las demandas de mayor autonomía para las provincias se vieron frustradas cuando el ejército rebelde fue derrotado en la batalla de Cerro Grande el 29 de abril, en las cercanías de La Serena. Santiago aplastó el último gran levantamiento regional del siglo XIX.

Esa sí que fue guerra

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1850 a 1901
Saltemos en el tiempo a 1891. Tras la Guerra del Pacífico —o Guerra del Salitre, como es estudiada por la historiografía peruana y boliviana—, las arcas fiscales aumentaron considerablemente. No porque el salitre haya pasado a manos del estado chileno, sino porque las otroras salitreras peruanas y bolivianas ahora se encontraban en territorio chileno, así que los impuestos se recaudaban acá.
La avalancha de ingresos le permitió al Estado construir una gran cantidad de infraestructura pública: liceos, hospitales, ferrocarriles, caminos y por cierto, su emblema indiscutido: el viaducto del Malleco. Pero el enriquecimiento no era solo del Estado: también lo hacían quienes invirtieron en salitre y que tenían, a su vez, escaños en el parlamento.
No nos meteremos en la pugna política de la guerra misma. Basta decir que la élite apostada en el Congreso no vio con buenos ojos que el presidente de la época, José Manuel Balmaceda, quisiera estatizar el salitre e invitara a los espacios de poder a siúticos nuevos, fuera de “La fronda”. La tozudez de ambos bandos llevaron a que en 1891 el Congreso y la Armada se enfrentaran al presidente y el Ejército (7).
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Inauguración del viaducto del Malleco, 25 de octubre de 1890.
La Guerra Civil de 1891 terminó con dos congresos sesionando en paralelo y con un presidente derrotado: «Balmaceda reconoció su derrota y dimitió de su cargo el 29 de agosto de 1891, entregando el mando del país al general Manuel Baquedano. Ese mismo día se dio comienzo a un violento saqueo a las residencias de destacados balmacedistas, en la ciudad de Santiago y otras ciudades»” (8). Balmaceda se suicidó el 19 de septiembre de 1891, un día después del fin constitucional de su mandato (9, 10, 11).

#NoEsLaForma

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1890 a 1933
La Guerra Civil de 1891 trajo a la palestra nuevos actores sociales y nuevas demandas. Las Mutuales, pioneras en la asociatividad de los trabajadores, abrieron el camino para la aparición de las Sociedades de Socorros Mutuos, las Filarmónicas y Mancomunales, antecedente directo de los sindicatos. Los trabajadores ya organizados se levantaron de manera masiva en la Huelga General de 1890 y de ahí en más las huelgas se fueron sucediendo, en particular entre 1903 y 1916 (12). Los gobiernos de la época, probablemente diciendo #NoEsLaForma, reprimieron violentamente las manifestaciones. El hecho más sangriento fue la recordada matanza de la escuela de Santa María de Iquique, en 1907.
La bonanza salitrera puso en evidencia las dos caras de una moneda bastante desigual. Mientras la élite festinaba en sus palacetes al son de la música y la estética de la Belle Époque, la mayor parte de la población a duras penas sobrevivía a la llamada Cuestión Social. Conventillos, hacinamiento, enfermedades, alcoholismo y prostitución infantil son solo algunos de los padecimientos de los más pobres. Mientras más rico era el Estado y la élite, más pobres eran los pobres.
Entre ambos mundos, se asomaba una clase media emergente, la que estaba constituida por migrantes traídos por el Estado y sus descendientes, profesionales, funcionarios públicos y militares educados tras la reforma del ejército impulsada desde 1892 bajo el brío prusiano. El crecimiento de esta nueva clase aportó con nuevos ingredientes para un nuevo estallido de la olla a presión.
A todo lo anterior, sumemos la llamada Crisis del Centenario: en medio de las celebraciones de los primeros 100 años vida independiente, un grupo de intelectuales —entre los que había escritores, profesores, políticos, abogados y médicos—, cuestionaron severamente la opulencia del Estado. Para este grupo, el «parlamentarismo a la chilena» había enfrentado el problema de la Cuestión Social con precariedad, ya que la caridad enarbolada por el Partido Conservador y la Iglesia Chilena no tenía como objetivo hacer mejoras sociales, sino paliar culpas personales.
La llegada de Arturo Alessandri a la presidencia trajo las promesas y esperanzas de una serie de reformas sociales. Al son del «Cielito lindo», el León de Tarapacá se propuso aliviar las condiciones de los más pobres a fin de levantar y mejorar la «raza chilena». Poco de eso pudo hacer. El Congreso ponía freno a cada reforma, dilatándola con eternas discusiones parlamentarias.
Eso, hasta el 3 de septiembre de 1924. Ese día un grupo de oficiales militares jóvenes, encabezados por Carlos Ibáñez del Campo, irrumpieron en el Congreso donde se discutía la instauración de la dieta parlamentaria, proyecto que, como es de suponer, no tardaron en aprobar, a diferencia de una serie de leyes sociales y militares que tenían como objetivo mejorar la situación del ejército y de sus integrantes. “Hacia fines de 1923, el Ejecutivo había enviado al Congreso una serie de proyectos de carácter militar: proyecto de código penal militar; reorganización del Ejército; Comando único (con amplias atribuciones para el Inspector General del Ejército); aumento de sueldos; ley de retiro; ley de ascensos”.
El Ministro de Guerra, Gaspar Moya, los quiso expulsar (posiblemente diciéndoles también #NoEsLaForma) sin éxito. Los militares desenvainaron sus sables y los hicieron resonar contra el mármol del piso.
Cinco días después, entre el 8 y 9 de septiembre, el parlamento aprobó gran parte de las reformas sociales de Alessandri. Así fue como nacieron las leyes de accidentes del trabajo y seguro obrero, se impuso la jornada laboral de ocho horas y la regulación del contrato colectivo, entre otras.
A los oficiales jóvenes se sumaron los «oficiales viejos» —es decir, los formados antes de la reforma de 1892— Luis Altamirano, Francisco Neff y Juan Pablo Bennett. Estos finalmente asumieron el poder el 11 de septiembre de 1924 (sí, algo raro pasa con esa fecha): ese día comenzó una larga crisis que se extendió hasta 1932.
Todo lo que pasó en esos ocho años es un real cachipún de pulpos, así que resulta muy difícil poder explicarlo en poco tiempo. Sería necesario un resumen como el de la serie Years and Years. Pero sí podemos decirles que lo que partió con el «ruido de los sables» en 1924 terminó en julio de 1931 con Carlos Ibáñez del Campo dejando el poder en manos del presidente del senado mientras escapaba a Argentina.

¿Cómo fue posible eso?

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1920 a 1940
Tras el golpe de los «oficiales viejos» del 11 de septiembre de 1924, los oficiales jóvenes que habían iniciado todo el 3 de septiembre fueron marginados del poder. Entonces hicieron lo posible para que Alessandri volviera, lo que se tradujo en un nuevo golpe a inicios de 1925.
Tras el retorno de Alessandri en marzo de 1925, la convivencia con Ibáñez se hizo insostenible y tras la aprobación de la nueva constitución de 1925 terminó renunciando por segunda vez. Se llamó a elecciones y Emiliano Figueroa salió triunfante. Pero Figueroa tuvo que compartir el poder con Ibáñez quien, como Ministro del Interior, le hizo la vida a cuadritos.
El gobierno, la mano de Ibáñez en realidad, «ordenó el arresto domiciliario del presidente de la Corte Suprema, Javier Ángel Figueroa, hermano del presidente de la República. El 7 de abril [de 1927], Emiliano Figueroa pidió un permiso constitucional para alejarse de su cargo durante dos meses, siendo subrogado como vicepresidente por el Ministro del Interior... Carlos Ibáñez. Ese mismo día, este último firmó el decreto que declaró vacante el cargo de ministro de la Corte Suprema que ocupaba Javier Ángel Figueroa. Finalmente, el 4 de mayo [de 1927], Emiliano Figueroa renunció a la Presidencia de la República».
El 22 de mayo de 1927 hubo una nueva elección presidencial (abúrrete, poh, Titi) donde Ibáñez fue candidato único y ganó (no como otros que corren solos y salen segundos).
Ibáñez gobernó hasta julio de 1931 con más tintes de dictadura que de democracia. De la mano del «Congreso Termal» (del que podemos conversar en extenso en otra oportunidad), modernizó el Estado a punta de decretos, con detención y exilio de opositores. Ni su antiguo camarada Marmaduke Grove se salvó: fue dado de baja del ejército y lo mandó relegado a Rapa Nui.
Después de la crisis económica de 1929 y del colapso de 1931, Ibáñez renunció a la presidencia. Dejó el poder en manos de Presidente del Senado, Pedro Opazo Letelier, y escapó a Argentina. 12 muertos y múltiples marchas sellaron su salida.
Como puede ver, el período de 1924 a 1932 está lleno de intrigas, complots y traiciones. Quienes en un momento fueron amigos, al año siguiente podrían estar en veredas opuestas. Pero la cosa tampoco se estabilizó luego de que el General le hiciera caso al hashtag #IbáñezRenuncia: a la crisis de 1931 le siguieron nuevas elecciones, un nuevo golpe, la República Socialista de los 12 días y nuevamente la vuelta al poder de Arturo Alessandri por el período 1932-1938. Esta vez, Alessandri sí pudo terminar su gobierno, no sin antes teñirlo nuevamente de sangre con la matanza del Seguro Obrero el 5 de septiembre de 1938.
De esa crisis nos saltamos a la de 1973, que es historia conocida. Y, que de hecho, sigue siendo historia viva.

Lo estamos pasando muy bien

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1970 a 2018
46 años han transcurrido desde el bombardeo a la Moneda por parte de las Fuerzas Armadas.
Durante ese período, la dictadura reprimió, torturó, secuestró, exilió, exoneró y asesinó a miles de personas en Chile (incluso a algunas fuera de Chile). Las empresas del Estado fueron vendidas a precio de huevo a privados, los pobres fueron relegados a los extremos de las ciudades. El neoliberalismo, el sistema económico propuesto por Milton Friedman e importado por los famosos Chicago Boys, se implantó en Chile a punta de fusil. El individualismo y la idea de que el consumo traería la felicidad empezó a transformar el estilo de vida en Chile. Los Prisioneros lo explican muy bien en esta canción de 1986:
Como puedes ver las vitrinas están llenas de cosas que comprar En sus autos la gente va feliz a trabajar No hay problemas ni necesidad Este lugar es ideal Todos tenemos mucho dinero para gastar Compramos en el Parque Arauco y en el Almac Nada es muy caro si se trata de nuestra Felicidad
Para nuestros lectores más jóvenes: el Almac era uno de los supermercados más pitucos en la década de 1980, algo así como el Jumbo Bilbao de los ‘80. En ese entonces, la idea de tener supermercados en cada barrio, sobre todo en comunas populares, era algo absolutamente impensable.
Cuando llegó la democracia en 1990, más de un 38% de la población vivía bajo la línea de la pobreza y la desigualdad social era aún mayor que hoy. Y, si bien tanto la pobreza como la desigualdad han disminuido mucho estas últimas tres décadas, las personas viven en una precariedad constante: un despido, un problema grave de salud o la jubilación son situaciones que generan un gran impacto socioeconómico en las familias. Incluso alguien que haya tenido una buena situación económica puede caer en la pobreza debido a esos factores.
Sin embargo, en estos casi treinta años, los aspectos fundamentales del sistema social y económico apenas se han tocado (pensiones, salud, educación, privatizaciones, Estado subsidiario) y se ha puesto una atención desmedida en indicadores como el crecimiento macroeconómico y el consumo individual, como si esto bastara para alcanzar el bienestar.
¿Por qué nunca se modificó de forma sustancial el sistema? Resulta difícil determinar los factores más importantes. Se puede decir que durante los primeros 8 años de la llamada «transición», Pinochet estaba con la mirada fija en el Palacio de la Moneda, con los tanques listos para salir a las calles a la primera fruncida de cejas que le hicieran (recordemos «El Boinazo» por los pinocheques). Se puede decir que la Concertación fue cobarde o le acomodaba más pactar y transar. O que en el Congreso la derecha dura —que había participado activamente en la dictadura— mantenía gran fuerza gracias al sistema binominal y los senadores designados. Se puede decir que en la década de 1990 se desarticularon las estructuras que lucharon contra la dictadura.
Puede ser todo eso en conjunto u otros factores no considerados. Lo cierto es que, en 2019, resulta complejo afirmar en qué momento se comenzó a hacer lo indebido o se dejó de hacer lo correcto.

Pero no son 30 pesos, son 30 años

O incluso más si contamos desde la creación de las AFP, de la Constitución de 1980, las isapres, la municipalización de la educación y una serie de medidas que han llevado a gran parte de los chilenos a endeudarse para comer y a muchos a morir esperando atención médica en la salud pública o a organizar bingos y completadas para pagar las millonarias deudas clínicas. Hoy, 46 años después del último golpe de Estado, cumpliendo con los ciclos de la historia de Chile, la olla a presión nuevamente estalló.
El origen de los problemas sociales por los que la ciudadanía se está manifestando no está en el actual gobierno. Pero muchos de sus (aún) ministros colaboraron con la dictadura militar y es innegable que altos funcionarios de esta administración no han hecho sino burlarse del movimiento y profundizar todavía más la brecha entre ricos y pobres.
Todo se inició con un meme llamando a los estudiantes a evadir el pago del metro. Una semana después (a estas alturas, el día de la marmota), Chile estuvo en estado de emergencia casi nacional, con más de 18 muertos, 20 personas desaparecidas, toque de queda en varias ciudades, militares en las calles y protestas hasta en Talca, Las Condes y Lo Barnechea.
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Uno de los memes invitando a la evasión en el metro y que dio origen a uno de los movimientos sociales más grandes de las últimas décadas.
La crisis de 2019 partió como la de 1949 (la llamada «Revolución de la Chaucha») y derivó en la de 1957 («La Batalla de Santiago»). Si sigue escalando a nivel político, ¿terminará acaso como la de 1931?
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La Revolución de la Chaucha, 1949.

Guía rápida de historia para no historiadores

Hitos
1810-1826: Guerras de Independencia
1851: Revolución de 1851 (jornada del 20 de abril y levantamiento de la Serena y Concepción en septiembre)
1859: Revolución de 1859 (Levantamiento regionalista liderado por Copiapó)
1879-1883: Guerra del Pacífico
1891: Guerra Civil de 1891 (Batallas de Concón -21 de agosto- y de Placilla -28 de agosto)
1890: Huelga General (Julio 1890)
1903: Huelga portuaria de Valparaíso (12 y 13 de mayo)
1905: 22 de octubre. Huelga de la carne, Santiago
1906: 6 de febrero. Matanza en la plaza Colón, Antofagasta
1907: 21 de diciembre. Matanza de la Escuela de Santa María de Iquique
1920: 25 de junio. Elección donde ganó Arturo Alessandri Palma
1924: 3 de septiembre: El Ruido de los Sables
8-9 septiembre: aprobación de leyes sociales por parte del congreso
11 de septiembre: Junta militar encabezada por Luis Altamirano, Francisco Neff y Juan Pablo Bennett. Se cerró el Congreso
1925: 23 de enero. Golpe para derrocar a la Junta Militar liderada por Carlos Ibáñez del Campo. En Marzo retornó Alessandri al poder.
8 de septiembre: promulgación de la Constitución Política de la República de Chile
1 de octubre: Segunda renuncia de Alessandri
24 de octubre: Elección presidencial. Ganó Emiliano Figueroa (71,53%) a José Santos Salas (28,47%)
1927: 9 de mayo. Renuncia de Emiliano Figueroa a la presidencia de la república
22 de mayo. Elección de Carlos Ibáñez del Campo como candidato único
1930: 2 de marzo. Elección del “Congreso Termal”
1931: 26 de julio. Renuncia de Carlos Ibáñez del Campo
4 de octubre: Elecciones presidenciales donde ganó Juan Esteban Montero
1932: 4 de junio: La República Socialista
16 de junio: Carlos Dávila se proclama como Presidente Provisional de la República Socialista hasta el 13 de septiembre
30 de octubre: Elecciones presidenciales. Ganó Arturo Alessandri
1949: La Revolución de la chaucha (16 y 17 de agosto)
1957: La Batalla de Santiago (2 y 3 de abril)
1973: Golpe de Estado e inicio de Dictadura Militar (11 de septiembre de 1973)
Gobiernos
República Autoritaria
1831-1841: José Joaquín Prieto
1841-1851: Manuel Bulnes
1851-1861: Manuel Montt
República Liberal
1861-1871: José Joaquín Pérez
1871-1876: Federico Errázuriz Zañartu
1876-1881: Aníbal Pinto
1881-1886: Domingo Santa María
1886-1891: José Manuel Balmaceda
Parlamentarismo
1891-1896: Jorge Montt
1896-1901: Federico Errázuriz Echaurren
1901-1906: Germán Riesco
1906-1910: Pedro Montt
1910-1915: Ramón Barros Luco
1915-1920: Juan Luis Sanfuentes
1920-1924: Arturo Alessandri Palma
1924-1925: Junta Militar de Gobierno (11 de Septiembre a 23 de enero)
1925: Retorno de Alessandri (marzo) /Renuncia de Alessandri (octubre)
1925-1927: Emiliano Figueroa
1927-1931: Dictadura de Carlos Ibáñez del Campo
1931-1932: Juan Esteban Montero
1932: República Socialista (4-16 de junio)
Carlos Dávila, Presidente provisional de la República Socialista (16 junio - 13 de septiembre)
Presidencialismo
1932-1938: Arturo Alessandri Palma (segundo gobierno)
1938-1942: Pedro Aguirre Cerda
1942-1946: Juan Antonio Ríos
1946-1952: Gabriel González Videla
1952-1958: Carlos Ibáñez del Campo
1958-1964: Jorge Alessandri Rodríguez
1964-1970: Eduardo Frei Montalva
1970-1973: Salvador Allende
1973-1990: Dictadura Militar
Concertación
1990-1994:Patricio Aylwin
1994-2000: Eduardo Frei Ruiz-Tagle
2000-2006: Ricardo Lagos
2006-2010: Michelle Bachelet
2010-2014: Sebastián Piñera (primer gobierno)
2014-2018: Michelle Bachelet (segundo gobierno)
2018- (...): Sebastián Piñera (segundo gobierno)

Referencias

1.
Rafael Vial, Manuel Bilbao, Eusebio Lillo. El Amigo del pueblo: año I, número 6 - Memoria Chilena [Internet]. Memoria Chilena: Portal. 1850 [citado 29 de octubre de 2019]. Disponible en: http://www.memoriachilena.gob.cl/602/w3-article-546316.html
2.
Benjamín Vicuña Mackenna. Historia de la jornada del 20 de abril de 1851: una batalla en las calles de Santiago - Memoria Chilena [Internet]. Memoria Chilena: Portal. 1878 [citado 29 de octubre de 2019]. Disponible en: http://www.memoriachilena.gob.cl/602/w3-article-341608.html
3.
Evaristo del Campo, Francisco Angel Ramírez. Motin de San Felipe i Estado de sitio - Memoria Chilena [Internet]. Memoria Chilena: Portal. 1850 [citado 29 de octubre de 2019]. Disponible en: http://www.memoriachilena.gob.cl/602/w3-article-341610.html