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Cuando las met√°foras da√Īan: NO a la ¬ęlucha contra¬Ľ el c√°ncer

Autor
Categoría
medicina
Salud P√ļblica
Medios
comunicación en salud
Fecha de Publicación
2018/02/04
Temas
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En julio de 2017, Maryam Mirzakhani, matem√°tica de 40 a√Īos y la primera mujer en ganar la medalla Fields (uno de los galardones m√°s importantes en el √°rea de las matem√°ticas), falleci√≥ a causa de un c√°ncer de mama.
Adem√°s de destacar su trabajo y su legado, la cobertura de la noticia por los medios utiliz√≥ las cl√°sicas met√°foras que se repiten para estas ocasiones. Se habl√≥ de su ¬ęlucha contra el c√°ncer¬Ľ y de la ¬ęp√©rdida de la batalla¬Ľ despu√©s de 4 a√Īos.
El uso de estos conceptos cuando un personaje p√ļblico enferma o muere por una patolog√≠a oncol√≥gica ya no nos sorprende (como tampoco lo hacen los ¬ęvoraces incendios¬Ľ, los ¬ęespect√°culos dantescos¬Ľ o los ¬ępol√©micos comentarios¬Ľ). Las met√°foras b√©licas que orbitan el c√°ncer (¬ębatalla¬Ľ, ¬ęguerra¬Ľ, ¬ęganadores¬Ľ, ¬ęperdedores¬Ľ, etc.) (1) no son exclusivas del periodismo y no son inocentes. Esto devela la forma que tenemos de hablar sobre el c√°ncer y c√≥mo lo enfrentamos socialmente, reflejado en la creencia generalizada que esta ¬ębatalla¬Ľ se ganar√≠a con una gran dosis de ¬ęfuerza de voluntad¬Ľ.
La batalla por usar frases hechas.
La construcci√≥n de narrativas alrededor de enfermedades que han revestido gran notoriedad o peligro en la historia de la humanidad no es algo nuevo. La lepra, la tuberculosis, el c√°ncer, el VIH-SIDA, entre otras, han sido objeto de toda clase de simbolismos y explicaciones de diversa √≠ndole. Recordemos, por ejemplo, que la Biblia habla de la lepra como un castigo divino o que durante la d√©cada de 1980 y 1990 se asociaba fuertemente el VIH con grupos de diversidad sexual (como si ya no sufrieran suficiente discriminaci√≥n). Estas asociaciones y met√°foras que usamos con las enfermedades producen m√ļltiples consecuencias pol√≠ticas, econ√≥micas, sociales, √©ticas y cl√≠nicas, que frecuentemente desconocemos o minimizamos (2,3).
En todos los idiomas la misma historia.
En el caso del c√°ncer, existe el mito de que se produce por la acci√≥n directa de factores psicol√≥gicos (o psicog√©nesis: recordemos las desafortunadas declaraciones del doctor Ricardo Soto). Seg√ļn esta idea, ser√≠an estos mismos factores (personalidad, manejo emocional, duelos recientes, estr√©s, etc.) los que determinar√≠an el curso de la enfermedad (4-7). Es por ello que la ¬ęlucha contra¬Ľ se presentar√≠a como la ¬ęactitud correcta¬Ľ para afrontar la enfermedad.
El problema es que si empezamos a ver el c√°ncer como un ¬ęenemigo¬Ľ al que hay que ¬ęcombatir¬Ľ, le despojamos su car√°cter de enfermedad y lo vemos como una entidad. Entonces, el proceso entero es visto como una guerra que divide a las personas que la padecen entre ¬ęganadoras¬Ľ y ¬ęperdedoras¬Ľ... Donde las ¬ęperdedoras¬Ľ son las que fallecen (8).
Esto no sería tan grave si se quedara solo al nivel de la metáfora, pero lo cierto es que esta visión afecta la vida diaria de las personas con cáncer: el mandato social es que no deben llorar, no deben tener o expresar miedo, deben pensar siempre positivamente, deben levantarse aun cuando el malestar o la fatiga manden otra cosa, y un largo etcétera.
Muchas personas con c√°ncer viven el d√≠a a d√≠a reprimiendo emociones constitutivas del proceso de adaptaci√≥n a la enfermedad y sus tratamientos. Las lleva a atemorizarse, a instalar la culpa por ¬ęhaberse provocado¬Ľ la enfermedad y por no poder sostener en el tiempo y de manera infalible la ¬ębuena actitud¬Ľ. Entonces se a√≠slan emocionalmente porque temen revelar ¬ęla verdad¬Ľ de su tristeza y temor, y con ello decepcionar o preocupar a familiares y equipos tratantes (9, 10). Los miembros del c√≠rculo familiar tambi√©n caen en este juego y ocultan sus emociones por el riesgo de ¬ędeprimir¬Ľ a la persona afectada y con ello facilitar el avance de la enfermedad (lo que se alimenta del mismo mito) (14).
Desafortunadamente, son muchos los y las profesionales de la salud que utilizan este lenguaje. La ¬ęlucha¬Ľ se ha constituido en la forma de hablar el c√°ncer, aun cuando conozcan la evidencia que contradice sus supuestos (10). Esta perspectiva est√° tan generalizada que incluso las campa√Īas de salud del Ministerio de Salud asumen este lenguaje como propio (11).
No: el c√°ncer no es un ¬ęenemigo¬Ľ que puede ser ¬ęderrotado¬Ľ a trav√©s de una actitud determinada.
El asunto se vuelve aun m√°s complejo cuando usamos este lenguaje al afrontar el c√°ncer infantil. No es raro que los padres y el entorno familiar busquen explicaciones psicol√≥gicas o metaf√≠sicas a la enfermedad: conflictos familiares, una ¬ęlecci√≥n que debe ser aprendida¬Ľ. La realidad es mucho m√°s simple y, a la vez, dif√≠cil de afrontar: salvo excepciones (como el cigarrillo, la radiaci√≥n, algunos virus u otras), no hay razones claras para la aparici√≥n de un c√°ncer.
Pero, ¬Ņc√≥mo surgi√≥ esta met√°fora? ¬ŅSe le ocurri√≥ a alguien del √°rea de la medicina o la psicolog√≠a? Pues no. Fue idea de un pol√≠tico. De Richard Nixon, para ser m√°s espec√≠ficos (!).

De la guerra contra el comunismo a la guerra contra el c√°ncer

Aunque hay personas que hablaban del c√°ncer con conceptos militares en la historia temprana de la enfermedad (12), fue el Presidente de los Estados Unidos Richard Nixon quien populariz√≥ la ¬ęguerra contra el c√°ncer¬Ľ. En 1971, Nixon firm√≥ el Acta Nacional del C√°ncer (13) para darle un impulso econ√≥mico a la investigaci√≥n y tratamiento de la enfermedad. Nixon ten√≠a cierta predilecci√≥n por las met√°foras b√©licas en la comunicaci√≥n de sus iniciativas sociales; a esto se sumaba una popularidad en baja luego de la guerra de Vietnam, por lo que resultaba atractivo destacar un enemigo com√ļn frente al que unir a la poblaci√≥n: el c√°ncer.
Afortunadamente para Nixon, el Watergate permitió olvidar este escándalo.
El concepto tuvo tal nivel de √©xito que 40 a√Īos despu√©s buena parte de los medios de comunicaci√≥n y las mismas personas asumen este lenguaje como propio. Y no es raro: sentir que se ¬ępelea contra¬Ľ devuelve en ¬ęalgo¬Ľ la sensaci√≥n de control y poder del ser humano sobre su destino. Alimenta la falsa esperanza de que podemos dominar una enfermedad que nos contin√ļa pareciendo misteriosa, atemorizante e inmanejable. A nadie le gusta tomar conciencia de la vulnerabilidad de la biolog√≠a de nuestros cuerpos y la fragilidad de la vida, menos cuando se trata de un ni√Īo o ni√Īa.
Sin embargo, estos aspectos son parte esencial de la naturaleza humana. Somos frágiles. La vida es solo un momento en la historia de la humanidad (para qué decir en la historia del universo). No podemos negar nuestra biología. Pero, afortunadamente, la ciencia cada día va desarrollando nuevas formas de tratar esta enfermedad para prolongar y mejorar la calidad de vida.
Por eso, queremos dejar en claro que no da lo mismo el lenguaje que usemos para referirnos a una enfermedad. No da lo mismo la proliferación de ideas sin evidencia que responsabilizan a los pacientes (y de paso le quita responsabilidad a actores como el Estado, que debe garantizar el acceso oportuno a tratamientos efectivos). No da lo mismo que se utilice la televisión abierta para promover pseudoterapias, poniendo en riesgo de la salud física y mental de la población.
As√≠ como muchas otras patolog√≠as, el c√°ncer requiere un abordaje que d√© autonom√≠a real a las personas que padecen la enfermedad. Pero no es posible el ejercicio de la autonom√≠a en salud si no garantizamos el acceso a informaci√≥n correcta, relevante, efectiva y basada en la evidencia cient√≠Ô¨Āca.

Referencias

1.
Rojas Miranda, D., & Fern√°ndez Gonz√°lez, L. (2015). ¬Ņ Contra qu√© se lucha cuando se lucha? Implicancias cl√≠nicas de la met√°fora b√©lica en oncolog√≠a. Revista m√©dica de Chile, 143(3), 352-357.
2.
Sontag, S. (2001). Illness as metaphor and AIDS and its metaphors. Macmillan.
3.
Fuks, A., Kreiswirth, M., Boudreau, D., & Sparks, T. (2011). Narratives, metaphors, and the clinical relationship. Genre, 44(3), 301-313.
4.
Middleton J. (1996) Yo (no) quiero tener cáncer. 1ª ed. Santiago: Grijalbo Mondadori.
5.
Fife, A., Beasley, P. J., & Fertig, D. L. (1996). Psychoneuroimmunology and cancer: historical perspectives and current research. Advances in neuroimmunology, 6(2), 179-190.
6.
Spiegel, D. (2001). Mind matters: Coping and cancer progression. Journal of psychosomatic research, 50(5), 287-290.
7.
Reiche, E. M. V., Nunes, S. O. V., & Morimoto, H. K. (2004). Stress, depression, the immune system, and cancer. The Lancet Oncology, 5(10), 617-625.
8.
Rojas, D. (2016). Las campa√Īas de salud y la perpetuaci√≥n de la ‚Äúlucha contra el c√°ncer‚ÄĚ. Bio√©tica Complutense, 27, 53-58.
9.
Watson, M., Haviland, J., Davidson, J., & Bliss, J. (2000). Fighting spirit in patients with cancer. The Lancet, 355(9206), 848.
10.
Byrne, A., Ellershaw, J., Holcombe, C., & Salmon, P. (2002). Patients‚Äô experience of cancer: evidence of the role of ‚Äėfighting‚Äôin collusive clinical communication. Patient education and counseling, 48(1), 15-21.
11.
Ministerio de Salud de Chile (2013). Normativa gr√°fica para el uso de las advertencias en envases de cigarrillos y de otros productos hechos con tabaco. Recuperado de: http://www.dejaloahora.cl/wp-content/uploads/2015/04/ManualAdvertenciasTabaco20142015.pdf
12.
Fuks, A. (2009). The military metaphors of modern medicine. The meaning management challenge, 124, 57-68.
13.
National Cancer Institute. Office of Government and Congressional Relations: Legislative History. National Cancer Act of 1971. Recuperado de: http://www.cancer.gov/about-nci/legislative/history/national-cancer-act-1971
14.
Ahn, H. K., Bae, J. H., Ahn, H. Y., & Hwang, I. C. (2016). Risk of cancer among patients with depressive disorder: a meta‚Äźanalysis and implications. Psycho‚ÄźOncology, 25(12), 1393-1399.